Salud

El azúcar, salud pública y manipulación científica



El Shabbat



Empieza a crecer el interés por saber qué pasa con el azúcar. La opinión pública quiere saber que hay detrás de toda la desinformación que se maneja alrededor de este producto tan usado por nosotros los humanos. El azúcar es quizá una de las sustancias que más se consumen en el mundo y ha permeado todas las culturas y sociedades. Se calcula que se consumen más de 97 mil toneladas de azúcar al año. Y los países que más consumen azúcar son: India, Unión Europea, Brasil, Estados Unidos, China, Rusia, México y Pakistán.

Las alarmas están encendidas y el mundo parece estar despertando del letargo que dejaron algunos científicos en la década de los 60 para minimizar el vínculo del azúcar con las enfermedades cardiacas y girar la mirada hacia las grasas saturadas como las culpables. La ciencia no es la primera vez ni será la última en verse involucrada en oscuros asuntos y más si estos asuntos tienen que ver con sumas astronómicas de dinero. Porque en las condiciones actuales, y quizá desde siempre, el dinero se instaló como el rey de los humanos. Así las cosas el panorama mundial en general, y el nacional en particular, no tiene muchas opciones de cambio.

El diario neoyorquino más influyente del planeta, esto es, el New York Times ha empezado a publicar una serie de artículos para ayudar a que el debate sea más público y concienzudo. Las conclusiones no pueden ser más desalentadoras. Una industria que es capaz de comprar a los productores de conocimiento y por ende de opinión para vender más y mejor, es una industria perversa, que puede encajar perfectamente en teorías de conspiración.

Los documentos internos de la industria azucarera, descubiertos recientemente por un investigador en la Universidad de California en San Francisco y publicados el lunes en la revista especializada JAMA Internal Medicine, sugieren que cinco décadas de estudios acerca de la relación entre nutrición y enfermedades cardiacas, incluyendo muchas recomendaciones actuales de nutrición, pueden haber estado moldeadas por la industria azucarera durante largo tiempo.

“Fueron capaces de desviar la discusión sobre el azúcar por décadas”, dijo Stanton Glantz, un profesor de medicina de la Universidad de California en San Francisco y autor del artículo de JAMA Internal Medicine.

Las pruebas que hay y que fueron puestas a consideración del público recientemente indican que el grupo comercial Sugar Research Foundation, conocida en estos momentos como la Asociación Azucarera, pagó a tres prestigiosos investigadores de Harvard de la época el equivalente de 50 mil dólares para publicar una revisión de los estudios sobre el azúcar, la grasa y las enfermedades cardiacas. La táctica fue muy simple, buscaron un enemigo público para señalar y así salir indemnes de la situación y seguir facturando a sus anchas, sin permitir que la sociedad civil, los médicos y todos los grupos interesados en la salud de la humanidad pudieran tener la información adecuada para tomar decisiones.

Pero la cosa no termina ahí, pues aunque parece un escandalo del pasado lo cierto es que la industria azucarera sigue haciendo lo mismo y no solo en el epicentro de la ciencia, es decir Estados Unidos, sino en todo el mundo. La ciencia de la nutrición sigue influenciada por la Asociación Azucarera.

El año pasado, un artículo en The New York Times reveló que Coca-Cola había otorgado millones de dólares como financiamiento para investigadores que deseaban minimizar la relación entre las bebidas azucaradas y la obesidad. En junio, la Associated Press informó que los fabricantes de dulces estaban financiando estudios que aseguraban que los niños que comían dulces tendían a pesar menos que aquellos que no lo hacían.

Todo parece estar cuadrado, la industria o las grandes corporaciones dominan el mundo y nombran a sus alfiles para hagan las jugadas que ellos necesitan que hagan. “Los científicos de Harvard y los ejecutivos azucareros con los que colaboraron ya no están vivos. Uno de los científicos que recibió dinero de la industria azucarera era el Dr. Mark Hegsted, quien se convirtió en el director de nutrición del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, donde ayudó a esbozar en 1977 el documento predecesor de las normas alimentarias del gobierno federal. El otro era el Dr. Frederick J. Stare, el jefe del Departamento de Nutrición de Harvard.” Economía, Política y Ciencia en ese orden de jerarquía. Y la salud de los millones de personas que pueblan el planeta no tiene ninguna importancia.

Cuando se le pidió una respuesta a la Asociación Azucarera se limitó a defenderse y a decir que la industria azucarera ha aportado elementos fundamentales al debate sobre la salud pública: <>

El debate es importante, pero pedimos la información más veraz posible y como ciudadanos también debemos investigar y tratar de hallar maneras para optar por la mejor decisión, pero como estamos en este momento donde las investigaciones de la ciencia están parcializadas es complicado tener un panorama completo del asunto. Nos dijeron que el enemigo público de la salud eran las grasas saturadas, y así nos indujeron de una manera sutil a utilizar más azúcar.

“La industria hizo algo muy inteligente, pues las revisiones de estudios, especialmente si logras publicarlas en una revista importante, tiende a marcar la discusión científica general”, dijo el Dr. Glantz.

Para cerrar este aporte al debate sobre el consumo de azúcar, como ya dijimos una de las sustancias más consumidas por la humanidad, vamos a citar unas palabras escritas por Alejandro Gaviria el ministro de salud de Colombia:

“La relación entre ciencia y política es compleja. La evidencia científica es difícil de totalizar. Un estudio dice hoy una cosa y mañana otro dice la contraria. Adicionalmente muchos estudios son hechos a la medida de un interés particular. La medicina moderna sufre una crisis de la evidencia que dificulta el discernimiento entre hechos genuinamente científicos y opiniones por encargo travestidas de cientificidad.

Ronald A. Fisher, uno de los padres de la estadística moderna, quien dejó incluso una impronta en nuestro lenguaje–muchos hablan casi a diario de “significancia” para transmitir la idea de relevancia o importancia– defendió por décadas los intereses de la industria tabacalera y negó sistemáticamente cualquier conexión entre el cáncer de pulmón y el consumo de tabaco. Su prestigio como científico sigue intacto. Su ética como investigador no ha resistido el juicio de la historia.

Más allá de los conflictos de interés, de la crisis de la evidencia, las decisiones públicas deben tener en cuenta la totalidad de la evidencia, el análisis de los análisis, las conclusiones de las conclusiones. O al menos, deben basarse en un conjunto representativo de publicaciones.”

Y debemos seguir atentos este debate que tanto interés tiene para el conjunto de la población, pues parece muy poco probable dejar el azúcar añadida de la noche a la mañana pro sí saber que hay uno niveles recomendados por las organizaciones de la salud que no hay que sobrepasar.

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