Theodore John Kaczynski, Unabomber, el hombre que puso en jaque al FBI

Unabomber Ted Kaczynski (Photo by Bureau of Prisons/Getty Images)

es un personaje de culto de la sociedad norteamericana. Sea que sientas admiración o rechazo por él, ha sido de esos seres humanos que han dejado una marca profunda en la cultura pop de Estados Unidos. Un hombre de extraordinaria inteligencia y profundamente perturbado. 


Theodore John Kaczynski nace el 22 de mayo de 1942 en Chicago, Illinois. Un hombre que siempre sobresalió por su capacidad intelectual, sobre manera en el campo de la matemáticas. Matemático, filósofo, neoludita y anarcoprimitivista. Conocido por enviar bombas por el eficiente correo postal norteamericano, su carrera terrorista duró al rededor de 17 años, donde muy al final fue puesto al descubierto por un sagaz detective del FBI, quien replanteo todo su perfil que según le parecía estaba errado desde el inicio, pues se dio cuenta que era un sujeto de gran inteligencia y disciplina.    

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Imagen: La cabaña construida por Kaczynski. AP

Debía de ser el 23 de mayo de 1978. Un trabajador de la Universidad de Illinois encontró un paquete en el parking del campus de Chicago. El remitente era Buckley Crist, profesor de la Universidad de Northwestern, así que lo enviaron de vuelta. El 24 por la tarde se lo comentaron a Crist, pero él no recordaba que hubiera enviado ningún paquete.

En realidad, solo había una explicación: drogas. Desde hacía meses se comentaba que algunos estudiantes usaban el nombre de algún profesor para mover droga de campus a campus sin levantar sospechas. Así que cuando llegó el paquete a su despacho y confirmó que la letra no era suya, llamó al agente Terry Maker, de la policía del campus.

Abrieron el paquete juntos. Esa fue la primera bomba. Tuvieron que pasar casi 20 años de bombas, heridos y muertos antes de que el FBI detuviera a Ted Kaczynski en una cabaña perdida del este de Montana. Esta historia se ha contado muchas veces, pero ¿cómo pudo la mente de un superdotado matemático convertirse en un terrorista? ¿cómo pudo un solo hombre sin formación especializada construir decenas de bombas y tener en jaque a todo un país durante década y media? Investigamos la tecnología detrás de Unabomber.

El 3 de abril de 1996 más de un centenar de agentes del FBI irrumpen en una cabaña aislada en un bosque en las cercanías de la ciudad de Lincoln (Montana). El ocupante no era lo que uno puede esperar de semejante escena. Se trataba de un ex profesor de matemáticas de 54 años de edad con un prestigioso título de Harvard y una tesis doctoral premiada a sus espaldas.

Y es comprensible. Si lo miramos fríamente, es una idea casi increíble. Una historia sin pies ni cabeza que hunde sus raíces en extraños experimentos psicológicos que se realizaron en los años 50 en la Universidad de Harvard. pero por suerte para nosotros, Kaczynski escribió muchísimo. En su pequeña cabaña se encontraron más de 22.000 páginas escritas.

Todos los detalles de sus modelos estaban ahí, sin embargo, no muchos han transcendido por motivos de seguridad. Rastreando entre muchos libros sobre uno de los terroristas más famosos de Estados Unidos, hemos sido capaces de reunir algunas ideas sobre la tecnología que, en la soledad de la montaña, desarrolló el Unabomber.

El hombre que estaba destinado a ser una de las mentes más brillantes si atendemos a sus inicios nacía el 22 de mayo de 1942 en Chicago. Desde muy temprano Theodore Kaczynski apuntaba alto, comenzando en el centro Evergreen Park Central donde cursó desde quinto hasta octavo grado. Allí fue donde a raíz de los resultados de un test de inteligencia se demostró que tenía un coeficiente intelectual de 167, razón por la que se “saltó” sexto para empezar directamente en séptimo.

