Historia comparada: la profesora Rettberg comparte su análisis entre La Nueva Guerrilla de Iván Máequez y  el Real IRA

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El Shabbat |



Por Angelika Rettberg 


Dándole vueltas al anuncio hoy de Iván Márquez. Repasando historia comparada, recuerdo el surgimiento, pocos meses antes de la firma del acuerdo de paz en Irlanda del Norte, de la disidencia del Real IRA (Real Irish Republican Army), que se mantiene hasta hoy.

Ese grupo sigue operando veinte años después de la firma. Fue responsable, en abril de este año, del asesinato de una periodista. Ha dicho públicamente que no renuncia a la violencia.

Hay muchas diferencias entre Colombia e Irlanda del Norte. Destaco las que a mí más me preocupan, y que están relacionadas: 1) el boyante negocio del narcotráfico, cuya solución no depende solamente de Colombia y que generará ingresos a todos los grupos interesados.

2) la continua existencia y clara expansión del ELN, que debió incluirse en una negociación paralela con las FARC hace muchos años y al que ahora Márquez hace un guiño público para unirse y coordinar acciones, y

3) la situación difícil en y con Venezuela, que cuenta con presencia activa de estos grupos en su territorio. Hace rato ha quedado claro que hay un vínculo estrecho entre la situación en Venezuela y la paz colombiana.

 

Que surjan disidencias, incluso lideradas por comandantes antiguos (y no sólo mandos medios) de guerrillas, no es entonces algo nuevo en el panorama de los procesos de paz.

Lo que preocupa es que el nuevo grupo liderado por Márquez y otros curtidos hombres de guerra cuenten con posibilidades de financiación, conocimiento y experiencia, y otros (algunos nuevos) socios en armas.

Preocupa también el impacto de este anuncio en el partido FARC y en su liderazgo, en el margen de maniobra de aquellos sectores del gobierno que intentan sacar adelante aspectos del acuerdo, en los desmovilizados que le han apostado a la transición, y en los que aún dudan.

 

Sentirán temor las comunidades y territorios que más han disfrutado de los avances de seguridad, así como aquellos en los que estos logros han sido más esquivos.

Gobierno, Congreso, cortes y toda la institucionalidad transicional que surgió hace años deberían responder a este nuevo desafío fortaleciendo su capacidad en todo el territorio, respondiendo a las comunidades en conjunto con autoridades de los niveles nacional, regional y local.

 

Y que esta sea la ocasión para insistir en la vieja pero tan válida recomendación de entender el problema del narcotráfico como la cuna y reflejo inagotable de diferentes formas de conflicto y criminalidad, que requieren de una respuesta de todo el sistema.

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