Perfiles

EL Conde De Cuchicute (Segunda Parte)

Viene de [EL Conde De Cuchicute (Primera Parte)]

Cumplidos los 20 años, en 1891, inició el regreso a Santander. En Nueva York quedó su novia irlandesa a quien le había pedido matrimonio y le advirtió que, si en un mes no había sabido nada de él, era porque se había suicidado. Posiblemente aquí comenzó su segunda crisis depresiva, a la cual se le sumaron una cantidad de inconvenientes que presentó en su viaje por el río Magdalena y el hecho de contraer paludismo; ambas patologías lo mantuvieron postrado en cama por varios meses. Una vez estuvo de nuevo en , lo atrapó la tristeza, se volvió inapetente y no deseaba tener contacto con personas, a pesar de las muchas manifestaciones de familiares y amigos por querer sacarlo de ese encierro.  

Es en esta etapa en la que empezó a dar vía libre a su ideación suicida que había hecho manifiesta al zarpar de Nueva York. Tuvo un primer intento de quitarse la vida con un revólver, pero milagrosamente su madre se dio cuenta y logró evitarlo. Sin embargo, la idea suicida siguió progresando en su mente y aunque pensó en otros métodos volvió a intentarlo con una misma arma; se encerró en su cuarto y él mismo describió así el suceso; “…Mi intención era matarme sin desfigurarme el rostro, porque, sépalo usted, yo era un hombre bien parecido, buen mozo y elegante. Me coloqué tras una mesa, para impedir que, al matarme, mi cuerpo cayera y se estrellara contra el suelo. Monté el revólver y procedí a pensar en el sitio más efectivo. Seguramente, por un movimiento nervioso e inconsciente, el revólver se disparó antes de lo que yo pensaba. El proyectil, rompiendo el maxilar superior, se colocó sobre la encía superior del mismo lado. No recuerdo yo sino la percepción auditiva de la detonación”. El resultado final fue la enucleación del ojo derecho que se lo reemplazaron por un ojo de vidrio, que trataba de disimular con un monóculo. Se cuenta que en las tertulias bogotanas de los años treinta decía que se había quitado un ojo “… para tener algún defecto, pues la humanidad no me soportaría sin alguna falla”. 

Continuó sumiéndose en una honda melancolía y se fue a vivir a la hacienda Cuchicute,  donde empezó a tener una angustia creciente que lo ponía a caminar incesantemente, y un día lo hizo por 12 horas seguidas, alrededor de una alberca (¿trema esquizofrénico?), para finalizar luego en un arrebato de locura, en el que destruyó a machetazos el teléfono que comunicaba la finca Cuchicute en Curití con la casa paterna en San Gil y luego prendió fuego a unos barriles de Hacienda Cuchicute (Foto obtenida de internet) aguardiente, ocasionando graves daños en la  destilería, que costaron 80.000 pesos de la época. Es decir, salió de una crisis depresiva e ingresó luego a una grave manía esquizofrénica.  Fue necesario que varios obreros lo detuvieran a la fuerza y lo ataran a un poste, de donde se soltó y luego de asestar un puñetazo a su vigilante, partió como una tromba hasta San Gil, donde fue detenido por la policía hasta que luego de unos días, logró calmarse. 

Posteriormente su padre decidió que lo mejor era que se fuera para Europa y que estudiara derecho en Francia. Envió también a sus otros tres hijos para que estudiaran idiomas, historia, música, los hombres, y modistería, piano y gimnasia las mujeres; como acudiente va José María. Llegan a París a mediados de 1896. José María internó a sus hermanos en diferentes institutos y él se dedicó a disfrutar de los placeres y a viajar por distintos países. Aprendió pronto el francés y formó parte del dandismo -movimiento inglés y francés nacido a finales del siglo XVIII, de la clase burguesa, formado por contestatarios, generalmente espadachines y refinados en el vestir, que usaban monóculo y sombrero de leva; para otros los dandis eran personas que se vestían muy bien, con prendas que llamaban la atención y por lo tanto tuvieron mucho que ver en la moda masculina-. Es posible que haya sido de este movimiento del que adquirió la forma de vestir de alguna manera llamativa y estrafalaria. 

En su estadía en Europa dedicó mucho tiempo también a la literatura, especialmente a la lectura de viajes y se cree que ese fue el origen de las fantasías, que contaba en las tertulias, de haber estado en Siam y en Filipinas. En el primero decía que había estado con la Princesa Titiana, a quien había enamorado y en Filipinas, refería que había participado en la guerra Hispano-Norteamericana, donde luchó a favor de España, razón por la cual le habrían premiado con el título de Conde. Otra versión sobre su título nobiliario es que se lo compró a un Conde español venido a menos. 

Posiblemente muchas de sus acciones en Europa correspondieron a hipomanías y manías moderadas y no hay datos de que en esa época haya tenido episodios de depresión significativa. Además del despilfarro, aparentemente también hubo maltrato hacia sus hermanos, acompañados de escándalo público, todo lo cual llegó a oídos de don Timoleón, quien además de confirmar la fuerte baja en la cotización del café (producto de exportación de la familia Rueda hacia el viejo continente) ordenó adelantar el viaje de regreso de los cuatro hijos hacia Colombia, en 1899, año en que se iniciaba la guerra de los mil días. Esta guerra fue otro factor de disminución en los ingresos de la familia, porque por ser liberales, fueron perseguidos y sus fincas asaltadas y saqueadas. 