Más tarde el propio Kaczynski contó que este acontecimiento marcó su vida para siempre. La razón: no acababa de encajar en una clase donde todos eran mayores que él. Además, durante esta etapa sufrió bullying, bromas y abusos verbales por parte de la clase, lo que acabarían conformando desde su niñez a un joven con miedos al exterior y a las personas junto a una agudizada dificultad para interactuar con el resto.

Durante esta época el joven Theodore encontraba que las clases de matemáticas eran demasiado sencillas, así que lo pasan a una clase más avanzada. Finalmente aprovechó la escuela de verano para completar sus estudios de bachillerato dos años antes de lo habitual.

En 1958 es admitido en Harvard para comenzar sus estudios superiores con tan sólo 16 años de edad. En la Universidad entra en contacto con el célebre Willard Van Orman Quine, reconocido por su trabajo en lógica matemática y sus contribuciones al pragmatismo como una teoría del conocimiento. Quine lo nombraría como el alumno más aventajado de su clase con una nota final altísima.

Así que todo parecía ir encaminado hacia una vida profesional de éxitos en el campo de las matemáticas. Hasta que se cruzó en su vida el doctor Henry Murray.

Kaczynski y el proyecto MK Ultra

Murray impartió clases en Harvard durante más de 30 años. Fundador de la Sociedad psicoanalítica de Boston, también desarrolló el Test de Apercepción Temática (T.A.T.), una prueba de personalidad hoy ampliamente utilizada.

ARCHIVES : THEODORE J. KACZYNSKI, ALIAS THE UNABOMBER : Fotografía de noticias

Ocurre que entre 1959 y 1962 Murray también dirige una serie de experimentos subvencionados por la CIA como parte del llamado MK Ultra. Estamos ante un programa (en su momento secreto, además de ilegal) diseñado por la CIA para la experimentación en seres humanos. Se cuentan sobre el mismo muchísimas barbaridades donde se buscaba desarrollar nuevas técnicas y procedimientos para interrogar y/o torturar con el fin de debilitar al individuo y forzarlo a confesar a partir de estas técnicas, en su mayoría con la idea del control mental. En el caso de Murray el profesor había seleccionado a 22 estudiantes para someterlos a una serie de pruebas y analizar posteriormente sus respuestas al estrés.

No está claro de qué forma llegó el profesor hasta Kaczynski o cómo éste se enteró, quizás a través de los anuncios donde se pedían voluntarios. Y es que Murray proponía el experimento en la Universidad bajo el siguiente anuncio:

¿Estarías dispuesto a formar parte y contribuir a la solución de ciertos problemas psicológicos? Si es así, pasarás a servir como voluntario de una serie de pruebas, de aproximadamente dos horas a la semana, a través del año académico.

Es posible también que el propio Murray fuera el que persuadió a Kaczynski por la propia inseguridad del hombre. En cualquier caso y lo único cierto es que el estudiante matemático acepta el reto, un experimento que duró a lo largo de tres años con 24 jóvenes, de los cuales Kaczynski fue el más inestable cuando finalizaron.

Con el fin de proteger la vida privada de los participantes Murray ofrece a cada uno de los estudiantes un nombre en clave. En el caso de Kaczynski sería Lawful (legal, lícito), nombre que desde luego y viéndolo ahora resulta profundamente irónico. A su vez el profesor denominó al núcleo del experimento el Dyad, que consistía en un debate de inducción al estrés. Para ello pedía a cada sujeto que debían estar amarrados en una silla en una habitación bien iluminada delante de un espejo, un espejo a través del cual Murray podía observar y grabar desde otra habitación, además los voluntarios estaban conectados a una serie de electrodos que monitorizaban sus reacciones y se registraba y medía la tasa de latidos del corazón y respiración de los sujetos.

