Política

Galenos pusilánimes o el empacho del poder



El Shabbat 



Por    


Médico, sacerdote, policía y alcalde. Los cuatro fantásticos infalibles en cualquier terruño por remoto que sea. Esa es la concepción que aún mantienen algunos pobladores de las áreas rurales más extremas de nuestra querida patria. Los consideran casi que superhéroes, salvadores de vidas, exorcistas del alma, guardianes de la violencia y abogados de la justicia.

En realidad podríamos decir que todos ellos comparten un denominador común llamado poder. Pero no cualquiera. Me estoy refiriendo concretamente al poder político oculto pero latente tras los bastidores en que cada uno de estos personajes se desempeña.

Desde mi perspectiva de médico, es casi obvio que nuestra atmósfera de trabajo se ve influenciada por la capacidad que tengamos de relacionarnos con los pacientes. Dependiendo de cuan empático y profundo sea ese vínculo, la trama que se va tejiendo con la sociedad va creciendo y traspasando nuevos horizontes. Una vez conquistada esa frontera, la relación adquiere un aire de autoridad. Esa autoridad que permite vigilar y corregir.

Las transformaciones sufridas por la medicina a lo largo de la historia han dejado de lado la clara visión griega que separaba el cuerpo biológico del cuerpo político, para tornarla en una práctica impositiva donde prevalece el interés del Estado sobre el beneficio de los dolientes. Hoy en día vemos que “novedosos” sistemas de salud fundamentados en modelos económicos-administrativos y por supuesto, avalados descaradamente por los gobernantes de nuestra nación, atropellan día a día los derechos fundamentales de ciudadanos pertenecientes a estratos medios y bajos. Ese lema de “prosperidad para todos” es una total ignominia.

En este país, gracias a algunos semidioses bajados directamente del olimpo (porque así se creen), el  cuerpo dejó de tener valor. Y la cosa empeora si ya viene con algún defecto de fábrica, o si por desventura desarrolla una enfermedad de alto costo o es blanco de alguna patología considerada catastrófica para el monedero de cualquier entidad promotora de salud. Sí. Monedero porque están dispuestos a embolsillarse cualquier centavito que puedan estrujarle al contribuyente.

No estoy de acuerdo con aquellos médicos que desean ahorrarle costos al “sistema”. Tampoco estoy de acuerdo con los que aceptan perder su autonomía por miedo a despidos repentinos o amenazas de memorandos. Y mucho menos los que viven alardeando de su vida social y se dejan comprar por invitaciones a cocteles exclusivos en lujosos clubes y/o restaurantes, a cambio de favores administrativos. No se cual es peor que el otro.

Las metas y los indicadores financieros hay que dejarlos para el contador. Ellos que recauden dinero y lo administren. Nosotros dediquémonos más a estudiar, a aprender de los casos complicados, de prevenir más y tratar menos, de escuchar más e ignorar menos. Ejerza la autoridad con respeto y sabiduría. No abuse del poco o mucho poder que posee o cree tener. No permita ni siga perpetuando esas pequeñas formas de corrupción y prevaricato sólo por mantener su status quo. Le suena la conocida la frase – primero no hacer daño-? Si la respuesta es SÍ, pues intente incorporarla y aplíquela con todo rigor. Si la respuesta es NO, (…)

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