Una vez regresó a Santander, en 1899 con 28 años de edad, se puso al frente de la administración de la hacienda Cuchicute. El 13 de mayo de ese año, estando bajo los efectos del alcohol, eliminó de una cuchillada a Domingo Rodríguez, un antiguo obrero suyo. Encarcelado, fue liberado muy pronto, pues los conceptos médicos certificaron que había tenido un episodio de locura y que durante el hecho no era dueño de sí. Entró luego en un periodo de depresión por varios meses, durante el cual tuvo otro intento para acabar con su vida, ingiriendo láudano. 

Cuando se recuperó de la melancolía, continuó con la administración de la citada hacienda, e inició un extenso periodo de manía que podríamos denominar positiva, pues puso a producir de manera muy eficiente la finca, cebando ganado, sembrando café y otros productos agrícolas con grandes ganancias, lo cual le sirvió para comprarle a su padre la finca La Meseta. Todo esto alternado con algunos episodios depresivos moderados y con insistentes peleas con don Timoleón, quien hacia 1901 inició un proceso de exclusión legal de la herencia paterna y en marzo del mismo año le confió la administración de sus bienes a Julio Laurens, esposo de Silveria, con el pretexto de que, como era de nacionalidad francesa, el gobierno respetaría más sus bienes. 

En 1902 y 1903 tuvo dos hijas, producto de una relación libre con una humilde mujer de nombre María Antonia Ortiz. Poco después falleció su madre y de sus bienes obtuvo una herencia avalada en 3 millones de pesos, cifra con la cual compró predios urbanos en San Gil y Socorro y más adelante, en 1905 se hizo a la finca Majavita en el Socorro, y luego a La Polonia y Valdepeñas en la misma población y El Jovito en San Gil. Se convirtió en el principal exportador de café de la región y más adelante fue socio fundador del Banco de San Gil y socio mayoritario de la Compañía Eléctrica Hispano- Colombiana del Socorro; contrató con la Western Electric Company de Nueva York, la instalación de una línea telefónica entre su casa en san Gil y la finca Majavita en el Socorro. Durante esta época tuvo muchos altibajos en su estado de ánimo, de los cuales se recuperaba espontáneamente, pero posiblemente predominaron los estados maníacos, porque la producción comercial y la acumulación de bienes en esa época, fue excepcional. Hizo varios viajes a Estados Unidos, Suramérica y Europa.

Se dedicó a la lectura y su biblioteca logró acumular alrededor de tres mil volúmenes, con libros en diferentes idiomas, español, inglés, francés, alemán e italiano y en temas como literatura, historia, política, filosofía, astronomía, geografía, agricultura y otras ciencias más. Empezó a tener pereza para ir personalmente a visitar sus haciendas, por lo cual contrató administradores o mayordomos, o como él los denominaba “visitadores generales”, a los cuales dirigía desde su casa, con instrucciones, las más de las veces escritas (verdaderas pastorales con citas de personajes y escritores clásicos, hechas en latín o en francés) y con quienes frecuentemente tenía altercados porque generalmente pensaba que lo estaban timando. 

Para esa época el administrador de las haciendas Majavita y La Polonia era Pedro Elías Gómez Uribe, con quien se mantenía en discordia porque los resultados de la producción de esas fincas no era la que esperaba. En una oportunidad, luego de una de las múltiples misivas cargada de recomendaciones, regaños y reclamos y de haberlo retado a duelo, José María decidió ir personalmente a tomarle cuentas a su mayordomo. Se encontraron el 15 de diciembre de 1913 en Majavita y en medio de alegatos y de acusarlo de ladrón, Pedro Elías sacó su revólver y le propinó seis disparos en el abdomen, que tuvieron al Conde ad portas de la muerte, pero afortunadamente fue eficientemente atendido por el doctor José María Rodríguez Piñeres, cirujano socorrano, quien logró sacarlo adelante. 

Luego de este incidente y de llenarse de enemigos, debido a su comportamiento que incluía frecuentes borracheras, escándalos, riñas, fiestas ruidosas y paseos por diferentes poblaciones a donde iba armando líos y lanzando tiros al aire, decidió arrendar sus propiedades y armar viaje nuevamente para el viejo continente. 

Desde 1904 hacía vida marital con Sara Gómez, con quien tuvo también 2 hijas y que lo acompañó durante 18 años de su vida. A finales de 1917 decidió partir con ella, las dos hijas de la primera unión y la mayor de la unión con Sara, hacia España. Durante el viaje su esposa ya se había dado cuenta de que el ánimo de José María estaba entrando en depresión. Se instalaron en Barcelona, pero su enfermedad siguió progresando y se empezó a acompañar de severas y mortificantes alucinaciones que hicieron necesario internarlo en un hospital psiquiátrico durante mes y medio, entre abril y mayo de 1918. 

Con su ánimo ya recuperado, en compañía de dos socios españoles, organizó la empresa “José María Rueda y Cía. Café Cuchicute”, dedicada a la importación y distribución por toda Europa de café colombiano. Además, con otros socios organizó una “Fábrica de Artículos Metálicos” en donde se fabricaban aldabas y cerraduras para puertas y ventanas y anunciadores para estaciones de tren entre otros. También consolidó otra sociedad con dos colombianos para la publicación del periódico “América en Europa”; en ese tiempo también fue colaborador del periódico Vanguardia Liberal de Bucaramanga. 


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