El profesor le dijo a todos los participantes que otro estudiante entablaría una conversación con ellos. Lo que jamás les reveló es que este interlocutor era realmente un estudiante de derecho altamente elocuente al que el propio Murray había entrenado específicamente para meterse en la piel de los sujetos de prueba. Murray lo había instruido para que los dominara con su retórica, los manejara cuando quisiera y finalmente los ridiculizara cuando fuera necesario, en este caso atacando directamente a la filosofía de la vida que cada sujeto defendía.

¿Cómo? Murray había estudiado anteriormente las perspectivas que tenían los voluntarios sobre la vida. Había recopilado toda la información necesaria sobre ellos junto a una serie de tests que debían llevar a cabo al comienzo del experimento con el que pudo trazar una radiografía psicológica perfecta de cada uno. Así, durante los largos debates con el estudiante de Murray, los sujetos debían tratar de defender sus principios, aunque finalmente se veían obligados a ceder ante los virtuosos (y cínicos) argumentos formulados por el oponente adiestrado por el profesor. Con el tiempo todos acababan superados en el debate. Tras el enfrentamiento llegaba una avalancha de más pruebas y debates encendidos. Por ejemplo en uno de ellos se les exponía a los voluntarios una visualización de una grabación de sus argumentos para luego pedirles que comentaran el por qué de sus reacciones airadas.

Lo cierto es que hasta la fecha nadie sabe con exactitud que era lo que Murray estaba tratando de lograr con este experimento, más allá de que se enmarcaba en los MK Ultra con fines de los servicios secretos. Los objetivos de Murray eran bastante vagos y confusos. Un ejemplo de ello es que el profesor afirmaba que “quería desarrollar una teoría de sistemas diádicos” y utilizar estos datos que recogía para favorecer el desarrollo personal de las personas. Pero como contarían en su libro Alston Chase, incluso sus asistentes no tenían ni idea de a donde iba a parar el experimento. Según Chase, el biógrafo de Murray escribió que el psicólogo únicamente estaba tratando de averiguar lo que sucedía cuando una persona ataca a otra.

En cambio para Chase el experimento del profesor tenía una raíz muy diferente. En su libro cuenta que Murray se había casado a los 23 años, y que siete años más tarde conocía a la profesora en Harvard, Christiana Morgan, mujer que también estaba casada y con la que mantendría una turbia relación. Chase apunta que muchos de sus colaboradores consideraban que estos experimentos de Murray no eran más que repeticiones de esta relación. No sólo eso, poco antes de su muerte en 1988, Murray ofreció una especie de confirmación sobre la sospecha. El hombre afirmó lo siguiente:

Me han preguntado muchas veces por mi relación con Christiana. Yo tenía un deseo de desarrollar mi teoría en la que dos personas se incorporan a un sistema, y también hemos querido experimentar con diferentes tipos de combinaciones tanto en nuestra vida como en el trabajo.

Es decir, que Murray parecía tratar a las relaciones como a un experimento, y como concluye Chase, todo indicaba que los argumentos en su experimento con los estudiantes representaban su relación con Christiana.

Sea o no finalmente así, lo cierto es que Kaczynski recordaría más tarde que el experimento fue tremendamente desagradable para él. Si bien se suponía que iba a ser un punto de inflexión en su vida, su frágil personalidad y falta de enfoque ético acabó haciendo mella en su persona. El matemático acabó desarrollando con el experimento una visión tecnofóbica del mundo a lo largo de sus últimos años en Harvard. Se acabó convenciendo de que la tecnología y la ciencia estaban amenazando a la propia libertad de las personas y controlando cada vez más su pensamiento.

Tras graduarse en Harvard escribió una tesis doctoral brillante en la Universidad de Michigan y en 1967 aceptó un puesto como profesor en la Universidad de Berkeley. Dos años más tarde su transformación interior derrota al matemático en el que se había convertido. Deja su puesto en la Universidad y se construye una cabaña en el bosque a las afueras de Lincoln, espacio y tiempo donde fraguó su campaña con bombas.

