Gabriel Matzneff: Censurar la obra del violador

Exclusive - File - French writer Gabriel Matzneff poses in Paris, France on March 25, 2009., Image: 490320015, License: Rights-managed, Restrictions: BM World rights FrŽdŽric 2009, Model Release: no, Credit line: De Russe Axelle/ABACA / Abaca Press / ContactoPhoto


Por Sandra Oróstegui

 

 


Gabriel Matzneff: La prestigiosa editorial Gallimard, que puede presumir publicar a 40 ganadores del Nobel de Literatura, ha interrumpido la producción y comercialización de las obras del célebre escritor francés de 83 años.

  1. La primera vez que supe de Gabriel Matzneff fue por el artículo del New York Times: “Un escritor pederasta va a juicio (y con él las élites)”. Se trata del escritor francés conocido por haber visitado el Elíseo en el gobierno de Miterrand  y por haberse codeado con personajes del jet set francés, como Ives Saint Laurent. Vendió más de 50 novelas y diarios íntimos en los que hablaba explícitamente de sus prácticas pederastas con niños filipinos de ocho años. No sólo la industria editorial publicó esas obras, sino que eran consumidas como baguettes recién horneadas. En 2020, cuando inició la investigación de la justicia francesa por pederastia, se convirtió en prófugo. 
  2. El artículo retrata la transformación de una sociedad que pasó de la lectura ávida del abuso sexual a menores; a la condena y censura de este tipo de obras. Es de todos conocido que Matzneff no es el primero pero, como sugiere el New York Times, la censura a los violadores y a sus obras sí es un fenómeno reciente.
  3. El movimiento #Metoo se desató en el mundo editorial francés con el libro “El consentimiento”. Vanessa Springora, víctima de Matzneff, se atrevió a relatar allí el abuso que sufrió cuando tenía 16 años. La ola se unió a la de miles de mujeres que venían vociferando contra el manoseo del jefe. 
  4. En esa avalancha de tweets, noticias en los fanzines, declaraciones en las Naciones Unidas y apariciones públicas en performances callejeros, cayeron muchos artistas. Woody Allen fue vetado con más vehemencia por Hollywood. Roman Polansky fue abucheado en los Césares de 2020. A Kevin Spacey lo sacaron de Netflix. 
  5. Sin embargo: a Polanski le dieron 3 Césares, a Allen le publicaron la autobiografía y Spacey aparecerá dentro de poco en una película de Franco Nero. 
  6. Las víctimas de estos personajes se sienten menospreciadas. Y es cierto que no es fácil condenar la obra. La tradición se aferra a la distancia entre creador y criatura, quizás porque estamos convencidos de que no hay pecado humano achacable a dios. 
  7. Dijo Stephen King, ante el boicoteo a la biografía de Allen en 2020, que le preocupaba la condena porque pensaba en la siguiente víctima de la mordaza. Así que se teme por el futuro de las libertades concedidas al arte.
  8. Pero es que la libertad creativa tiene límites en la realidad del creador. No existe la creatividad libre de dogmas o principios o marcos normativos. Los valores patriarcales que reposan en los actos de estos artistas se reflejan en su creación. Rechazar la obra, por tanto, es una consecuencia inevitable, si se usan los mismos criterios que produjeron la censura del artista. 
  9. Condenar una obra no es acabar con la carrera del hombre detrás de ella. Se trata de un esfuerzo ético por reparar a las víctimas y a las potenciales víctimas. La mordaza, de la que habla King, ha estado durante siglos cerrando las bocas de millones mujeres y niñas y niños que no habían podido gritar su afrenta. 
  10. El mundo del arte, por mucho que se quiera negar, también ha reproducido un sistema que excluye, mutila, abusa, viola y mata. Y si no, ¿de dónde Virginia Woolf hubiera sacado tantos ejemplos para su famoso cuarto propio? 
  11. No se trata, entonces, de puritanismo, cuando lo puritano es el patriarca indemne que por milenios se ha mantenido repitiendo ideas y patrones. Lo tradicional es el sexismo, el clasismo, el racismo y el androcentrismo. Así que exigir que el arte sea visto con los ojos de los humillados, es otorgarle una nueva era. Quizás se convierta en un primer paso para resquebrajar, de una vez por todas, una tradición que reproduce la barbarie y la muerte.

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