Cultura

Educación en Colombia: ¿una vana epopeya?     

 Por Diana Marcela Mejía Granados 

El mundo se mueve en la misma dirección. Ovacionan incansablemente al personaje exitoso que en breve se convirtió en aquel empresario (o polítiquero) que para envidia de su tía ahora vive en los jardines de la estratosfera, que recorrió el mundo en menos de 6 meses y que además muda de carro como de eau de parfum. En cambio, a otros como usted que quizá SI merece ser llamado Doctor porque sudó con brío y obstinación cuatro añitos de su historia (o más) simplemente para explicar aspectos tan “triviales” de su tesis llamada: análisis geométrico de los nidos construidos por los Ptilonorhynchidaes o La consustancialidad de género, clase y raza en siglo XXI, o Determinando la tenacidad a la fractura del acero API-5L-X80.

Muchos usarían la expresión de mi amiga paraguaya: ¿me estás rompiendo las bolas? ¡Eso no sirve para nada! Otros acrecentarían: pero mijo/mija usted a que más se dedica, no tiene un trabajito como más seriecito? Grosso modo, todo esto parece insípido y extremamente aburridor. Pero no.

Toda esa carreta “sin sentido” de los profesores y demás académicos que tal vez se encuentra a kilómetros de su interés tiene una envergadura inimaginable. Ese smartphone que está usando para leer este texto, el yogur Activia que consume todas las mañanas para ayudarlo a evacuar y dejarlo más leve, el sistema de frenos abs, la dirección hidráulica y el etanol con que abasteció su carro fueron consecuencia de años de estudio e investigación.  

Estamos viviendo en un país donde la que ya se encuentra bastante resquebrajada está siendo demolida a los pocos por culebreros de saco y corbata cuya única es la del pánico, de la manipulación y del odio.

Lo que buena parte de esos taimados quiere es un estado con acceso limitado a la alfabetización y por consiguiente a la educación secundaria y ni que decir de la superior. Entonces llegó el momento de tomar una postura consciente y corregir nuestros derroteros sobre el país que merecemos.

Intentemos abrir los ojos y fijarnos que gran parte del desarrollo de una nación está íntimamente ligado al nivel de formación de los ciudadanos que la componen. A usted, señor agricultor, trabajador independiente, madre cabeza de hogar, niño, niña, artista, médico, estilista, influencer, quiero decirle que nunca es tarde. Démonos una oportunidad. Escuchemos e intentemos aprender algo en vez de sentenciar la educación como una apuesta poco útil.

Atrevámonos a confiar en los líderes que reconocen el potencial de su gente y proponen una menos negligente. Apoyemos el gobierno transparente y conciliador. Paremos de auto agredirnos pensando que el país saldrá adelante si nos dejamos seducir por el vil billete y nos dejamos comprar el voto por las mafias corruptas de pequeño porte.

Si mi querida abuela Lola que nació en la década del 30 la tenía clara y constantemente me decía: ojalá hubiera tenido la oportunidad de pisar una escuela para demostrarle a todos que no tengo límites, nosotros que tenemos acceso a tantas facilidades de aprender, busquemos las oportunidades de fortalecer nuestra educación. Creamos. Seamos parte de la solución eligiendo bien y no perpetuemos el problema. 

Nota: las tesis mencionadas son reales y han contribuido a la comunidad científica a entender la dinámica de algunos intrincados procesos sociales, mecánicos y biológicos.

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