La cebolla ocañera se extingue a causa del contrabando y la inoperancia del Estado 

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El Shabbat



Por Alexander Quiñones-Moncaleano


La cebolla ocañera ya tiene acta de defunción


Si seguimos el fenómeno que está experimentando el cultivo de cebolla roja ocañera parece que la situación no tiene reversa y que se avecina su desaparición de las mesas de los hogares colombianos. Las alarmas se prendieron por allá en el año de 2015 cuando diarios de la región del Catatumbo y de Norte de Santander y sur del Cesar empezaron a hablar de la llegada de la cebolla peruana como competencia a este cultivo centenario de la región.

El diario La Opinión de Cúcuta le ha hecho seguimiento a este fenómeno y ha tenido publicaciones sobre el tema desde 2015; más adelante, un diario de circulación nacional empezó a hacerlo también y se registran publicaciones desde el 2016. Son varios los sectores que piden que se proteja este producto y esta labor, que es el sustento de más de siete mil familias de la región del Catatumbo, Sur del Cesar y la Provincia de Ocaña. Pero, al parecer, nada quiere hacer el Estado, aunque se hayan presentado proyectos para proteger este producto y a las familias que dependen de su cultivo.

La cebolla ocañera, su cultivo y su arraigo en la mesa de los ocañeros y, desde ahí, en la de los colombianos, data de 1884 como lo deja sentado en sus libros Luis Eduardo Páez, de la Academia de Historia Municipal. Los ocañeros se resisten a perder esta tradición; no obstante, todo apunta a que ya la suerte está echada y el duelo lo ganó la cebolla peruana. Las cifras dan cuenta de ello: en la primera década del 2000 en la región del Catatumbo, Sur del Cesar y la Provincia de Ocaña, se llegaban a cultivar hasta 5000 hectáreas dos veces al año, según registra la Asociación de Municipios de la Provincia de Ocaña, el Catatumbo y Sur del Cesar (Asomunicipios); hoy ya no se cultivan ni siquiera 1000 hectáreas en la región.

Una carga de cebolla ocañera (2 bultos de 125 kilos, cada una) cuesta $ 100.000 y la peruana llega al país por $25.000. Los cultivadores dicen que no se explican cómo hacen para que esto suceda así, pues ellos para no tener pérdidas, sin ni siquiera pensar en ganancias deben vender la carga a $ 1oo.000; y aunque han optado por utilizar la misma variedad que se cultiva en el Perú, no les da para cubrir los gastos. Se ha llegado  a especular que este fenómeno hace parte del lavado de activos. Una carga de cebolla ocañera muy bien paga puede llegara a costar entre 280.000 y 300.000 pesos, pero cuando esto llega a suceder, el mercado se inunda de cebolla peruana y hasta ahí llega el negocio.

Los cultivadores piden a gritos que el gobierno les de subsidios, pero el gobierno hasta el momento no ha escuchado su voz y va a dejar morir este rasgo cultural de los ocañeros. Como sabemos,  la agricultura de la Unión Europea se mantiene a flote gracias a inyecciones estatales generosas.

Hoy todos los días vemos en redes sociales vídeos donde los cultivadores de la región del Catatumbo, Sur del Cesar y la Provincia de Ocaña muestran cómo botan a la basura su otrora valioso producto, ante la mirada cómplice de un Estado inoperante que no quiere interceder por más que miles de familias pidan a gritos que no los dejen solos ante esta situación que los condena a la miseria.

Los campesinos reclaman al gobierno nacional por la llegada de cebolla roja de Perú, debido a que sus cultivos se han visto afectados y la crisis económica es cada vez más grande. Foto Cortesía

 

Los cultivadores ocañeros optaron por cambiar sabor y variedad para favorecer la relación precio/beneficio: el cultivo de cebolla ocañera fue cambiado por el peruano. Esta decisión de nuestros productores se produjo porque, como es de suponerse, el rendimiento de la semilla del vecino país es mejor que el de la local. Mientras que una hectárea de tierra sembrada con semilla de  cebolla ocañera produce 200 bultos, en ese mismo espacio la semilla peruana puede dejar hasta 600 bultos. Según los labriegos, un kilo de semilla peruana regada puede estar dando 260 bultos. Con todo esto, pensaron los cultivadores que tendrían ganancias; no obstante, no fue así, puesto que al tiempo que se produce en Ocaña cebolla peruana, ésta sigue llegando en grandes cantidades a competir con la sembrada por los productores de la región. Esto implica que el precio de la carga caiga de manera escandalosa.

Hasta que el Estado no haga una fuerte intervención podemos decir que la cebolla roja ocañera tiene acta de defunción y que la tradición se irá al garete.

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