Israel Keyes, el asesino en serie, que fue atrapado después de una década por usar la tarjeta de crédito de su última víctima

Se cree que el asesino en serie estadounidense Israel Keyes asesinó al menos a 11 personas antes de su arresto en 2012.

¿Quién era Israel Keyes?

Israel Keyes era un asesino en serie estadounidense que normalmente viajaba a diferentes lugares y seleccionaba víctimas de oportunidad, en lugar de tener un tipo de víctima preferido y establecido. Para financiar sus acciones, robó bancos y robó casas. Fue arrestado en marzo de 2012. Mientras estaba bajo custodia, Keyes dijo que había matado a “menos de una docena” de personas, aunque solo tres de sus víctimas fueron identificadas definitivamente. Su suicidio en diciembre de 2012 dejó a la policía con más preguntas que respuestas sobre sus crímenes.

Vida temprana

Keyes nació en Cove, Utah, el 7 de enero de 1978. Es el segundo de 10 hijos de Heidi y John Jeffrey Keyes, una pareja que no creía en la interferencia del gobierno, las escuelas públicas o la medicina moderna. Keyes era un niño cuando su familia se fue de Utah a Colville, Washington. Vivieron una existencia aislada en el bosque, donde Keyes creció sin calefacción ni electricidad.

Mientras estaban en Washington, los padres de Keyes dejaron la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y se convirtieron en cristianos fundamentalistas y se unieron a una iglesia supremacista blanca. A fines de la década de 1990, la familia se mudó a Maupin, Oregon. Luego se mudaron por todo el país, instalándose cerca de una comunidad Amish en Maine.

Al crecer, Keyes irrumpió en las casas de los vecinos para robar armas, le encantaba cazar, perseguía “cualquier cosa con un latido del corazón” y torturaba animales, comportamiento que se ha relacionado con la psicopatía. Mientras estaba bajo custodia, el propio Keyes dijo: “Desde que tenía 14 años sabía que … había cosas que … que pensaba que eran normales y que estaban bien y que nadie más parecía pensar que eran normales y estaban bien”.

Después de que un adolescente Keyes le dijera a su familia que ya no compartía su fe, su padre cortó los lazos, aunque permaneció cerca de su madre.

Servicio militar

En julio de 1998, Keyes se unió al Ejército de Estados Unidos. Le fue bien como soldado, pasando tiempo en Egipto, en Fort Hood en Texas y Fort Lewis en Washington. Después de su baja honorable en julio de 2001, vivió en la reserva de Makah con la madre de su hija.

Keyes recibió un DUI (manejar bajo efectos de alguna sustancia) mientras estaba en el ejército, pero por lo demás no había tenido problemas con la ley.

Métodos de asesinato

Como asesino en serie, Keyes apuntó a las víctimas que se cruzaron en su camino, en lugar de ceñirse a un perfil específico. A menudo esperaba para abordar a la gente en lugares como parques, cementerios o campamentos. “No hay mucho para elegir, por así decirlo”, confesó a la policía sobre sus métodos, “pero tampoco hay testigos, en realidad. No hay nadie más alrededor”.

Keyes también viajó para matar. En 2011 voló a Chicago antes de conducir a Vermont, donde asesinó a Bill y Lorraine Currier. Tenía un historial de viajes que cubría mucho terreno en los Estados Unidos, lo que significa que tenía muchas oportunidades para buscar víctimas. Los viajes al extranjero, como las visitas a Canadá, México y Belice, pueden haber jugado otro papel en la ola de asesinatos de Keyes. Mientras viajaba, Keyes pagaba en efectivo y sacaba la batería de su teléfono celular para disminuir sus posibilidades de ser rastreado.

El asesinato en serie de Keyes incorporó una planificación detallada. Recorrió el país para esconder su ‘kit de asesinato’ que consistía en armas, municiones y productos químicos para la destrucción de cuerpos. Cuando quería matar, Keyes buscaba un escondite.

Keyes estudió el trabajo de los perfiladores del FBI y aprendió sobre asesinos en serie como Ted Bundy. En el libro de Maureen Callahan de 2019 sobre Keyes, American Predator, señaló que le habían colocado una banda gástrica y había visitado una clínica de cirugía plástica en México. Ella especuló que Keyes podría haber estado tratando de convertirse en un mejor asesino: una banda de regazo podría significar que no tendría hambre con tanta frecuencia, y podría haber cambiado sus huellas digitales o eliminado el vello corporal para disminuir las posibilidades de dejar evidencia.

Arresto

Antes de matar a Samantha Koenig, Keyes adquirió su teléfono celular, tarjeta de cajero automático y PIN. Después de tomarse el tiempo para ir en un crucero, Keyes organizó una demanda de rescate con el cadáver de Koenig. Su familia, esperando que Koenig aún estuviera viva, depositó dinero en su cuenta.

