Las esclavitudes modernas. Nuevas cadenas 

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Por Alexander Quiñones Moncaleno
@aqmoncaleano

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Las condiciones de vida de los seres humanos han mejorado o empeorado, todo depende de los artefactos que utilicemos para medirlo. Un hombre en la Edad Media moría pronto, y un hombre en estos momentos del devenir histórico puede fácilmente vivir hasta los 90 años. En algunos países esto es más probable que en otros, e incluso esta situación varía de una región a otra en un mismo país. Pero en términos generales ¿podemos afirmar que estamos mejor que hace cien o docientos años?

Para un hombre que vive en departamentos como La Guajira, Vaupés, o Chocó, la situación no parece ser muy diferente a la de un hombre de la cité inglesa o francesa del siglo XVII, en las que no se disponía de los que llamamos ahora servicios públicos esenciales. Y es así como sucede también en los departamentos mencionados.

Colombia es un país pobre, con enormes problemas de desigualdad, guerra y, sobre todo, corrupción. Corrupción que quieren tapar con muertos, violencia y mano dura. Pero de eso no es de lo que vamos a hablar ahora.  Queremos referirnos a los “empleos” de los que viven millones de colombianos que no alcanzan a entrar en la categoría de trabajos dignos.

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Los colombianos que se dedican a manejar taxis se cuentan por millones, la gran mayoría de ellos sin la posibilidad de acceder a una pensión o tener seguro médico. Mujeres u hombres que se suben a un vehículo por doce horas diarias y que, como ellos mismos dicen, cuando se montan al taxi ya arrancan debiéndole al patrón 40 o 50 mil pesos, según el genio o  espíritu de su jefe; no hay reglas claras al para que estos individuos ejerzan sus trabajos. Ahora entraron en esa misma franja las personas que trabajan en Uber, y aún peor los que trabajan para Rappi. Es una verdadera guerra del centavo que no les permite pagar seguridad social, ni nada que se le parezca. Jóvenes y no tan jóvenes queriendo ganarse un par de centavos diarios.

Lo grave del asunto es que todo esto pasa con la connivencia del Estado, que no es capaz de generar reglas claras, y ni siquiera le importa. Los individuos son explotados con la complicidad de un Estado déspota y corrupto: hay tantos problemas que lo que hagan los taxistas, los rapitenderos o los socios Uber es insignificante. Y los dueños de estas plataformas y gremios son tan poderosos que casi nada hay que hacer contra ellos.

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El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) identifica múltiples carencias a nivel de los hogares y las personas en los ámbitos de la salud, la educación y el nivel de vida. Utiliza microdatos de encuestas de hogares, y, al contrario que el Índice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad, todos los indicadores necesarios para calcularlo deben extraerse de la misma encuesta. Cada miembro de una familia es clasificado como pobre o no pobre en función del número de carencias que experimente su hogar. Estos datos se agregan (por ejemplo a nivel nacional) para conformar el indicador de la pobreza multidimensional. El IPM refleja tanto la prevalencia de las carencias multidimensionales como su intensidad, es decir, cuántas carencias sufren las personas al mismo tiempo. También se puede utilizar para hacerse una idea general del número de personas que viven en la pobreza, y permite realizar comparaciones tanto entre los niveles nacional, regional y mundial como dentro de los países, comparando grupos étnicos, zonas rurales o urbanas, así como otras características relevantes de los hogares y las comunidades. El IPM ofrece un valioso complemento a las herramientas de medición de la pobreza basadas en los ingresos.

En el Informe sobre Desarrollo Humano de 2015 se presentan estimaciones para 101 países en desarrollo que, en total, suman 5.000 millones de personas (el 75% de la población mundial). De los países analizados, aproximadamente 1.500 millones de personas, es decir, el 29% de su población total, vivieron en situación de pobreza multidimensional entre 2005 y 2014. No hemos podido incluir otros países por falta de datos. No había datos comparables disponibles sobre cada indicador para otros países en desarrollo. También se decidió no usar datos de encuestas realizadas antes de 2005.

Identificando esto podemos decir que las carencias de millones de personas alrededor del mundo, en general y en nuestro país, en particular, son inmensas. El número de personas sin pensión, salud, educación de calidad, y servicios públicos es inmenso.

A Colombia la acaban de nombrar como la nación más desigual de la zona. Y todo indica que no hay intenciones de salir de ahí. Claro, somos quizá el país con más pobres de la región y con mayor número de esclavos modernos que deben sobrevivir con menos de tres dólares diarios. No hay modo de que un colombiano que viva de la manera tan precaria como lo permite lo que gana un rappitendero, logre mejorar su calidad de vida y la de los que viven a su alrededor. 

Las son tan perversas como las de antaño, ancladas a las expresiones humanas que no terminan por desaparecer sino que logran quedarse y mutar de maneras más poderosas y difuminadas.

no critiques, crea

1 Comentario

  1. Buena informacion. El sistema capitalista arrasando al mundo, inclusive en su propio corazon: usa. Una brecha desivual impresionante. La supremacia blanca apoyados de religion , buena estrateguia para convencer a las masas

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