¿En Tiempos de Pandemia deberíamos aplaudir?

 La inseguridad de la ciudad no está de cuarentena, en el centro de Bogotá se han presentado conatos de saqueo, ¿Dónde está el patrullaje de la policía?



 El Shabbat 



Por Angélica  Castell


Nuestro país lleva más de 54 años en guerra, tiempos difíciles, pero hace unas semanas compartimos con el mundo  una situación aun  más difícil, son tiempos de pandemia, de pánico, de zozobra, de expectativa; tiempos en el que la nación y las ciudades claman a gritos un líder que sin duda no se las sabrá todas pero que al menos de muestras de compromiso y liderazgo con todos pero que además  sepa interpretar quienes son los  que más necesitan de  la protección del estado.

Es un panorama tan idílico,  pues tenemos un gobierno con dudosa  legitimidad y la gobernabilidad en el suelo, que ha tomado medidas autoritarias y tontas como desautorizar a los gobiernos locales mientras que las acciones del Presidente y su gabinete son  tardías e insuficientes.

La propagación del virus comenzó en Diciembre mientras aquí no teníamos ministro de salud pues se hacían esfuerzos para cubrir la cuota burocrática adeudada con los partidos políticos y este banquete de mermelada fue más importante  que prepararnos para la emergencia; tomaron la decisión tardía de cerrar las  fronteras aéreas  para evitar  los impactos económicos mientras que OPAIN  implementaba protocolos migratorios ineficaces, la primera medida consistió en  cerrar las fronteras terrestres con Venezuela,  2.219  km de espacio terrestre, lo cual le fue imposible  controlar sin embargo  esta medida ofreció  una falsa ilusión de seguridad además de  evitar  hacer controles migratorios efectivos con el agravante de la negativa del presidente de hablar con su homologo  Nicolás  Maduro, y  no olvidemos todo el despliegue mediático alrededor de este tema.

Mientras tanto en Bogotá y en un intento valido y bien intencionado de demostrar liderazgo la Alcaldesa Claudia López implementa un simulacro de confinamiento,  uniéndose a esta iniciativa  alcaldes de otros departamentos que incluso fueron mas allá decretando toque de queda, medida que el gobierno desautorizo sin ningún pudor ante la opinión pública y la confusión nacional se sigue cocinando en bajo, en las horas siguientes los alcaldes declaran su rebeldía a la cobertura presidencial y siguen adelante con los planes trazados de aislamiento,  los cuales no están funcionando pues en este momento es vital la responsabilidad y la conciencia social valores que escasean en la tierra del olvido.

El pánico aumenta y la presión por redes sociales y medios de comunicación es tal que días después el descontrolado gabinete presidencial decide cerrar el aeropuerto dando una espera de 4 días más e implementar un confinamiento nacional, una medida drástica pero que en otro país sería más sencilla, en Colombia es un reto apoteósico,  el 46.6 % de la población  trabaja en la informalidad y vive del diario, y aunque la Alcaldesa y el presidente se extienden en sus discursos dándonos golpes en el hombro para que “mantengamos la calma” no dan soluciones concretas, siempre las  respuestas giran en torno al  programa familias en acción, subsidios ya implementados para estratos 1 y 2 en cambio para los emprendedores de restaurantes y pequeños negocios de barrio de estrato 3 parece no haber ayuda alguna. No se toman medidas firmes y de fondo, no se atreven a decretar el congelamiento de las deudas bancarias y la suspensión del pago de servicios públicos por los próximos 2 o 3 meses, aun no llegan los insumos a los hospitales y su personal ya va a completar 4 meses de retrasos en sus salarios; con alegría el día de ayer la “vice” Martha Lucia informa que ya están alistando el convenio para que se confeccione y exporte ropa medica, eso no es una solución directa a la crisis que se avecina ,no es una prioridad acorde con el aquí y ahora que estamos viviendo.

La inseguridad de la ciudad no está de cuarentena, en el centro de Bogotá se han presentado conatos de saqueo, ¿Dónde está el patrullaje de la policía?

Ante todo este panorama el  gobierno  pretende convencernos de que el virus se controla si nos lavamos las  manos y nos unimos al son de una canción colorida de esperanza,  ya se les olvidó que más de  3.6 millones de personas no tienen acceso al  agua potable y 5.6 viven  sin alcantarillado, llevamos años exigiendo al gobierno los derechos fundamentales pero aquí es más  fuerte la corrupción que la democracia.

No es momento de positivismos, pues el positivo acepta todo como viene lo cual aniquila cualquier posibilidad de cambio, no es momento de aplaudir, de agradecer a los servidores públicos por hacer su trabajo, no es momento de emocionarnos con cada medida que toman e idealizarlos en el podio presidencial, hasta ahora estamos entrando en la tormenta hay mucho terreno por recorrer, se vienen días duros hay que tener entereza y como nunca la claridad de nuestros deberes pero  con la misma vehemencia el valor para exigir que se garanticen  nuestros derechos.

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