Guía de un psicólogo para cambiar la mentalidad de los antimascaras

Mientras el mundo espera ansiosamente que las vacunas COVID-19 pongan fin a la pandemia, usar una máscara para ayudar a prevenir la transmisión viral se ha vuelto más o menos obligatorio a nivel mundial. Aunque muchas personas abrazan el uso de máscaras y se adhieren a los consejos de salud pública, algunos se rebelan y argumentan que se les ha impuesto el uso de una máscara en contra de su voluntad.

Con el uso de máscaras y el distanciamiento social, depende de la persona decidir si cumple o no, pero lo que influye en el cumplimiento no es sencillo. Los factores demográficos como el nivel de ingresos, la afiliación política y el género se han asociado con si las personas eligen usar una máscara y la distancia social.

Sin embargo, la psicología puede ayudar a explicar por qué ocurren las diferencias de comportamiento. Investigaciones anteriores han demostrado que factores psicológicos como la percepción de riesgo de un individuo y la tendencia a comportamientos riesgosos influyen en la adherencia a los comportamientos saludables. Esto ahora se está viendo en la pandemia actual.

Un estudio previo a la impresión (que aún no ha sido revisado por pares) ha demostrado que una mayor propensión a tomar decisiones arriesgadas va de la mano con una menor probabilidad de usar una máscara de manera apropiada o mantener el distanciamiento social. En otra investigación, las percepciones del riesgo de COVID-19 se citan como un factor determinante de si las personas deciden distanciarse socialmente.

Y también puede haber una explicación psicológica adicional: el fenómeno de la “reactancia psicológica”. Aquí es donde las personas creen vehementemente que tienen la libertad de comportarse como deseen y experimentan emociones negativas cuando esta libertad se ve amenazada, por lo que se motivan para restablecerla.

Esto significa que cuando se les dice que usen una máscara y socialmente distantes, algunas personas pueden percibir que su libertad de comportamiento está amenazada. Luego siguen la ira y otras emociones negativas. Para reducir estos sentimientos incómodos, estas personas pueden intentar restaurar su libertad al no seguir el consejo.

El problema potencial de la reactancia psicológica se ha discutido desde el comienzo de la pandemia y ahora se está investigando específicamente con respecto a las máscaras.

Cómo fomentar el uso de mascarillas

Así como la psicología puede ayudar a explicar por qué las personas pueden rechazar las máscaras, también puede ofrecer orientación sobre cómo hacer que las personas las acepten. Se puede utilizar una variedad de técnicas de la psicología social para persuadir a las personas de que cumplan con los consejos de salud, como el uso de máscaras, el distanciamiento social y el autoaislamiento.

Un método clave de persuasión es retratar el consenso. Cuando le muestras a las personas que una actitud es compartida (o no) por otros, es más probable que la adopten. Ver a alguien con una máscara aumenta las probabilidades de que otros hagan lo mismo. Por lo tanto, las estrategias de persuasión podrían centrarse en asegurarse de que las personas perciban el uso de máscaras como algo generalizado, tal vez representándolo con frecuencia en los medios o haciéndolo obligatorio en ciertos lugares.

También sabemos por estudios anteriores que es más probable que las personas cumplan con las pautas de salud pública si son claras, precisas, simples y consistentes, y si confían en la fuente de donde provienen.

Pero es probable que la eficacia de este tipo de enfoques de “talla única” para la persuasión y el cambio de comportamiento sea limitada. Los hallazgos iniciales en el área de la persuasión personalizada sugieren que podría ser más efectivo probar enfoques personalizados para las personas, basados ​​en combinaciones de sus características clave (sus “perfiles psicográficos”).

Por ejemplo, en una investigación reciente no relacionada con COVID identificamos tres perfiles de personalidad principales. Aquellos que son más tímidos, socialmente inhibidos y ansiosos tienden a informar que son más propensos a ser persuadidos por quienes tienen autoridad, mientras que aquellos que son más egoístas y manipuladores tienden a sentir lo contrario; informan que tienen menos probabilidades de ser influenciados por figuras de autoridad.

Además, los del tercer grupo, que son agradables, extrovertidos y concienzudos, informan que tienen más probabilidades de ser persuadidos de hacer algo si es coherente con lo que han hecho antes, y menos probable si les obliga a cambiar de posición. Esto significa que si han decidido en el pasado que usar máscaras es algo malo, es más probable que se resistan a cualquier esfuerzo posterior para obligarlos a usar una.

Un artículo reciente concluyó que gritar a las personas que usen máscaras no ayudará, y esta investigación sobre la persuasión personalizada lo respalda. Solo aquellos en el grupo tímido y ansioso probablemente responderían bien a una táctica tan directa y torpe. Una estrategia mucho mejor sería probar un enfoque empático que busque comprender las diversas motivaciones de los diferentes grupos de personas, incluso si hay reactancia psicológica en juego, y luego adaptar los mensajes a las personas en consecuencia.


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