Jean Paul Sartre contra Albert Camus

Albert Camus era un ‘pies negros’ argelino, apuesto y de ‘cool’ innato. Jean Paul Sartre, por el contrario, era parisino, burgués y feo como el teleñeco Gonzo tras meter la cabeza en un avispero. También era corto de estatura y despedía un perfume azorrunado. Los dos eran escritores existencialistas. La sociedad acudió a Camus y Sartre en busca de respuestas, y ellos respondieron con libros más sombríos que una cara B de Sisters of Mercy. Camus diría que el único dilema filosófico serio era el suicidio, y era el optimista de la pareja. 

Camus (izquierda) y Sartre. / ARCHIVO

Por Kiko Amat

En que dos escritores existencialistas franceses empiezan a reñir por un asunto de cuernos pero le echan la culpa a un dictador genocida ruso

Camus (izquierda) y Sartre. / ARCHIVO

Albert Camus era un ‘pies negros’ argelino, apuesto y de ‘cool’ innato. Jean Paul Sartre, por el contrario, era parisino, burgués y feo como el teleñeco Gonzo tras meter la cabeza en un avispero. También era corto de estatura y despedía un perfume azorrunado. Los dos eran escritores existencialistas. La sociedad acudió a Camus y Sartre en busca de respuestas, y ellos respondieron con libros más sombríos que una cara B de Sisters of Mercy. Camus diría que el único dilema filosófico serio era el suicidio, y era el optimista de la pareja.

Los problemas surgieron cuando empezaron a reseñarse el uno al otro. Camus dijo que ‘La Náusea’ no era “una obra de arte”. Sartre, aún subido al guindo, comparó al autor de ‘El extranjero’ con Hemingway. A modo de respuesta, el borde Camus le calificó de “ese escritor de hoy en día”. Lo que hizo Sartre, llegado ese punto, fue tirarse un pedo en la cara de Camus. En realidad me he inventado esto, pero habría estado bien. No, Camus y Sartre solo airearon sus trapos inmundos en público, como ‘frenemies’ en Twitter. Sartre: “Puede que haya sido usted pobre. Pero ya no lo es. Usted es un burgués como Jeanson y como yo. (…) ¿Y si su libro solo fuera testimonio de su incompetencia filosófica?”. Y así todo el rato, mientras el mundo entero, mirando ora al uno y ora al otro, como en el Open de Australia, soltaba chilliditos de “zasca” y “ahí le has dao”.

Bajo aquel combate filosófico crepitaba la ira del cornudo. Hubo cruz de navajas (existencialista) por una mujer: Wanda Kosakiewicz, actriz debutante y hermana de una pupila de Madame Sartre (Simone de Beauvoir). Jean Paul, que las mataba hablando (las mujeres perdían la voluntad tras recibir el impacto de su halitosis miasmática), no cesó de acosar a Wanda hasta que ella accedió a la horizontalidad (el acto la asqueó tanto que a la mañana siguiente dijo que “odiaba” a Sartre). Siguió un trío amoroso Wanda-Simone-Jean Paul, tan inexplicable como desagradable de visualizar, que terminó cuando Camus asomó su bogartiana faz por la puerta.

Sartre y Camus, abochornados por el rifirrafe, disfrazaron sus celos de pelotera política. Camus condenó los gulags en ‘El hombre rebelde’ (1951) y proclamó que escogía “la libertad”. Sartre, que ejerció de estalinista ‘hardcore’ hasta que el primer tanque soviético pisole un juanete en Budapest, le retiró la palabra. Camus murió en 1960. Sartre lo hizo en 1980, dos décadas más tarde, durante las cuales lloró a menudo por el fin del ‘bromance’ con Camus, de quien dijo “fue mi último buen amigo” y (sucumbiendo a la apoplejía) “oh, cómo te quería”.

 

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