Bogotá

Habemus casa para Linson Palacios y su Familia



 El Shabbat 



La historia de Linson le dio la vuelta a Colombia gracias a las fotos de Mauricio Alvarado, y también gracias a él y a Laura Dulce Romero las cosas salieron bien para él después de que la alcaldía cuidadora los desalojara en plena pandemia.

Los dos periodistas y supongo que El Espectador se pusieron en la la tarea de hallarle una solución a esta familia, cosa que debe hacer el Estado terminan haciéndolo los particulares.

contó su historia a El Espectador y de ahí supimos que ha sufrido el abandono del Estado y que la violencia estatal ha tocado su vida en más de una oportunidad.

“Mi nombre completo es Linson Palacios. Yo vengo de Santinga (Nariño). Tengo 31 años. Por el momento no conseguí empleo todavía. Llegué a Bogotá hace dos años. Me tocó salir del municipio de donde vengo con mi familia por la guerrilla del Eln. Tuve que venirme a la ciudad obligatoriamente”.

Lo que ha tenido que vivir Linson Palacios lo han tenido que vivir millones de colombianos, desplazados por la guerrilla, los paramilitares y del olvido del Estado, repito esto muchas veces para que entendamos de una vez por todas que la responsabilidad del Estado en estos asuntos es doble, los sume en el olvido en medio de sus territorios y cuando llegan a la ciudad los vuelve a pisotear como lo hizo la alcaldía de Claudia López echándolo de su tugurio a patadas en medio de la peor pandemia que recordemos los humanos vivos en este momento.

En Bocas de Santinga, la cabecera del municipio Olaya Herra, en Nariño, Linson se dedicaba a la construcción. Le iba bien, dice, y le alcanzaba para tener ahorros. Pero la violencia, como tantas veces en Colombia, arrasó con todo. Después de la firma del acuerdo de paz, en 2016, millones de personas que viven en los municipios más apartados pensaron que la guerra se convertiría en un mal recuerdo, pero eso duró poco. Los vacíos que dejó un grupo armado, rápidamente, fueron llenados por otro. “Ellos se apoderaron del territorio donde trabajaba. Yo cargaba piedra para la construcción hasta que llegó la guerrilla y nos sacaron”.

Lo sacaron del trabajo y luego de su casa. Les dieron seis horas para que se fueran: “Esa misma noche nos fuimos en el único medio de transporte que uno coge fácil en el Pacífico, la lancha. Uno se va por el río Patía hasta el mar. De ahí sube para Buenaventura y llega al puerto; de Buenaventura llegamos a Cali, y de ahí a Bogotá”. Olvidó cuántos días tardó en llegar hasta la capital.

Esa ruta la repiten varios. En el pacífico nariñense ha habido, en los últimos tres años, un recrudecimiento del conflicto por enfrentamientos entre grupos armados y el narcotráfico. Como consecuencia, han denunciando varias organizaciones sociales, entre ellas el Colectivo Orlando Fals Borda y Fundación Ideas para la Paz, los desplazamientos forzados aumentaron. Sólo este año, más de 4.000 personas han sido desplazadas.

En otras partes del país, como Chocó, Norte de Santander y Cauca, sucede lo mismo. No en vano Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, ha asegurado que hoy hay más víctimas de forzado en Colombia que número de habitantes en Costa Rica.

La familia de Linson: su esposa y sus hijos de 11, siete, seis y dos años.
Mauricio Alvarado

la historia completa de este hombre y su familia la puede leer en El Espectador, que además se dio a la tarea de conseguirle casa y brindarle un poco de lo que el Estado le ha negado a este colombiano que lo único que ha hecho es trabajar por su familia y por su país.

Acá les dejamos el hilo que realizó Laura Dulce Romero para mostrarnos que las cosas para Linson empiezan a cambiar.

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