La historia del médico Víctor Baruk Ballén, quien estuvo al borde de la muerte y regresó para contar sus sueños después de sufrir #Covid_19

Óscar Pastrana, médico y tuitero profesional me envía una historia muy personal, muy viva, llena de matices y reflexiones. No pude evitar llorar,una historia con un final afortunado pero desgarradora y llena de ansiedad.

Víctor Ballén junto a su esposa y sus hijos, en una foto de diciembre pasado. Foto: Archivo particular



 El Shabbat 



Óscar Pastrana, médico y tuitero profesional me envía una historia muy personal, muy viva, llena de matices y reflexiones. No pude evitar llorar,una historia con un final afortunado pero desgarradora y llena de ansiedad. Una historia de esa enfermedad que ya ha cobrado la vida de 339 k, y los más expuestos el personal sanitario, médicos, enfermeras, paramédicos, y todos esos que viven dentro de las unidades médicas. Víctor Ballén, es un cucuteño de 42 años, padre de 2 hijos y esposo. Es un médico pediatra que se contagió de coronavirus, en Pereira, agustiado por su familia llegó a la clínica donde antes era quien servía en primera línea para contener la #Covid_19 a ser un paciente más.

Víctor Baruk Ballén estuvo 13 días en una cama de UCI de la Clínica Rosales en Pereira, la misma institución en la que se vivió uno de los primeros -y peores- focos de contagio en trabajadores de la salud del país. Allí 110 personas, la inmensa mayoría profesionales y colaboradores, resultaron infectados. Y él fue el único que se complicó, a pesar de ser joven y de no tener co-morbilidades.
Su mayor angustia y la de todos los médicos de primera línea es contagiar a sus seres queridos, en este caso dos niños de 11 y 3 años, y por supuesto a esposa. Cosa que se cumplió. El niño de 11 y su esposa también dieron positivo para coronavirus aunque nunca se complicaron. Un parte de alivio en esta triste historia.
Clínica Rosales, en el centro de Pereira.
Foto: Alexis Múnera

Todos los que han seguido de cerca el desarrollo de esta enfermedad saben que los que mas han sufrido son el personal sanitario.

Los profesionales sanitarios contagiados en Italia son al menos 4.824, casi el doble que en China, mientras que los doctores muertos ascienden a 33.

“El 17 de abril,cuando me tomaron la prueba, estaba asintomático. Pero 2 días después empecé con malestar general, un poco d tos, ambos muy leves. Hacia el 23 y 24 de abril comenzó una marcada dificultad respiratoria y el 25 mi esposa me vio tan mal q me exigió irme a la clínica” lo recibió @AnestesiologOp , médico cirujano, intensivista y anestesiólogo. Era la primera vez que lo veía. Una cara nueva en ese centro que, por ser foco de infección, renovó todo el personal.
“Me mandó una tomografía de tórax y al ver los resultados nos dimos cuenta que yo ya no tenía pulmones, estaban completamente destruidos. Por evidencia clínica y radiográfica ya sabíamos que era paciente covid-19 sin que tuviese resultados de la prueba”,relata Víctor. Todo muy mal para él y su familia, las probabilidades de salir de esta eran pocas y él lo sabía.
La charla entre colegas fue fluida y con una carga emocinal la hijueputa. No se encuentran las palabras adecuadas y como dice Óscar Pastrana los médicos en ocasiones saben de enfermedad pero muy podo de salud, no obstante pudo dar lo mejor de sí y así brindarle un poco de apoyo a su colega. Lo peor del caso es que Óscar iba preparado para explicarle a Víctor un cúmulo de procedimientos por hacer y que indicaban su gravedad. “Lo más probable es que se fuera a morir, pero eso no lo podía decir. La escena fue durísima: un colega a punto de ser intubado e ingresado a UCI, con más posibilidades de morir que de vivir me pide que hablemos de la vida. A mí casi se me explota el cerebro, me quedé atónito”, insiste Pastrana.
Esas pruebas que no esperamos y q nos adelanta la vida y sacar algo de ahí.
Para ese instante, confiesa Óscar,ya se sabía q la esposa y el hijo habían dado positivo. La pequeña, a pesar de haber convivido todo el tiempo con ellos,no. “Preferí no decírselo para no angustiarlo más. Solo le prometí que en caso dado yo me encargaría d q los atendieran bien”.
Esta historia tiene un final afortunado como ya dije y ustedes se han dado cuenta, pero no es así para todos, en parte porque así es la vida, así es la muerte, no obstante esta narración nos ayuda a pensar en el personal sanitario que está poniendo su vida al servicio de todos para contener y así salvar a millones de vidas.
La entubación que le fue practicada Víctor es  un procedimiento de altísima complejidad, que solo pueden hacer profesionales especializados, como en este caso es Óscar pues además de anestesiólogo es intensivista, y que implica alto riesgo de contagio para quienes lo practican por la expulsión de aerosoles de los pacientes.
Un día después de este procedimiento que resultó exitoso llegó la prueba del pediatra: positivo para coronavirus. Para ese momento Víctor ya nadaba en sus sueños de muerte.

Hoy, desde su apartamento en Pereira, el pediatra Ballén intenta detallar los recuerdos de aquellos días de ventilación mecánica y de recibir potentes medicamentos que ocasionan el denominado coma inducido.

“No había conciencia en ese momento, si acaso quién era, porque las drogas son tan fuertes que la realidad se vuelve difusa, se olvidan los aparatos y la enfermedad. Solo tenía pesadillas de muerte que duraban horas y hasta días. En ellas me intentaban asesinar y yo corría. Y en los pocos momentos en los que bajaba el efecto de los fármacos pensaba en mis hijos. Y en mi esposa. Y en mis padres”, describe.

Hoy supone que quizás esas pesadillas eran su hígado y su corazón fallando y su cuerpo dando la pelea. A Víctor le dieron hidroxicloroquina y esta le produjo una arritmia cardiaca que llevó a un neumotórax. “Mi pulmón izquierdo se llenó de aire y se reventó”, explica con frialdad médica, así se trate de él mismo.

“En ese momento el intensivista de turno llamó a mi esposa a decirle que estuviera preparada porque el pronóstico era muy malo. Era el día siete de ventilación mecánica, lo máximo que suele estar una persona en ese estado. Luego de eso se es susceptible de hipoxia cerebral, falla renal y otros riesgos de complicaciones”, narra.

Y ahí es donde aparece otro ángel, la intensivista Claudia Cardona, quien acababa de llegar de Cali a reforzar el talento humano de este centro médico.

“Mi cuerpo dio la pelea y mis colegas hicieron lo suyo. Tras 12 días lograron compensar mi sistema y me suspendieron medicamentos para salir del coma inducido. Fue el primer momento en el que se alejaron las pesadillas y cuando me di cuenta de qué tan mal estaba”, revive el pediatra.

Ahora, sereno, desde su casa, resume que por protocolo médico estuvo a punto de pasar por traqueostomía (un tubo por el cuello), por gastrostomía (una sonda al estómago para poder alimentarlo) y de que todas sus funciones vitales dependieran de las máquinas.

Recuerda también que al despertar de ese encierro corporal no encontró a su nuevo amigo Óscar, aquel a quien prometió contarle sus sueños.

Víctor Baruk Ballén pediatra que se salvó gracias a la ayuda de esos ángeles que lo cuidaron para que pueda seguir acá con su familias y brindando su trabajo. La historia completa la encuentra en: ¿Qué soñó un pediatra al borde de la muerte por covid-19?
Una imagen de Víctor durante su tiempo en UCI. Foto: Archivo particular

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