Cuando en tus correrías te gritan “asesino, paraco, el pueblo está berraco”: Uribe Vélez un líder en decadencia

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El Shabbat |



Por Alexander Quiñones-Moncaleano


El proceso de desencanto que ha tenido el país con uno de sus líderes más cuestionados, de quien se tiene un acervo probatorio tal que da para decir que es un criminal, ha sido gradual pero in crescendo. Cada vez son más las personas que hacen conciencia de todo el mal que le ha hecho Álvaro Uribe Vélez a Colombia. Y lo mejor de todo es que ya se atreven a manifestarlo públicamente.

En estas vísperas de elecciones, al líder de ultraderecha lo han recibido varias veces en medio de abucheos e insultos. Los gritos van desde asesino, hasta paraco, pasando por otros calificativos. Esto ha sucedido en la plaza pública, en auditorios universitarios, en centros comerciales. El desencanto es grande. Y la cara de sufrimiento que se ve en el rostro del otrora todopoderoso es evidente. Lo hemos oído gritar: “sáquenme, sáquenme, o hacen silencio o los callamos”.

La fuerza de la verdad es imparable, máxime si la indagatoria del 8 de octubre lo puede llevar tras la rejas. Algo que millones de colombianos esperan que pase. Pues detrás de Uribe hay un sinnúmero de delitos que no podrían pasar desapercibidos aun con toda la gran prensa lavándole la cara y ocultando sus horripilantes crímenes.

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Uribe está envuelto en ‘falsos positivos’, expresión que se ha convertido en un lugar común para referirse a las ejecuciones extrajudiciales en manos de las Fuerzas represivas del Estado; en chuzadas a miembros de la oposición y las altas cortes; y en compra de testigos, que es el problema que lo tiene con un pie en la cárcel. La cara de angustia de Uribe es el símbolo de una nueva Colombia que ya no quiere a un mafioso entre sus líderes, y que desea que haya independencia de poderes y se respete el Imperio de la Ley. Hay una gran porción de ciudadanos que le están haciendo el pulso a Uribe y sus secuaces; ya se dieron cuenta que es posible hacerlo y que no estamos en el 2000 aunque allá nos quieran devolver. Por eso se atreven a gritarle “asesino”, “paraco” y cuanto epíteto lo designe como un agente del mal, que representa la Colombia feudal y despojadora, que hace millonarios a unos pocos y empobrece cada vez más al grueso de la población.

Los hijos de Uribe, Tomás y Jerónimo, los hermanos Uribe Moreno, que pasaron de ser un par de adolescentes que vivieron en la casa de Nariño a ser dos grandes empresarios multimillonarios, son símbolo de ese país decadente que nadie quiere. Pues quién quiere un país de pocos ricos y millones de desarrapados que no tienen garantizados los derechos universales mínimos como son la educación, la salud y el trabajo. Ya todos los colombianos saben que los hermanos Uribe Moreno han recibido información privilegiada para hacer negocios, comprar terrenos que luego serán zonas francas o grandes centros comerciales. Nadie se hace millonario en una línea de tiempo tan corta, y estoy convencido de que no soportarían un exhaustivo examen de contaduría forense.

Álvaro Uribe Vélez llegó a la casa de Nariño en su primer gobierno el 7 de agosto de 2002 y terminó su segundo mandato en 2010. Desde ese momento sus hijos fundaron nueve empresas, seis en Colombia, dos en Panamá y una en la Islas Vírgenes. Las tres más importantes y generadoras de ganancias son:  “Sapia, Ecoeficiencia y Zona Franca de Occidente. Entre las tres reportaron en 2011 activos por casi $80.000 millones, ingresos operacionales por casi $86.000 millones y ganancias por casi $8.000 millones.” Lo rebeló EL ESPECTADOR y lo han seguido haciendo más portales periodísticos.

Todo lo que nos queda es seguir haciendo resistencia para que Álvaro Uribe Vélez responda ante la justicia y Colombia pueda tener un cambio hacia nuevos escenarios políticos más transparentes.

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