Dos fronteras, mil tipos de migrantes. El inicio de la jornada : I Parte

Llegué a la Ciudad de México el primero de abril con la intención de aclarar el panorama que ofrecían los medios hegemónicos sobre las caravanas migrantes que atravesaban Mesoamérica con destino a los Estados Unidos. Sin embargo, aunque se trataba de un fenómeno en ebullición mediática, localizar a los inmigrantes guatemaltecos, salvadoreños y hondureños que habían estado produciendo prensa los últimos meses no fue sencillo.

Archivo personal de Esteban Alvarez Rojas



El Shabbat 



Por Esteban Alvarez Rojas


Ι. El inicio de la jornada

Llegué a la Ciudad de México el primero de abril con la intención de aclarar el panorama que ofrecían los medios hegemónicos sobre las caravanas migrantes que atravesaban Mesoamérica con destino a los Estados Unidos. Sin embargo, aunque se trataba de un fenómeno en ebullición mediática, localizar a los inmigrantes guatemaltecos, salvadoreños y hondureños que habían estado produciendo prensa los últimos meses no fue sencillo.

 

La mayoría de los contingentes que atravesaron México ya habían dejado atrás la capital hace semanas y las instituciones oficiales que prestaron auxilio en su momento se mostraron reacias a compartir cualquier tipo de información telefónica o directa conmigo. Estaba claro que la única manera de entender el fenómeno sería a través de la voz de la gente en la calle y de mis propios ojos.

 

Cuatro días en Ciudad de México  

No llevo mucho en la capital y aún en sectores privilegiados de las delegaciones Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo, tales como la colonia Roma, Nápoles y Escandón, pueden advertirse todavía las consecuencias del terremoto de 2017, es previsible que en zonas menos prósperas la situación sea más evidente. No me sorprenden los comentarios de hostilidad de mi círculo clasemedista residente en la Ciudad de México hacia las caravanas. Lo imprevisible, sin embargo, es el relato que ellos mismos han tejido alrededor de la inmigración masiva como fenómeno y en la que inconscientemente concatenan dos éxodos masivos de naturaleza muy diferente en un todo, que al menos dentro del imaginario local, tiene sentido: Primero fueron los venezolanos que llegaron por miles y ahora los ‘centroamericanos’ que llegan por millones.

Archivo personal de Esteban Alvarez Rojas

Ofrecer empatía ante la falta de empatía tiene ventajas: sólo así, los interlocutores no se sentirán juzgados, pero además perderán la vergüenza y se animarán a decir cosas que de otro modo no se atreverían. En cuanto advierto que Venezuela es un tema a través del cual puedo conectar no sólo con mis anfitriones, sino también con la gente en la calle, lo instrumentalizo lo mejor que puedo. Es así como en un recorrido corto que hago a través de Iztapalapa, la delegación más poblada de la ciudad y también una de las más afectadas durante el sismo, tengo mi primera conversación con un extraño, un vendedor de tlacoyos, un hombre sin nombre de más de cuarenta años que advierte mi acento y me pregunta si soy de Venezuela. Hago cara de ofendido y replico con el tono más cercano posible a un ‘acento colombiano’ que soy de Bogotá. Entonces se desencadena una conversación que bien podría haber tenido lugar en alguna esquina de Macondo, pero que tiene lugar sobre la calle Normandía en la colonia San Andrés Tetepilco.

– Soy de Bogotá, no me haga hablar de los venezolanos.

– Bogotá queda en Colombia ¿cierto? Acá también vinieron muchos, ahora la mayoría son de Guatemala y Honduras.

– Estamos llenos de venezolanos con este problema en la frontera.

– Por acá pasaron también bastantes, pero siempre gente muy honrada y con dinero. Todavía se les ve, sobre todo en el Centro Histórico y en las colonias más fresas.

– ¿Y los guatemaltecos y hondureños?

– Esos la mayoría de las veces no tienen en qué caerse muertos, vienen con la ropa y la barriga siempre vacía.

– ¿Y el gobierno los ayuda?

– Más que a nosotros, hace unos meses abrió la frontera y les entregó la residencia así sin más.

El vendedor de tlacoyos se refiere al gesto de la administración de Andrés Manuel López Obrador, que en enero pasado le otorgó la amnistía a miles de migrantes que cruzaron la frontera a través del puente internacional que separa Ciudad Hidalgo en el Estado de Chiapas, de Ciudad Tecún Umán en Guatemala. Este episodio supuso un punto de quiebre respecto a la política de exclusión que marcó la agenda de la administración del priista Enrique Peña Nieto.

Termino de comer y vuelvo a la burbuja imperfecta donde paramos buena parte de los extranjeros clasemedistas que estamos de paso. Una suerte de eje malinchista emplazado entre las delegaciones Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo donde los barrios tienen nombre de ciudades italianas y puede advertirse una aporofobia galopante. Supongo que tiene sentido que en México llamen a sus barrios ‘colonias’ después de todo.

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