La Importancia de Arrojar las Cenizas al Viento

Muy alejados estaban los egipcios de considerar la muerte un estado de ausencia tenebrosa en vez de eso, acercaba al individuo a dimensiones especiales de vida. Había un contenido de satisfacción que mitigaba la tristeza, cuando los cuerpos embalsamados se engalanaban de oro y lapislázuli, para que el alma de su ser amado tomara el barco hasta llegar a la región de los muertos.

(Photo by: Andia/Universal Images Group via Getty Images)



El Shabbat 



Por Casandro Martell


Esa imponente arquitectura egipcia, saturada de símbolos y figuras geométricas, enseña la realidad de un mito fúnebre que sin duda, y a pesar de la burda adaptación hecha por la Iglesia Católica, ha influenciado nuestra tradición y cultura religiosa sobre los muertos.

Muy alejados estaban los egipcios de considerar la muerte un estado de ausencia tenebrosa; en vez de eso, consideraban que acercaba al individuo a dimensiones especiales de vida. Había un contenido de satisfacción que mitigaba la tristeza, cuando los cuerpos embalsamados se engalanaban de oro y lapislázuli, para que el alma de su ser amado tomara el barco hasta llegar a la región de los muertos. Dos fueron las almas más significativas del mito: El Ba, la Fuerza Espiritual que se desprendía del cuerpo al morir la persona y el Ka, la Fuerza Vital que no salía del cuerpo; ambas coexistentes y relacionadas. La una, no podía subsistir sin la otra; por eso embalsamaban el cuerpo, si éste se pudría, desaparecían las dos.

El Catolicismo adoptó el mito, pero adulteró el concepto reduciendo la creencia a  sólo un alma. Conservó la tradición, no de embalsamar, pero sí de arreglar, decorar y meter el cuerpo dentro de una caja para que después, el tiempo poco a poco, se encargara de corromperlo hasta llegar a convertirlo en un polvo blanco y suave. Y así como Osiris porta en su mano el Ank, la llave de la vida que abre la puerta a la región de los muertos, en la cual él es el jefe; Pedro, es el anfitrión dueño de las llaves del cielo Católico, igualmente morada del dios misterioso trinitario.

En las pirámides y las tumbas del: “Valle de los Reyes,” (la Necrópolis del nuevo Egipto) se enterraban los muertos importantes; se construyeron con materiales resistentes, privilegio de Faraones y príncipes ricos. Esto protegía sus cuerpos de los rigores del clima. La discriminación de clases estuvo presente al momento de la muerte; los pobres eran sepultados en la riberas del Nilo, en donde la cíclica y natural inundación anual en la época de lluvias, destruía sus cuerpos impidiendo así, que llegaran a la región de los muertos. Hábitat “sinecuanon” de los poderosos.

Los actuales “Faraones”: Mafiosos, Políticos o Magnates, son privilegiados residentes de nuestros criollos mausoleos privados, que aunque no están engalanados con la majestuosidad de las tumbas Egipcias, sí se encuentran muy alejados del bolsillo de la catalogada: “clase media” y de los contados que han salido de la pobreza absoluta, según los datos reportados por el DANE. Mientras tanto, esta gran masa de ex-vivientes pobres, terminan en los nichos populares o en las fosas comunes donde se fusionan, sin importar el sexo o condición la materia y los fluidos de aquellos: NN, víctimas del crimen nacional, desaparecidos de la “Mano Negra Paramilitar”, la guerrilla y hasta los desahuciados por las EPS.


El poder espiritual llega a ser más peligroso que el temporal, la fe en lo abstracto en lo desconocido, nos atemoriza y doblega


Independiente de si hay un alma que viaja para arriba o para abajo, la muerte es un hecho relevante que sin duda debería ocupar nuestra atención. Los humanos morimos al igual que todo ser viviente que respira. Lo cual, nos obliga a entender que desde el instante mismo del parto, la muerte convive  con nosotros, muy al interior de nuestro proyecto de vida. Si aceptamos las imágenes fantasiosas de las películas atestadas de cuerpos asquerosos en descomposición, convertidos en criaturas monstruosas, nos alejamos de la sublime concepción del mito fúnebre egipcio y de ese misterioso paso espiritual que es parte integral de nuestra vida.

Intentar preparar nuestras emociones, sería de algún modo una garantía para resistir el dolor que se siente cuando uno se enfrenta a la muerte de un ser querido o amado. El gran sufrimiento, muchas veces silencioso o en secreto, provocado por la impotencia de contener la partida de la madre, del padre, o del hijo, nos mueve a buscar consuelo en las ancestrales creencias religiosas. Entonces, en aquel minuto de perturbación emocional, quedamos encadenados a la coacción de nuestra libertad y la explotación,  por quienes manipulan la fe para obtener réditos materiales. El poder espiritual llega a ser más peligroso que el temporal, la fe en lo abstracto en lo desconocido, nos atemoriza y consigue que nos dobleguemos ante los que fungen ser los poseedores del secreto, los dueños de la llave que les permite conectarse con lo desconocido. Los mercaderes de la muerte.

En el hinduismo, la muerte es lo opuesto al nacimiento, no a la vida que reside en el cuerpo inyectado por siete concentraciones de energía llamados Chakras. El segundo de éstos, de color naranja, es el responsable de la creatividad, lo que se conoce con la palabra Innovación. Por tal razón, me atrevería a decir, que la llamada: “Economía Naranja” también apareció hace algún tiempo con el desarrollo y construcción de cementerios privados, multifuncionales, con fosas modulares en la tierra y con hornos de cremación; un método amigable con el medio ambiente que permitió rebajar en algo los costos fúnebres de éste sensible producto para el grueso del público consumidor. Con el estilo Indio del “Emprendimiento Crematorio”, la Iglesia, además de perder la administración de los cementerios, dejó de recibir una buena parte de los ingresos provenientes del alquiler o venta de los  osarios. Todo, debido a la moda inspiradora y poética de buscar en la tranquilidad de un lago, en la profundidad del mar y hasta en la majestuosidad de las montañas, la posibilidad de… “Arrojar al Viento las Cenizas del Ser Amado”. Pero, al contrario de lo que dice la composición de José A Morales, estoy convencido de que en nuestro corazón, no sólo queda el recuerdo, sino su esencia misma hasta el día que también a nuestras cenizas, se las lleve el viento.

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2 pensamientos sobre “La Importancia de Arrojar las Cenizas al Viento

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