Dossier Coca

Conociendo el País, las diversas caras que hay: Coca



El Shabbat |



Por Alexander Quiñones-Moncaleano


Colombia es un país diverso, multiforme, que tiene una infinidad de miradas, personalidades, culturas y estructuras sociales que en muchas ocasiones desconocemos, o nos hacemos de ojos ciegos y nos negamos a reconocer lo multiforme y grandioso que es el país, así ese multiverso lo tengamos al frente, representado por nuestros vecinos.


 

Hay muchos ejemplos de desconocimiento del otro, ese otro que al fin al cabo es quien me ayuda a estructurarme, a confrontarme. Pero no lo alcanzamos a sentir, a saber de esa manera directa que es una de las formas fundamentales de acceder al conocimiento: sentir y experimentar. En este caso esta experiencia vendría dada con el hecho de viajar y recorrer el país, pero no solo los grandes centros turísticos, sino esa parte de Colombia que quizá nos da miedo recorrer, ya sea el sur o los extremos de oriente y occidente. Incluso, tal vez solo sea necesario tomar un bus y salir hacia la periferia de la ciudad.

Sin embargo, acá queremos centrarnos en hablar de ese país que el Estado colombiano ha criminalizado, perseguido, desplazado y asesinado, sin ninguna contemplación. Esa parte de pueblo que la mayoría de colombianos ignoran y estigmatizan. Hay un pueblo en Colombia que vive de un cultivo, mejor, subsiste de los ingresos que deja ese cultivo.

Vamos a hablar del cultivo de coca. Un cultivo que desde el año 2000, cuando entró a implantarse el famoso Plan Colombia, empezó a fumigarse por aire con N-fosfonometilglicina, C3H8NO5P, mejor conocido como glifosato. El glifosato es el componente activo del herbicida más vendido del mundo: Roundup, que ha sido desarrollado por Monsanto y es uno de los productos que mayores beneficios le genera a la compañía. Millones de hectáreas de tierras de cultivo, e incluso parques y aceras, se fumigan con Roundup cada año para eliminar las llamadas “malas hierbas”. Y acaba llegando también a los productos con los que nos alimentamos.

El glifosato está en nuestros parques, cultivos y alimentos y ha sido catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “probablemente cancerígeno para el ser humano”. Ante este anuncio de la OMS, que pone en riesgo su lucrativo producto, Monsanto está ya tratando con todos sus medios de desvirtuar el estudio. No obstante, los gobiernos y autoridades mundiales deberían escuchar las evaluaciones de la OMS muy en serio y definir ya una hoja de ruta para actuar. Es necesario que se adopten rápidamente medidas de precaución para preservar nuestra salud y el medio ambiente.

A este producto han estado expuestos directamente los campesinos colombianos durante años en el Cauca, Norte de Santander, Nariño, Vichada y hasta en la Sierra Nevada de Santa Marta. Pero aparte del glifosato están las fuerzas del Estado utilizando la fuerza para perseguirlos, los paramilitares, narcos y guerrillas para explotarlos, asesinarlos y en muchas ocasiones desplazarlos. Hace pocas semanas nos sacudió la noticia de que la fuerza pública masacró a siete campesinos y no les bastó con esto sino que además la comisión que llegó al lugar a investigar la masacre también fue recibida a fuerza de fusil.

Muchos colombianos se preguntan por qué estos campesinos no se dedican a cultivar otros productos, se preguntan por razones válidas, para intentar comprender la situación del campesino; sin embargo, en numerosas oportunidades esas preguntas ya tienen respuesta, y sugieren que el campesino busca el modo fácil de vivir. Pero la realidad es más compleja de lo que se pueda observar a simple vista o razonar sin toda la información sobre el tema. Por ejemplo, es importante darse cuenta de que los municipios donde más se cultiva coca están en regiones olvidadas del Estado, regiones donde la infraestructura vial es insuficiente, deficiente y en algunos caso inexistente, donde no se encuentran todas las comodidades y desarrollos que existen en regiones arroceras o bananeras. Eso no es casualidad.

Si la manera de subsistencia por parte del campesino es la coca hay muchos motivos subyacentes. Entre otras cosas, la facilidad de cultivar este arbusto, de almacenarlo, de transportarlo. En algunas ocasiones lo hacen obligados por las fuerzas criminales que rigen la economía en esas regiones. Pero no nos olvidemos que también el Estado los obliga, pues no garantiza los derechos fundamentales y los medios de producción para dedicarse a una economía legal.

Quiero volver sobre un punto importante: la coca es una mala hierba, un arbusto que crece casi sin cuidado alguno, a diferencia de otros cultivo que necesitan herbicidas, abonos y mucha mano de obra, los cultivos de coca crecen solos. El campesino común y corriente recoge y transporta en un día entre veinte y treinta kilos, que puede llevar consigo en un morral o costal, a diferencia de otros cultivos. Por un kilo de hoja de coca están pagando 3 mil pesos largos… Invito a los colombianos que critican a estos campesinos a que hagan cuentas teniendo la información un poco más detallada antes de emitir juicios.

Hace unos días Estados Unidos salió a decir que Colombia estaba aumentando su producción de coca, y parece que es muy cierto: sólo en Tumaco hoy, 31 de octubre de 2017, hay más de 16 mil hectáreas de cultivo de coca, que fácilmente podrían llegar a 29 mil hectáreas. Pero lo que no dicen los Estados Unidos es que el consumo allá en su suelo está disparado. Éste es un asunto económico, que se regula como se regulan todos los mercados y mercancías: oferta y demanda. No somos los únicos responsables del crecimiento de cultivos en nuestro suelo, mientras haya quién compre, y además en dólares y a un excelente precio, el cultivo seguirá disparándose.

Por lo pronto invito a los colombianos a conocer las necesidades de sus paisanos, a recorrer sus regiones, y a darse cuenta que hay muchas maneras de ver el problema. También a que recolectemos información y no precisamente de los medios tradicionales que nos muestran un poco de lo mismo, lo que a ellos les interesa que veámos. Nosotros no hemos exigido aún que paren los asesinatos de líderes sociales ni que se investigue y sancione severamente a los responsables de la masacre de los siete campesinos de Tumaco. En Alemania un grupo de manifestantes piden por los derechos de estos hombres que cada día arriesgan sus vidas para hacer trabajo comunitario y social, y nosotros que estamos acá al lado somos indiferentes a esta situación, como es indiferente el presidente Juan Manuel Santos al decir que estos líderes son asesinados por asuntos personales.

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