La Identidad en el Centro de la Crisis de la COLOMBIA HUMANA

El problema de los partidos políticos en Colombia, es el problema que ha azotado a Colombia desde el principio de los tiempos: la falta de identidad. Es muy difícil conseguir que un grupo se cohesione alrededor de una idea, que cree una estructura alrededor de ella, que construya relatos y mitos que soporten sus cimientos, que presenten tal coherencia interna que a pesar de las presiones externas, no cambien y que, finalmente, estos hagan resonancia en la gente de a pie.

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El Shabbat 



Por: Mauricio A. Nájera


El problema de los partidos políticos en Colombia, es el problema que ha azotado a Colombia desde el principio de los tiempos: la falta de identidad. Es muy difícil conseguir que un grupo se cohesione alrededor de una idea, que cree una estructura alrededor de ella, que construya relatos y mitos que soporten sus cimientos, que presenten tal coherencia interna que a pesar de las presiones externas, no cambien y que, finalmente, estos hagan resonancia en la gente de a pie.

Tal vez por eso, partidos como el centro democrático han triunfado tanto en los últimos años en la política: por muy contrarios que sean sus propuestas y presupuestos al estado de derecho del que tanto nos dignamos en mencionar que pertenecemos, han sabido construir relatos alrededor de poderosos tropos como “el enemigo” o “la unidad”, los cuales nos imbuyen de cierta nostalgia por un concepto tan vaporoso como volátil como el de la identidad nacional. Mientras tanto, los demás partidos navegan y naufragan en el intento de cambiar las estructuras profundas del poder en el país. Uno de los ejemplos más recientes, es la actual crisis de la Colombia humana alrededor de la figura de Hollman Morris y todo lo que representa su caso.

El partido de la Colombia Humana (desde acá, CH), es la representación más reciente del deseo de construir un estado que se acerque a las necesidades de nuestra población, respetando la condición de estado social de derecho y tal vez por ello, se han aglutinado alrededor de él diferentes fuerzas y personajes, en su mayoría, representantes de la anacrónicamente llamada “izquierda”.   Lo primero que hay que entender aquí, es que, por lo general, en estos partidos existe mayor divergencia social, política, ética, cultural, incluso, ideológica que en el resto de partidos políticos, en tanto, amalgamar tantas posiciones distintas bajo una misma idea es una tarea titánica, y en muchas ocasiones, infructuosa. En pos de la diversidad, se sacrifica la cohesión y la idea de identidad.

En la CH, las figuras más prominentes, pasan por Gustavo Petro, Gustavo Bolívar y Hollman Morris, quien fuera gerente del Canal Capital durante la gestión de Petro en la alcaldía de Bogotá.  Sobre la relación del líder natural de este partido y este último, se ha generado todo un alud dentro del partido mismo, generando discordancias, tensiones, e incluso, dimisiones al interior del partido, en tanto se asume que sobre el periodista y exconcejal existe, por lo menos, un manto de duda frente a su relación con su esposa y lo que representa para tantas mujeres acobijadas dentro de la CH.  Petro respaldó la opción de Morris como candidato a la alcaldía de Bogotá por el partido, haciendo caso omiso de las voces al interior de su partido que le pedían lo contrario.  El resquebrajamiento de la CH por este hecho, nos está enseñando una realidad que pocos hemos podido asumir y digerir, los partidos alternativos están signados por esa diversidad ideológica, necesaria, pero que las debilita como alternativas de poder.

Hay personas con mejores posibilidades que quien escribe frente a la comprensión de las constantes caídas y quiebres de los partidos alternativos y las pocas posibilidades que históricamente han tenido de optar por el poder, sin embargo, es perentorio revisar cuáles son los ideales del partido, cuál es la identidad a la que desea apostar, cómo aglutinar a movimientos sociales de tan diversa índole y cómo respetar las posiciones de cada uno de ellos, sin llegar a los quiebres que se han dado y el debilitamiento estructural que eso supone para la construcción de alternativas viables que apunten al fortalecimiento de un estado social de derecho.

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