Alemania

El asesinato de un político local alemán pro migrantes es festejado con inquina en las redes

MARÍA-PAZ LÓPEZ | BERLÍNBERLÍN. CORRESPONSAL

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Walter Lübcke murió de un disparo en su terraza; la policía no tiene móvil e investiga “en todas direcciones”

El asesinato del político local ocurrió el pasado fin de semana, pero mientras la policía alemana investiga sin vislumbrar motivos y sin tener sospechosos, el crimen está siendo vergonzosamente festejado por la ultraderecha en las redes sociales. Motivo: el democristiano Walter Lübcke, de 65 años, presidente del distrito de Kassel, en el centro del país, se había distinguido por su defensa de los refugiados, y ya en el pasado había sido objeto de campañas de odio. La inquina en Facebook y Twitter contra el difunto ha merecido la condena pública del presidente federal, Frank-Walter Steinmeier. Los que así se comportan ante el terrible suceso son “cínicos, carentes de tacto, abominables, y odiosos en todos los aspectos”, dijo Steinmeier el miércoles en un acto en Dortmund.

Walter Lübcke cayó asesinado en la noche del sábado al domingo de un disparo de bala de pequeño calibre a la altura de la oreja derecha, cuando se hallaba en la terraza de su casa en Istha, un pueblo a 20 kilómetros de Kassel. El arma homicida no fue hallada, y la hipótesis del suicidio ha sido excluida de ­inmediato.

No hay indicios de que la acogedora actitud de Lübcke hacia los refugiados haya tenido un papel en el crimen

“No tenemos móvil, y estamos investigando en todas las direcciones”, dijo el lunes en rueda de prensa Sabine Thurau, jefa de la policía regional del land de Hesse, que ha puesto a la familia del asesinado bajo protección policial. Una veintena de agentes se esfuerzan por encontrar pistas, y han pedido la colaboración ciudadana. De momento les han llegado algunas grabaciones de ambiente de un cercano parque de atracciones.

Walter Lübcke, que ejercía actividad política en la CDU desde ­hace 35 años, llevaba un decenio como presidente del distrito de Kassel (el cargo se denomina Regierungspräsident), una autoridad administrativa intermedia entre el land de Hesse y los Ayuntamientos, que cuenta con un millar de funcionarios. Lübcke también había sido parlamentario regional.

En octubre del 2015, apenas dos meses después de que la canciller Angela Merkel decidiera abrir las fronteras de a decenas de miles de refugiados sirios e iraquíes, Lübcke, un hombre de profundas convicciones cristianas, los defendió en un acto público, emplazando a los alemanes a irse del país si no compartían esos valores solidarios. El vídeo se hizo famoso. “Quien no represente esos valores, quien no esté de acuerdo con ellos, puede abandonar el país cuando quiera; esa es la libertad de todo alemán”, espetó, encarándose con las actitudes de la extrema derecha. Le llegaron entonces amenazas de muerte, y alguien difundió la dirección de su casa, por lo que tuvo protección policial durante un tiempo.

Hasta ahora, según la jefa de policía Thurau, no hay indicios de que la acogedora actitud de Lübcke hacia los refugiados haya tenido un papel en el crimen. Pero el asesinato ha provocado alborozo en ámbitos de la extrema derecha, desde el Movimiento Identitario a los llamados Reichsbürger (ciudadanos del Reich), que se niegan a aceptar la autoridad de la República Federal. “El parásito del pueblo ha sido ejecutado”; “A cada uno lo suyo”; “Culpa suya, nada de piedad, esto le ocurrirá a Merkel y a otros así”, son algunos de los comentarios que pululaban en las redes sociales.

Un cargo público local de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) hizo un comentario jocoso sobre la muerte de Lübcke, pero la autoridad regional del partido corrió a rechazarlo.

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