El efecto Streisand, la mejor manera que algo se vuelva viral: prohibirlo 

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El Shabbat



El concepto del efecto Streisand fue acuñado por Mike Masnick, un popular bloguero de la tecnología estadounidense, para describir los furibundos intentos de Barbara Streisand de eliminar fotos de su casa de Malibú colgadas en Internet.


Hablar de libertad de expresión y de censura en Colombia es pan de cada día; de diversas maneras quieren callar toda manifestación o expresión que sea diferente. Ejemplos abundan, voy a citar dos casos. El abogado Abelardo de la Espriella demandó por injuria al caricaturista Nadín por una caricatura genial que hizo de su vestuario. El otro fue el mural que borró el Ejército en Bogotá sobre los ‘Falsos Positivos’. Estos dos casos ejemplifican el ‘efecto Streisand’. Quisieron censurar y terminaron haciendo lo contrario: todos salieron en masa a compartirlas. Por qué sucede: pocas cosas hay más efectivas para lograr que un contenido se difunda en Internet, que intentar borrarlo de todas partes.

Si estás familiarizado con las leyes de Internet, sabes que el efecto Streisand es el fenómeno por el cual un intento de remover o censurar un contenido determinado tiene como consecuencia la difusión mucho más amplia de esa información.

El nombre tiene como origen el caso de unas fotografías de la casa de Bárbara Streisand, tomadas en el año 2003, su intento de suprimirlas y la posterior difusión de éstas hasta hacerse imposible eliminarlas de la red. Streisand demandó al fotógrafo (Kenneth Adelman) por violación de su privacidad. Para el momento en que se presentó la demanda, la fotografía (tomada para documentar la erosión costera de la zona de California donde estaba ubicada la casa) había sido descargada sólo siete veces, dos de ellas por los propios abogados de Streisand; un mes después de presentarse la demanda, más de 420.000 personas habían visitado el sitio web.
El miedo a perdernos algo de lo que los demás están hablando, nos hace buscar automáticamente el contenido restringido.

Otros casos célebres del efecto Streisand incluyen el intento de la Iglesia de la Cienciología de eliminar un video de Tom Cruise a través de un reclamo de copyright, que resultó en la creación de una campaña completa anti-cienciología (el Proyecto Chanology), o la decisión de la Corte Suprema del Reino Unido de bloquear acceso a la Bahía Pirata, que incrementó su número de visitantes en 12 millones.

Este efecto no se restringe sólo a Internet: es bien sabido que la manera más efectiva de disparar las ventas de un libro es censurarlo, como ha sucedido con libros como “Persépolis” o la saga de “Crepúsculo.”

En el nivel más básico, los seres humanos presentan un grado natural de curiosidad, que al verse reprimido por el intento de censura y combinarse con el miedo de perderse algo de lo que los demás están hablando, nos hace buscar automáticamente el contenido restringido.

 

Prohibir en internet

El concepto del efecto Streisand fue acuñado por Mike Masnick, un popular bloguero de la tecnología estadounidense, para describir los furibundos intentos de Barbara Streisand de eliminar fotos de su casa de Malibú colgadas en Internet.

Al parecer, dichas fotos, tomadas por un fotógrafo amateurs, documentaban la erosión de la costa, en el marco del California Coastal Records Project. Las fotos no causaron demasiado impacto… hasta que Streisand presentó una demanda de cincuenta millones de euros. Miles de blogueros, por solidaridad, colgaron las fotos.

Streisand había declarado la guerra al sentir popular y a Internet en general, y el asunto que quería ocultar se convirtió en uno de los más controvertidos del momento. Probablemente, si Streisand no hubiera hecho nada, el desliz habría pasado sin pena ni gloria. El experto en Internet Evgeny Morozov lo explica así en El desengaño de Internet:

Cuando los costes de traficar con información, ya sea económicos o para la reputación, son demasiado elevados, existen escasas oportunidades de propagarla, y es imposible que el efecto Streisand socave la circulación de información oficial. Pero cuando casi todo el mundo tiene acceso a medios baratos de autopublicación, así como de ocultar la identidad, el efecto Streisand se convierte en una amenaza real.

Naturalmente, el efecto Streisand es poderoso contra las prohibiciones, pero todavía lo es más contra la censura indirecta: no me gusta que escribas sobre esto, lo que has escrito me ofende y por tanto debes retirarlo, lo que escribes hace daño a mucha gente, soy de la asociación X y has ridiculizado la asociación X, deberías escribir de otras cosas porque pareces un obseso, y un largo etcétera que fácilmente se resuelve con un: vete a leer otras cosas que te gusten y/o las cosas no son inmorales o inadecuadas porque a ti te molesten, porque tu umbral de molestia no define la moral, sino lo fina que tienes la piel y lo difícil que es convivir contigo.

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