Opinión

El Discurso Oligarca: La legitimidad y validez

Por Martha Elena Rangel

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¿Qué hacía Dios antes de crear el mundo? Martín Lutero replicó: “Se había sentado bajo un abedul cortando varas para quienes hacen preguntas impertinentes”

Daniel J. Boorstin

 

La de cualquier , depende de la idea de que se genere en la mente humana. Si Lutero en los tiempos modernos contesta de esa forma, un irreverente muchacho, de esos que existen hoy en día, y que me fascinan, le hubiese contestado rápidamente: “Pero cómo, si no había creado el abedul.” Pobre de Lutero porque lo obligarían o a mejorar el argumento o a callar al impertinente a punta de chancleta.

La ingenuidad continúa y a nosotros nos siguen engañando, enajenando y embobando a punta de carreta. Esto quiere decir mis queridos contertulios, que el poder de la palabra depende de quien tiene los medios, las facultades y las posibilidades de vender masivamente un sueño, una creencia y una intencionalidad. Examinemos pues, el discurso colombiano.

Son tres los ejes del mal que permiten la vigencia de este tipo de discurso, a pesar de la realidad en que vivimos: El miedo al cambio, el deseo burgués de seguridad y la idea de progreso.

 

MIEDO AL CAMBIO

No sé si reírme o llorar cuando escucho o leo a los expertos en liderazgo y a los Couching espirituales, cuando hablan del cambio.  En últimas, y después de tanta tinta y papel mal gastado, inferimos que el líder es aquel que genera cambios, que busca nuevos caminos, o el que explora lo desconocido. Algo así como un osado descubridor. Si  se analiza bien la imagen que acompaña este escrito, un líder puede saltar a otra pecera de la misma forma y del mismo tamaño. Esto quiere decir que fácilmente se puede pasar de líder a enemigo, si se cuestiona el orden, la forma de la pecera, etc. El establecimiento y la oligarquía de turno, siempre ha matado a sus pensadores, a los que se permiten la posibilidad de superar el miedo y cuestionar lo establecido. La historia lo demuestra, lea usted el juicio a Sócrates, a Galileo, a Mandela,  el asesinato a  Gaitán y a todos nuestros defensores de derechos humanos ultimados a balazos o encarcelados, torturados y maltratados.

 

SEGURIDAD BURGUESA

 Desde que nos vendieron sabiamente, digo yo, que es mejor malo conocido que bueno por conocer, nos aferramos tercamente a lo que a diario conocemos. Poco a poco reproducimos tercamente el estamento, el sistema y el orden. Nunca he escuchado, en mis largos años de docencia, a una mamá que dijera que deseaba a un hijo libre, dedicado al servicio de la humanidad, de una causa o de un sueño. Por el contrario, lloraban a mares porque el muchacho o muchacha, no eran “juiciosos/as”. Al revisar el concepto social de “juicioso”, encontramos toda clase de adjetivos: Amable, conforme, comedido, útil, limpiecito, bien peluqueado, etc. Todo lo demás raya con la vagancia y la desgracia. El mejor ejemplo: Miguel Polo Polo. Da grima ver como los periodistas y los políticos colombianos utilizan al mico. Es digno de exponer por ser un bicho raro.

La seguridad burguesa nos vende el sueño de ser jubilados y viajar por el mundo, de gozar la vida una vez usted se haya partido el lomo, ahorrando y aguantando abusos, todo porque se debe gozar de los placeres después de los sesenta años. Nadie le dice que tanto sacrificio le pasa la factura. Cuando tenga para comprar langosta ya el ácido úrico no le permite comérsela. Años enteros dedicados a mejorar su futuro a costillas del que con menos suerte, no logra acceder a la libre competencia. Al desarrapado, al mísero, al desamparado, se le dice que no se preocupe, sus hijos lograrán lo que le fue negado, gracias al progreso que le ofrece Betico Bernal. Ahora entendemos por qué trabajar y trabajar, evita el embarazo adolescente. Ocioso que es  uno.

 

 PROGRESO

 Fue Carlos Marx el que desnudó la injusticia que existía en el concepto de “progreso”. Los sociólogos le denominan proceso de adaptación. En últimas quiere decir que aguante la miseria que sus herederos sabrán agradecerlo. En torno a esta máxima se basa el trabajo, el sacrificio y los seguros de vida.

Muérase que sus herederos sabrán agradecerle. El concepto de progreso bien utilizado, acaba con toda posibilidad de protesta. Todo en este mundo debes ganártelo: La salud, la educación, la justicia, la jubilación  y el bien estar. Pero para lograrlo, se debe callar la conciencia. Es normal ver a otros sufrir, es normal que otros sufran el analfabetismo, es normal que otros no lo logren, solo tú eres el dueño de tu existencia, debes luchar por sobresalir, lamber, arrodillarte, venderte y adular a los que están arriba. Tal vez y solo tal vez te consideren útil a sus propósitos y compartan tus migajas. Hágalo que si a Turbay Ayala le dio resultado, por qué a usted no.

La idea de progreso individualista y competitivo, se opone a la concepción filosófica de Derechos Humanos: Los derechos humanos son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, o cualquier otra condición. Todos tenemos los mismos derechos humanos, sin discriminación alguna. (Google)

Colombia se suscribió alegremente, pensando que esos tales derechos, operaban para el régimen vigente y en la segura concepción que la ley es para los de ruana, jamás para sus dirigentes que han tenido que acudir a la guerra, las masacres y la injusticia para mantener el poder que tanto asegura el buen vivir y el bien estar de los colombianos Qué dicen, seguimos el juego del discurso, o ¿saltamos de la pecera?

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