Opinión

Inmigrantes xenófobos

 Por Néstor Niño


Pareciera que la imagen de Donald Trump extendiera una sombra hostil y pendenciera sobre la faz de la tierra, pero no es Trump, de hecho su lenguaje escueto y sin maquillaje no desentona para nada con el historial de la política exterior de los ; sin duda es la misma sentencia cruel y sin tapujos que ha construido la arquitectura georreferencial de sus gobernantes, y finalmente, es una conducta heredada por los siglos de los siglos del arbitrario modelo dominador. 

Claro que esta sobredosis de franqueza pública, agita y agudiza los históricos problemas geopolíticos y sus disconformidades, estimulando las migraciones y obligando a estas masas sociales a interpretar de manera diferente los aspectos territoriales del mundo.  El diseño amorfo de los mapas del globo, con escasísimas excepciones, demuestra que éstos fueron hechos con las herramientas de la codicia antes que por los instrumentos de la justicia.

¿Qué país que ayer y hoy haya exhibido florecimiento económico, no le debe su situación de beneficio a los países emergentes y pobres? ¿Si desaparecieran Sudamérica y África del horizonte global, colapsarían las economías? ¿De verdad el ideal de las potencias más militares que económicas, es llevar al mundo a un equilibrio socioeconómico y sociopolítico? ¿O será más importante el primario sentimiento de supremacía global? Pues todo parece indicar que seguimos encadenados a nuestros más primarios instintos, que solo fructifican egos y orgullos, infamias e inequidades.

¿Estamos pidiendo disculpas por obedecer? Esta es una gran pregunta al observar, por ejemplo, que el país de la libertad suma argumentos remotos y vigentes, que contradicen su tesis fundacional de territorio símbolo de las libertades. Estamos hablando de una nación de inmigrantes que hoy objeta a sus inmigrantes, ajustándose a la retórica popular de predicación sin aplicación.

Precisemos que los actuales pobladores de EE.UU en su mayoría son descendientes de expatriados sajones, que literalmente usurparon un territorio y lo transformaron a su antojo, lanzando a la basura todo el concepto cosmológico y cultural de los asentamientos humanos que allí se habían desarrollado. Después construyeron los cimientos graníticos de la nación con la sangre, el sudor y el llanto de la esclavitud africana. Acto seguido, en su voracidad geográfica, casi extinguen a México, no sin antes tomar prestado a Panamá, Hawai, Cuba, Puerto Rico y Filipinas

El escritor y poeta inglés Rudyard Kipling, defendiendo la dominación estadounidense, escribió en 1899 su perverso poema “La carga del hombre blanco”. En él decretaba la libre necesidad imperialista de ganar territorio, solo por la inferida supremacía del hombre explorador sobre las deducidas razas inferiores, pero de plano, no era otra cosa que la consolidación del burdel institucional y la orgía armamentista norteamericana, sobrellevando las embriagueces y las resacas del poderío colonialista.  

Ya en el siglo XX, el rostro yanqui nos dejó la mueca y el entrecejo de la discordia, cuando evocamos el fatídico capítulo que lo convirtió en el único país que ha lanzado dos bombas atómicas sobre los inermes de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Después, en su desaforada carrera militarista, se convirtió en el mayor comercializador de armas, el de mayor número de bases militares fuera de su territorio, el mayor consumidor de narcóticos, prostitución, trata de blancas, modernas leyes xenófobas y tantos otros hechos, que han estimulado el caos en el planeta.  

¡Realmente hoy es imposible creer que la estatua de la libertad se posa en el lugar correcto!

Ahora, culpar a los países tercermundistas de los fenómenos de migración, es como denunciar al vecino por los malos olores en su propiedad cuando arrojamos nuestra basura en su vivienda. Es fácil entender, por ejemplo, que las personas que hacen parte del éxodo, solo buscan en los países desarrollados subsanar las necesidades básicas insatisfechas que en sus países de origen no logran alcanzar. Mientras tanto, dichas potencias consumen las riquezas de todo tipo de estos países pobres e interfieren en sus organizaciones políticas con el fin de garantizar su hegemonía económica. Se podría decir que para que un norteamericano viva como vive, debe empobrecer a 10 ciudadanos del planeta, su consumismo es excesivo y ofensivo a la vez, frente a la pobreza de África y Latinoamérica que no conmueve y no estimula el humanismo primer mundista, porque es pobreza negra o de países emergentes. 

Por eso, es casi indiscutible la síntesis de que la economía es un juego en el que una sociedad apoya sobre los hombros de otra el peso de sus lujos y de sus vicios; en este escenario, el hambre de África vale menos que el hambre de Europa y la violencia en Latinoamérica genera dividendos en los países militaristas. Hoy el conflicto es casi en su totalidad a propósito de la capacidad adquisitiva: ricos contra pobres; evidentemente una guerra muy desigual, tomando en cuenta que tan solo 26 personas reúnen el mismo dinero que 3.800 millones de habitantes del planeta.

Con todo, es bueno reconocer que el mundo está transformándose. Sobrevendrán otros conflictos, pero la vida y su instinto se abrirán paso a la fuerza y otras humanidades ganarán sus espacios y sus derechos. La mixtura racial sigue conquistando confines genéticos, mostrándonos que hoy hay menos rubios en el planeta que hace 100 años, todo por la maravillosa consecuencia de la mezcla de los genes recesivos y los genes dominantes.

Escribo estas palabras en honor a George Floyd y otros desvanecidos como Ahmaud Arbery y Breonna Taylor, a nivel mundial, y en controvertibles culturas mestizadas como la colombiana, los casos de Anderson Arboleda quien fue molido a golpes por varios policías, dentro del marco de la intolerancia y las despreciables tirrias del racismo. Pero más que las manifestaciones coléricas, rompen los cristales el sonido sofisticado del jazz, rock and roll, blues, ragtime, góspel y hip hop; así se delata la farsa de la trillada pureza de las sociedades segregacionistas norteamericanas que cercenaron estas vidas, ya que George y los demás son dueños de una heredad absoluta, por ser sus antepasados la sangre y el sudor que construyeron este imperio y otras naciones del mundo. Tenemos la obligación de reconocer que la esclavitud fue un adefesio generalizado, sobre todo sobre la raza negra, pero también tenemos la obligación de entender que ni las despreciables acciones del ku klux klan infundiendo el terror de la libertad sometida, ni todo el racismo del mundo, impedirán que las humanidades evolucionen en la búsqueda del hombre universal.

Aún no se concluye el sueño de vivir en una nación donde nadie sea juzgado por el color de su piel, sin embargo, ya no hay tanto silencio… Admirado Martin Luther King.

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos! No critiques, crea

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *