Darío Gómez ¿el parricida? las connotaciones psicológicas de asesinar al padre

Darío Gómez ¿el parricida? las connotaciones psicológicas de asesinar al padre

Asesinar al padre marcó la vida y la obra del rey del despecho, Darío Gómez, y lo llevó al camino de la composición y la sublimación, sin eso su vida hubiese sido una desgracia continua  

 

Hoy todos saben la vida y obra de Darío Gómez, su canciones más escuchadas ‘Sobreviviré’ y ‘Nadie es eterno’, que compuso su primera canción en un cafetal a los 16 años. Que no paró de componer desde ese entonces. Colombia también sabe los detalles de la trágica muerte de su hija. Y ni hablar de donde nació y cómo fueron sus comienzos en el mundo del espectáculo y la canción. Hoy el país es experto en la vida del hombre y del artista, hombre que murió ayer en una clínica en Medellín a los 71 años. 

 

El detalle de su vida, que por cierto todo el mundo sabe también, marcó la vida de Darío Gómez. El asesinato de su padre. Sí, fue un accidente. No fue el típico parricida que planea el asesinato de su padre de manera fría y calculada, como sucede en Los Hermanos Karamazov de Dostoievsky. No, no era  Smerdyakov. Era más bien Dimitry. Sea como fuera haló el gatillo de la escopeta.

 

Darío Gómez habló con la prensa sobre este suceso trágico de su vida. Un día en la noche, cuando él tenía 14 años, su padre llegó a golpear a su madre y después sacar una escopeta, El Rey del Despecho al ver que su padre iba a acabar con la vida de su madre, él se abalanza a quitarle el arma, cosa que logra y mata de manera accidental a su progenitor:  

 

“Llevo la cacha por delante, pero el tubo estaba hacia atrás, apreté la ‘uña’, que llaman, pero sin saber que eso estaba cargado. Ya estaba con el gatillo arriba, porque él entró apuntándole a mi mamá. Se fue el tiro y maté a mi papá. Él se desangró de inmediato”.

 

Este suceso marcó la vida y la obra del artista. Gracias a él empezó a componer, para de alguna manera liberar su alma de ese acto demencial que es matar al padre. Ser un parricida no es un asunto ligero. Así no hubiese sido con intención, o precisamente por eso es una carga aún más pesada. 

“Raskólnikov le dio con todas sus fuerzas dos nuevos hachazos en el mismo sitio, y la sangre manó a borbotones...” (Ilustración: Boligán) / Darío Gómez

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