Keyes utilizó la tarjeta de cajero automático de Koenig para retirar fondos en Alaska, luego continuó con estas transacciones mientras viajaba por Nuevo México, Arizona y Texas. Disfrazó su apariencia pero una cámara de seguridad grabó una imagen de su auto de alquiler en Arizona. La policía de Texas fue notificada y en marzo de 2012 detuvo a Keyes. Un registro de su automóvil reveló, entre otros elementos incriminatorios, la licencia de Koenig.

Poco antes de ser capturado, Keyes pasó un tiempo con su madre y algunos hermanos (su padre había muerto años antes) en Texas. Durante esta visita una hermana trató de que reconsiderara su ateísmo. Un pastor presente en ese momento dijo que Keyes respondió: “No conoces las profundidades de la oscuridad a las que he ido. No sabes lo que he hecho”.

Los crímenes perpetrados

Hay varias teorías y tan solo pocas víctimas han sido reconocidas como tal. Apenas una docena de ellas. Pero hay muchos analistas que apuntan a que Keyes habría asesinado a muchas más  personas. Es difícil de determinarlo puesto que el serial killer no tenía un tipo de víctima definido sino que era de oportunidad y al azar.

Era el 2 de junio de 2011 y Keyes acababa de aterrizar en Chicago: alquiló un coche, condujo 1.600 kilómetros hasta llegar a Essex, en Vermont, y seleccionó una de las casas más remotas de la zona, las de los Currier. Tras cortar la línea de teléfono y asaltar la vivienda, redujo a Bill y Lorena, los maniató y los llevó a una casa abandonada. Una vez allí, violó y estranguló a la mujer, ejecutó de un tiro al hombre y se deshizo de los cuerpos de tal forma que jamás fueron encontrados.

El matrimonio Currier, víctimas de Israel Keyes FB

El asesinato de los Currier fue probado exclusivamente gracias a la confesión de su responsable porque los investigadores no hallaron evidencia alguna del ataque y posterior homicidio.

Los ocho meses posteriores, Keyes reprodujo el mismo modus operandi utilizando la aleatoriedad, su rápido desplazamiento entre estados y los distintos perfiles de las víctimas para pasar completamente desapercibido. Las autoridades no solo andaban despistadas, sino que jamás creyeron que cada crimen guardaba alguna relación con el anterior.

Sin embargo, el error llegó con el secuestro de Samantha Koening al trasgredir dos de sus reglas básicas: cometer el asesinato en la ciudad donde residía (en Anchorage, Alaska) y dejarse grabar por la cámara de seguridad de un cajero automático al usar la tarjeta de crédito de la víctima.

Eran las ocho de la tarde del 2 de febrero de 2012, y Samantha, de 18 años, se disponía a colocar los últimos artículos del quiosco que regentaba cuando entró un último cliente. El desconocido se dirigió al mostrador, la amenazó con una pistola y la instó a salir y subirse a su coche. De allí la condujo hasta una casa abandonada, próxima al quiosco, donde la maniató y violó durante horas. Finalmente, la asesinó, dejó su cuerpo en dicho lugar y, tras llevarse el móvil y la tarjeta de crédito de la joven, abandonó la ciudad dos semanas para no levantar sospechas.

A su regreso, volvió a la casa e ideó un nuevo plan: pedir un rescate a la familia de Samantha haciéndoles creer que aún seguía viva. Para ello, la fotografió con el periódico de aquel día y pidió 30.000 dólares, una cantidad que entregaron con éxito. Sin embargo, no contento con eso, y mientras dejaba partes del cuerpo de la joven en un lago helado, fue sacando dinero de la tarjeta de crédito de la víctima. Aquello fue su ruina: una de las cámaras del cajero automático captó su imagen y le puso en el disparadero.

El 13 de marzo, una patrulla policial dio el alto a Keyes por exceso de velocidad en Lufkin (Texas) y al inspeccionar su vehículo encontraron algunos objetos extraños: mapas, máscaras, billetes enrollados y el móvil y la tarjeta de crédito de una mujer. Tras las comprobaciones pertinentes, los agentes se percataron de que la identidad de su dueña correspondía a la de una joven secuestrada un mes antes. Además, las imágenes de las cámaras de seguridad del quiosco confirmaron que Samantha no se marchó de motu propio del local, sino que fue amenazada.

Una vez en comisaría, y después de corroborar que Keyes era la misma persona que el hombre que extrajo dinero de la cuenta de Samantha, se procedió a un pintoresco interrogatorio.

“¿A dónde irás, pequeño gusano inteligente, si desangras a tu anfitrión?”, escribía. En su caso, la respuesta es obvia: a la tumba.


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