Kaczynski como Unabomber

Así comenzaría la leyenda de Unabomber, cuyo nombre surgió a raíz de la bomba que había colocado en el equipaje de un vuelo de American Airlines en 1979. La bomba no explotaría debido a un fallo en el mecanismo del temporizador pero según las autoridades tenía la potencia suficiente como para “devastar el avión”. Tipificado como delito federal en Estados Unidos, el FBI se hizo cargo del caso desde entonces denominándolo como Unabom (University and Airline Bomber).

UNABOMBER CASE : Fotografía de noticias

Tras 16 bombas en 19 años, el fin de sus actos llegaría tras el comunicado que envió simultáneamente al New York Times, Washington Post y la revista Penthouse en 1995. Una carta/manifiesto firmada bajo el pseudónimo de Freedom Club donde se ofrecía abandonar de forma permanente las actividades terroristas a cambio de publicar un artículo de 30 mil palabras. Un manifiesto (también conocido como Manifiesto Unabomber), La sociedad industrial y su futuro, donde Kaczynski exponía su visión de esa sociedad moderna tecnológica. Entre otras cuestiones Kaczynski exponía que:

La Revolución Industrial y sus consecuencias han supuesto un desastre para la humanidad porque el sistema tecnoindustrial tiende a obligar a la gente a comportarse de un modo que está cada vez más alejado de los patrones naturales de la conducta humana… Esto provoca trastornos psicológicos ejemplificados por el izquierdismo, es decir, las personas “sobresocializadas” que reprimen sus inclinaciones naturales y se avergüenzan cuando su forma de comportarse o hablar son contrarios a las expectativas de la sociedad… Un izquierdista toma un principio moral establecido, lo adopta como propio y, entonces, acusa a la sociedad convencional de violar dicho principio… la libertad se ve cada vez más amenazada y limitada por el desarrollo de la sociedad tecnoindustrial y por ello defiendo la necesidad de una revolución contra ella…

Como vemos y en realidad, un escrito que llamaba a una revolución mundial contra las consecuencias de esa sociedad moderna. El 19 de septiembre de 1995 el Washington Post y el New York Times publican el escrito. Un hecho inaudito que acabó ocupando más de 50 páginas de los periódicos. Gracias a ello apareció en escena David Kaczynski, quién acude al FBI para contar que sospecha que Unabomber es efectivamente su hermano. El hombre explica que había descubierto en varios pasajes del manifiesto publicado en los periódicos muchas de las cuestiones y textos que se encontraban en las cartas que su hermano Ted le había enviado hacía un tiempo.

Unabomber Text Published In The Washington Post : Fotografía de noticias

Tras su detención fue condenado el 4 de mayo de 1998 a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. En el año 2000, dos años después de su condena (tres antes del libro de Alston Chase), The Atlantic lanza una artículo especial hablando por primera vez del experimento de Murray y las posibles conexiones con la transformación de Kaczynski en Unabomber.

El Murray Research Center, centro en Harvard en honor al psicólogo, emite un comunicado negando tales conexiones. Según el Instituto, otros estudiantes que habían formado parte del experimento no habían encontrado el mismo “estresante”.

Luego llegaría el libro de Chase, y finalmente tras hacerse público el contenido del mismo, el acceso a los datos en bruto del Murray Research Center (donde se guardan los documentos oficiales del experimento) se colocó bajo un embargo indefinido. Para ser más exactos, un embargo de la documentación desde 1959. El mismo año en el que Murray había comenzado los experimentos.

Cuatro generaciones de bombas

Los primeros dispositivos de Unabomber fueron bastante toscos. Utilizaba cerillas como principales explosivos, pero no tardo demasiado en darse cuenta de que las cerillas se deflagrarían y no llegarían a explotar.

