La migración de latinoamericanos hacia los Estados Unidos: un problema que está en eclosión

Los gobiernos de Latinoamérica expulsan a sus pobladores  por sus precarias políticas sociales y económicas

 

Las autoridades empiezan a encender las alarmas. La migración de latinoamericanos hacia los Estados Unidos crece de manera exponencial. Han aumentado las noticias de personas muertas por asfixia o inanición dentro de vehículos utilizados en la migración. Miles de migrantes de diferentes nacionalidades están cruzando la frontera entre México y Estados Unidos mientras usted lee estas líneas. Colombianos, venezolanos, cubanos, guatemaltecos, ecuatorianos, haitianos, peruanos, huyen de sus países. 

 

Esta problemática plantea un desafío para toda la sociedad. Las preguntas sobre este fenómeno no son pocas, pero las respuestas sobre las causas de la migración remiten casi siempre a la pobreza y violencia que atraviesan los territorios latinoamericanos. 

 

Las estadísticas actualizadas la noche del pasado lunes por el Departamento de Seguridad Nacional han puesto sobre la mesa un panorama preocupante sobre la estampida hacia EE.UU., particularmente por la franja fronteriza de México: 78,903 cubanos y 40.000 colombianos han arribado por puntos de la frontera sur en los primeros seis meses del año fiscal 2022 (FY22).

Las rutas y el negocio: La migración de latinoamericanos

 

Los migrantes utilizan diferentes vías para su huída. El tapón del Darién es una de ellas aunque es tan solo una primera estación antes de llegar a México. Algunos ‘privilegiados’ llegan directo al país manito y de ahí a EEUU. Hoy, por ejemplo, se conocieron las noticias del rescate (o detención) de 99 cubanos en Coahuila por un lado y 330 migrantes de diferentes nacionalidades en la autopista Puebla-Orizaba por otro. 

 

Este es un negocio explotado por las mafias que acaparan el mercado. Es casi imposible moverse por las zonas de frontera sin su permiso y pago de su ‘tajada’ económica. La industria es movida por los denominados ‘polleros’, ‘coyotes’, ‘pateros’ y ‘padrotes’. Estos personajes ya son ampliamente reconocidos en el imaginario latinoamericano. Básicamente son agentes de movilidad. Esto es, quienes se encargan de ayudar a los migrantes a cruzar las fronteras, aunque no desinteresadamente. 

 

“El coyote, en la región indígena náhuatl de la Huasteca hidalguense es un intermediario, sea indígena o no, sinónimo de poder económico y político, pero también de explotación y abuso. En este mismo sentido, un coyote, en materia de migración ilegal, es una persona o actor social del que hay que desconfiar, o incluso al que hay que despreciar. El pollero, término utilizado como sinónimo del anterior, es aquel individuo que lleva a los migrantes o “pollos” avanzando en fila detrás de él, al internarse clandestinamente por los senderos que los conducirán al destino final. A su vez, se le denomina patero en la frontera con Texas, cerca del río Bravo, por cruzar a los indocumentados a través del agua y no por tierra como lo hacen los polleros (Meneses, 2005). Y finalmente, los enganchadores o también llamados padrotes son quienes se encargan de buscar y “enganchar” a los indocumentados para llevarlos con los polleros (Agence France Presse, 2005)”.

 

Todos estos personajes tienen una función específica y obtienen alguna ganancia en este negocio que muchas veces lleva a la muerte. Aún así, con todos los peligros implicados y conocidos, miles de personas prefieren tomar el riesgo antes de seguir luchando por su existencia en su país de origen. 

Milenio

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