Política

El Progresismo: un nuevo actor 

Por: nes @mutu_rock 

La idea del es ante todo la reforma, pretende mantener el avance de las principales ideas del humanismo secular tales como el libre albedrío, la razón crítica y la transformación de la realidad social mediante la acción , que necesariamente rompe el orden de las cosas, el status quo del mundo. Los oponentes del progresismo han sido siempre los mismos, comerciantes con un lugar privilegiado en el tráfico de recursos. 

En la modernidad política este enfrentamiento es ubicando por Chomsky en el memorando de Powell, cuando un grupo de presión empresarial en Estados Unidos advertía acerca de una pérdida de control [del mundo empresarial] sobre el conjunto de la sociedad. Desde allí inició un proceso de desmonte del estado de bienestar en el mundo democrático, puesto que para estos grupos de control el hecho de que el ciudadano asuma su conciencia y se pronuncie con su palabra representa una complejidad que no resulta lucrativa. 

Para el progresismo el ciudadano es un principal de la sociedad, que no puede estar subordinado a las personas jurídicas [empresas], que tiene libre albedrío y por lo tanto es responsable de sí mismo. Es por eso que hay esferas inviolables del individuo como la intimidad, el cuerpo y las creencias. 

En cuanto a la intimidad, el ciudadano se contrapone a la vigilancia indiscriminada de los gobiernos autoritarios, por considerar que la intimidad de la persona es un bien tan preciado que está por encima de, por ejemplo, alegatos de seguridad nacional. Entre las luchas derivadas del cuerpo el progresismo acoge las luchas del feminismo y de las minorías sexuales, que reclaman que debemos dejar el cuerpo por fuera del enfrentamiento político, situación que se materializa en el derecho al aborto, la eutanasia o el cambio de sexo, por 
ejemplo. Estos reclamos hieren la sensibilidad de sectores reaccionarios de la sociedad que creen tener el derecho legítimo de controlar la esencia del semejante por medio de la política.

El progresismo reclama también la libertad de creer, o de no creer. Es una de las demandas básicas y se materializa en el hecho de que el estado esté libre de la autoridad eclesiástica, para que no se interfiera con dogmatismos en las políticas públicas. En cambio, se promueve que la sociedad sea guiada por la 
razón crítica y no por la fe. 

En lo económico el progresismo ha sido calumniado hasta el cansancio y se le señala, entre otras cosas, de ser un sistema que busca estatizar la economía mientras se contrapone al libre mercado, lo cual es falso. Oponerse a que el mercado se erija como un valor supremo no es equivalente a condenar el libre mercado, más bien lo que se pretende es que la economía esté subordinada al bienestar social. Mientras que para el neoliberalismo el desarrollo de una sociedad se mide con las cifras económicas, el progresismo mide una sociedad por los indicadores sociales, que muchas veces no son lucrativos, al menos no a corto plazo. La crítica al progresismo se fundamenta prácticamente toda sobre este punto.

Por la vía del “atraso” algunos sectores lo vinculan al aparato colonial, pues el progresismo muchas veces deriva en oponerse a las maquinarias extractivistas, que conciben la dinámica económica como una acción de saqueo. Los enemigos aprovechan esto para señalar un supuesto freno al desarrollo, cuando de lo que se trata es de lograr una economía sustentable por oposición directa a las economías extractivistas, que no piensan en el mañana. Para el progresismo el valor ecológico de un territorio está muy por encima del valor mercantil que puedan alcanzar sus recursos arrancados. 

Otra mentira muy frecuente consiste en equiparar progresismo y socialismo. Básicamente las distancias están en que el progresismo se aparta del leninismo ortodoxo en el sentido de la 
violencia revolucionaria, a la que considera nociva, y de ningún modo se plantea el control de los medios de producción por parte del estado, si bien es cierto que hay un papel muy fuerte de éste que pudiera ser señalado como paternalismo. Pero esta crítica carece de fundamento toda vez que es 
lanzada por sociedades desbocadas en guerras comerciales y proteccionismo económico. 

Ciertamente la encrucijada del progresismo está en demostrar que hacer las cosas bien puede derivar en el éxito económico mientras se sostienen en equilibrio situaciones tan fundamentales como la vida del planeta. 

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