En la siguiente fase se pasó a la ‘pólvora sin humo’, este tipo de pólvora granulosa se encuentra en muchas municiones. Al parecer, Kaczynski la extrajo, sobre todo, de cartuchos de escopeta. Este compuesto mucho más potente que la pólvora negra, pero también más segura. Necesita de unas condiciones relativamente específicas para explotar: en otros casos, su lenta combustión no causa casi daños.

El resultado fueron unas bombas mejores que las anteriores, pero bastante débiles. En 1979, se las ingenió para poner una bomba en el equipaje de un Boeing 727 que hacía el recorrido Chicago-Washington D.C cuyo detonador era un barómetro. El dispositivo no era lo suficientemente potente como para destruir el avión y, de hecho, solo consiguió arder. Algo que activó las alarmas y obligó al piloto a realizar un aterrizaje de emergencia.

Los instrumentos mortales

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Pero a medida que pasaron los años, Kaczynski experimentó en las montañas que rodeaban su cabaña de forma sistemática, casi enfermiza. Estudió minuciosamente el impacto cada variación y aprendió a aumentar el poder de unos dispositivos que, poco a poco, se volvieron mucho más sofisticados. Y mortíferos.

Sus experimentos se extendían, además, a todo el área mecánica. Diseñó libros que explotaban al abrirlos, latas de refresco e incluso una bomba oculta en lo que parecía una montaña de artículos científicos. Algunos diseños fueron muy complejos, avanzados y eficientes. Uno de los mecanismos, por ejemplo, era virtualmente idéntico a algunos diseños muy usados en las líneas aéreas. Eso fue una de las cosas que llevó a la policía a pensar que se trataba de un técnico aeronáutico retirado.

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Sus bombas de tercera generación fueron muy poderosas. Combinó las mezclas extremadamente explosivas que estaba consiguiendo con metal en polvo (especialmente, aluminio y plata) para producir una combinación que podría producir resultados letales si se detonaba adecuadamente. Además, sin que él lo supiera, la plata hacía casi imposible rastrear los explosivos.

Sin embargo, fue la cuarta (y última) generación de bombas la realmente mortal. Los modelos anteriores necesitaban una tubería o una estructura similar para explotar, pero en este punto Kaczynski fue capaz de prescindir de ese elemento. Diseñó una tapa detonante con tubos de cobre y diseñó una mezcla explosiva llena de metralla. El resultado no solo era más explosivo, sino más pequeño y menos pesado.

Como el ratón y el gato

Durante todo ese tiempo, Kaczynski fue consciente de que parte de su éxito residiría en que no lo encontraran, en que no imaginaran siquiera que él podía tener algo que ver. Desde el ataque al avión del que hemos hablado, el FBI se había hecho cargo del caso. Unabomber lo sabía. De la misma forma que sabía muchos detalles que la prensa filtraba de la investigación.

A partir de ese momento, todo se convirtió en un juego de estrategia. Meditaba cada paso con una minuciosidad increíble y sólo lo daba si estaba convencido de que contribuía a la confusión. El mejor ejemplo fue el debate sobre si introducir un cabello humano en una de las bombas o no.

Había encontrado el cabello en un lavabo público de la estación de buses de Missoula y en sus notas se pudo encontrar una relación bastante amplia de pro y contras sobre la idea de usar el cabello. Los pros tenían cosas como “confundir a la policía con respecto al cabello” o “eliminar la idea de que tenía el pelo negro” y entre los contras se podían leer cosas como “podría hacer dudar que el sospechoso fuera de California” o el hecho de “dudaran de esa pista y del resto que entregara en el futuro”.

Kaczynski sabía de buena tinta que la verdadera batalla estaba en la cabeza de los investigadores. El apartado técnico se iría resolviendo, pero mientras pudiera desorientar la investigación estaba a salvo. Y llevaba razón: lo encontraron por una mezcla de ciencia, instinto y casualidad. La historia de Unabomber no es sino un recordatorio de que el ser humano es capaz de lo peor y de lo mejor. Y de que la tecnología es sólo un instrumento

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