El dogma de la educación: el mejor negocio en Colombia 

El dogma de la educación: el mejor negocio en Colombia 

Todos vociferamos que necesitamos más educación – el dogma de la educación –, pero no entendemos que la pobreza, el hambre, el crimen y la miseria no se resuelven sólo con ir a clase, una bonita promesa

Por Sandra Oróstegui

 

La educación se ha convertido en el bálsamo para todos los males, el santo grial de la actualidad, el Google de las generaciones más jóvenes. Basta con que un problema se zanje en la realidad para que la solución a mano, no importa a quién se le pregunte, sea la educación. Algunos ejemplos son: ¿cómo se pretende resolver el problema de la violencia en Colombia? Cátedra para la paz. ¿Y el problema de los embarazos adolescentes? Cátedra de sexualidad. ¿El problema del hacinamiento en las cárceles? Cátedras de resocialización. Y todo se vuelve Cátedra, y el país cada vez peor.

 

Hace poco inicié un curso con jóvenes entusiastas que salieron a exigir mejores condiciones del Gobierno Nacional en las marchas de 2021. Muchos de ellos fueron gaseados. Debido al fervor que observé, decidí plantear un proyecto de aula -lo último en guarachas en la educación- alrededor de la pregunta ¿Qué podemos hacer para producir el cambio que necesita Colombia? Unánimemente la respuesta fue: educación.

 

El resultado me enfureció por varias razones: en primer lugar, ellos son de los pocos que ya han accedido a la educación, entonces ¿qué  más quieren? En segundo lugar, supuse que la respuesta es la tendencia propia del colombiano a evadir responsabilidades. No respondemos qué puedo hacer yo; sino, un otro abstracto. En tercer lugar, porque si hay algo que funciona medianamente bien en este país es la educación. En cuarto lugar, porque comparto la opinión del señor Ortega y Gasset cuando afirma que no es una buena educación la que hace una gran sociedad; es una gran sociedad la que produce un buen sistema educativo.

 

En último lugar, y como evidencia de lo anterior, los peores delincuentes de este país, los que lo han llevado a la tragedia sin salida en la que estamos, han sido muy bien educados. Ni siquiera por este precario sistema que se mantiene entre la fe y el tesón de los profesores y los estudiantes, sino en las escuelas más prestigiosas del mundo anglosajón.

 

Algo que aquí no entendemos aún es que la educación es sólo una de las instituciones que definen a una sociedad. Existen el Estado, los medios, los empresarios, la Iglesia, la familia. De todas ellas, la educación es la única que funciona medianamente bien en este país, repito. Por supuesto que esto no es Suiza, ni Hong Kong, ni Finlandia, pero va mejor que los políticos o la idolatrada familia colombiana.

 

¿De dónde viene esta actitud dogmática sobre la educación? Recordemos que el capital humano desde los años ochenta se ha convertido en la fuerza motora del Capitalismo. La guerra por ver quién tocaba el cosmos de la riqueza primero, dejó en evidencia que el secreto está en el conocimiento.

 

Se impuso un crecimiento acelerado de la alfabetización desde los organismos internacionales, como la UNESCO. Colombia inició la carrera por conseguir cobertura 100% y lo logró en algunos lugares. Bucaramanga es uno de ellos. La publicidad del MEN ha sido constante. Los niños deben ser educados, los jóvenes deben ir a la educación superior. La educación es símbolo de superación, y de éxito.

 

Sin embargo, paralelo a eso no ha habido voluntad estatal para tener un sistema educativo acorde con las expectativas. Los colegios públicos son precarios antros de hacinamiento. La comida destinada para los alumnos, un negocio lucrativo.

 

Y es que todo el dogma de la educación ha traído el ascenso de los grandes capitales. Ya lo decía Caballero en alguna columna: el mejor negocio en Colombia es el de la educación. Usted pone un instituto en un garaje y al poco tiempo es millonario. Y en ese sentido, al que mejor le va es al Estado colombiano. Millones de jóvenes le deberán media vida cuando consigan el soñado cartón. Cartón que según ellos mismos no sirve para nada.

 

Todos vociferamos que necesitamos más educación, pero no entendemos que la pobreza, el hambre, el crimen y la miseria no se resuelven sólo con ir a clase. Mientras los grandes capitales, de esos mismos que no estudiaron en este país, sigan aumentando sus arcas gracias al cliché “más educación”, y no haya una real voluntad de todos los sectores por crear condiciones dignas, la educación no seguirá siendo más que una bonita promesa.

Ilustración de 'Emilio' de Jean-Jacques Rousseau dogma de la educación
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