Política

Hugo Aguilar, un personaje para no olvidar: Colombia

Por Eva Paliè

Heliodoro Naranjo nace en Suaita, Sanatander, en la mitad del siglo veinte, 1952, en el mes de enero. Empezó a ser figura pública después de atribuirse la muerte del capo de capos colombiano Pablo Escobar Gaviria, aunque hay fuentes con alguna credibilidad que no le dan el crédito, sino que lo catalogan como un oportunista avezado que además supo sacar provecho de este asunto. Ahí empezó su carrera como hombre público colombiano. 

Los que lo conocen desde vieja data dicen que siempre ha sido un  tipo que le gusta el tropel y llamar la atención, no le gusta el bajo perfil y así lo ha demostrado en el tiempo que ha estado vinculado en la vida pública y  del país. Lo conocimos como Gobernador de Santander, desde donde fortaleció su poder a punta de no muy buenas compañías y tácticas non sanctas. Hugo Aguilar representa lo que Colombia debe tratar de esquivar, dejar  atrás como sociedad:  trampas, alianzas paramilitares, enriquecimiento ilícito, lavado de activos, extravagancia, vulgaridad, esa maldita creencia de que la plata lo compra todo y lo puede todo, herencias electorales, fusil y sobre todo muerte y odio por encima de todas las cosas. 

Son muchos medios y periodistas los que le han seguido la pista a este deshonroso , entre los que destacan La Silla Vacía, Daniel Coronell, Diana Saray Giraldo, quienes hacen una labor importante con denuncias y pruebas de sus exabruptos y crímenes. Hugo Aguilar fue inhabilitado políticamente por 20 años  por para-política en el año de 2011.  Un Fiscal delegado ante la Corte Suprema de Justicia ordenó la captura de Hugo Aguilar  dentro de un proceso por concierto para delinquir agravado. El arresto se hizo efectivo mientras Aguilar asistía a reunión política en un hotel de la ciudad de Bucaramanga. El capturado fue trasladado a la capital de la República por orden expresa de la fiscal General de la Nación, que para entonces era Vivian Morales. Y desde ahí no paran los problemas para este ciudadano que ha hecho méritos para ser llamado criminal. Problemas que ha sabido capotear a punta de dinero y fusil. Pues su condena tiene que ver con el auparse con grupos paramilitares, más específicamente con el Bloque Central Bolívar.

El ex-gobernador  fue sentenciado a nueve años de cárcel y a pagar una multa de $6.337 millones. No obstante, Hugo Aguilar Naranjo le dijo a la justicia que no tenía ese dinero por lo que hizo un acuerdo de pago con la opacada y débil  Unidad de Víctimas para pagar mensualmente tan sólo quinientos mil devaluados pesos. Si tuviera voluntad de pago se demoraría doce mil seiscientos setenta y cuatro meses. Hagan cálculos y se darán cuenta de que ni siquiera con sus nietos le alcanzaría el tiempo para pagar. Así, una vez más la justicia colombiana demostró que no tiene el peso ético y jurídico  para condenar a aquellos que transgreden la ley y el orden de la sociedad.

En 2015, después de pagar sólo cuatro años y medio, fue dejado en libertad. Como ya lo han señalado muchos críticos de esta pobre sociedad agobiada y doliente: no es posible que a un matón lo condenen a una pena asaz paupérrima y además lo premien con su libertad después de haber cumplido tan solo la mitad. Así ningún político y poderoso se va a sentir amenazado por la justicia colombiana. Delinquir y romper los límites, la norma y la ley es cosa de un juego macabro por parte de estos reyezuelos de provincia. 

Aún así, Aguilar no ha podido salir completamente ileso. Gracias a periodistas que ejercen su función y prestan un gran servicio, no ha podido ser olvidado. Coronell lo denunció en una columna mostrando el gran auto de lujo en el que se paseaba por las calles del país, un coche que supera los 350 millones de pesos: el pobre político no tiene como restablecer a las víctimas pero sí para tener auto de alta gama y propiedades que superan los quince mil millones de pesos, y todos sabemos que ese es el pico de lo que debe tener este innoble y despreciable  ser. 

Además continuaron las investigaciones que lo implican y el miércoles 21 de febrero nuevamente fue detenido y puesto a disposición de la justicia colombiana. Sin embargo todos vimos su sonrisa, como diciendo ‘esto es un trámite más que debo cumplir para demostrarle a la sociedad quién soy y cuánto poder tengo’.  Ahora nos queda esperar que esta vez sí caiga sobre él el peso de la justicia.    

Resulta importante destacar que el coronel no está solo, que tiene a su alrededor a sus hijos, otro clan más que se proclama con dinero y poder para hacer lo que se les de la gana, como hacerse elegir para cargos públicos aún a pesar de los delitos que tiene encima el jefe máximo de su clan criminal, porque eso es lo que es. Ya leímos el comunicado del ex-gobernador de Santander y actual candidato al Senado, el joven Richard Aguilar diciendo que ya la justicia tratará el tema de su padre con independencia y toda agilidad; hemos visto también sus declaraciones en cámara diciendo que brilla con luz propia, aunque sabemos que hasta cachetadas aún recibe de su padre si no hace lo que el cacique manda. Hacemos un llamado a la sociedad civil para que no coma cuento y no vote a estos facinerosos, que creen que con dinero todo lo pueden torcer.      

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