Contratación por horas: la misma Precarización bajo otra promesa Neoliberal

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El Shabbat



Por Itzamar Cherbonneau∗


Contratar por horas para que más trabajadores coticen, para “legalizar” trabajadores informales. Esta ha sido la última propuesta de la ministra de trabajo , revelada en una entrevista con el periodista Juan Roberto Vargas en días pasados. Ya había hablado de ésta idea en otras ocasiones en 2019, pero durante la entrevista con Vargas, propuso ejemplos concretos de cómo podría funcionar esa propuesta específicamente para profesionales como los ingenieros de sistemas, que según ella pueden ser contratados por dos horas. Este ejemplo provocó un gran revuelo entre los colombianos, que temen que las condiciones laborales empeores, se precaricen. Para arrojar un poco de luz sobre este problema, en este escrito describiré brevemente los cambios que han conducido a la degradación de las formas de trabajo, relacionadas con la flexibilización, marco en el que se inserta la propuesta de la ministra Arango.

Para abordar el tema se hace necesaria una revisión breve de historia: El trabajo asalariado como tal surgió, como el capitalismo, en los albores de las transformaciones sociales de los siglos XIV, XV y XVI. La transformación de los feudos en burgos, su rápida expansión, el progresivo crecimiento de un mercado de compra y venta, la desaparición del trabajo de subsistencia propia y la separación entre el espacio de vivienda y el espacio de trabajo, los despojos de tierra sucedidos en Inglaterra y Francia predominantemente y con ellos la migración de campesinos a las ciudades, hizo que se convirtieran en fuerza de trabajo que recibía un salario. En aquellos orígenes, no existía una legislación laboral desarrollada. Los trabajadores tenían jornadas de hasta 18 horas, trabajaban en espacios no seguros, confinados, mal ventilados, eran explotados; los niños trabajaban con sus padres [dado que el desenfreno por producir exigía cada vez más] e incluso las mujeres comenzaron a ser reclutada en las fábricas.

Las condiciones de vida de los obreros eran precarias, pues los dueños de las fábricas fijaban los salarios a su antojo y muchas veces pagaban con vales o bonos que los obreros debían gastar en las tiendas de las mismas empresas. No todos podían ser contratados. Y sin embargo no trabajar era mal visto. En Inglaterra incluso se proclamaron “leyes de pobres” que obligaban a todo el mundo a trabajar, so pena de ir a prisión. Debían hacerlo en esas condiciones insoportables, sin días de descanso, sin condiciones seguras en el trabajo y enfrentando despidos arbitrarios. La acumulación de todos estos factores condujo a que en los siglos siguientes XIX y XX, numerosas protestas se produjeran en las calles europeas y estadounidenses para pedir cambios sustanciales en las condiciones de trabajo:

  • Un pago digno
  • Un horario humano para trabajar
  • Que los niños no trabajaran en la industria
  • Días de descanso
  • Condiciones de seguridad en el trabajo
  • Pago de enfermedades derivadas del trabajo
  • Prestaciones sociales [vacaciones, prima, salud y pensión] a cargo de la empresa.
  • Días de maternidad para las mujeres.

Las luchas de los movimientos obreros condujeron a numerosas conquistas que se tradujeron en cambios en las legislaciones de cada país. A su vez, estos derechos se consolidaron en diferentes modelos de “protección social” que en Europa constituyeron al menos 3:

– El modelo Alemán

– El modelo inglés

– El modelo francés

Cada uno privilegiaba derechos de forma diferente, pero en suma consagraban la protección de una parte importante de los derechos de los trabajadores.

Estos derechos sin embargo, no se mantuvieron integrales por mucho tiempo. En la primera mitad del siglo XX comenzaron a experimentarse cambios en la esfera del trabajo, a medida que se aceleraban las dinámicas de producción capitalista [siempre exigiendo aumento de la productividad] a expensas sea del ambiente [debido a la sobre explotación de recursos] sea del factor trabajo [pugnando por reducir al mínimo el “gasto” que generan los trabajadores]. Entre los años 70’s y 80’s, con la intención de las crisis que presentaba en capitalismo sobre todo en Estados Unidos, y ante el desgaste del modelo fordista de producción [en el que la producción a gran escala se logra a través de las cadenas de montaje, que sumen a los obreros en un trabajo hiper especializado y enajenado como se refleja en el filme “Tiempos Modernos”], numerosos economistas, entusiastas del liberalismo clásico, propusieron medidas que podrían ayudar a controlar estas crisis, sin perjudicar la productividad. Se les ha llamado Neoliberales. Proponían grosso modo una amplia liberalización de la economía, libre comercio, reducción del gasto público y de la intervención del Estado en asuntos privados, dejando que muchos servicios del Estado pasaran a manos de éstos últimos. En el plano político los representantes más importantes de esta corriente fueron Ronald Reagan y Margareth Tatcher. Ambos viajaron por el mundo difundiendo sus propuestas, las cuales se habían unificado bajo el nombre de Consenso de Washington.

En Chile, bajo la dictadura de Augusto Pinochet estas medidas fueron “recomendadas” por los economistas llamados Chicago Boys, pertenecientes a la Escuela de Chicago. Esas “recomendaciones” consistían en resumen, en implementar la “flexibilización” de los mercados laborales al tiempo que insistir en la disminución de la intervención del Estado en los mismos. Esta desregulación condujo a un retraimiento de lo que se conocía como “Estado de Bienestar” debido a la aplicación de numerosas reformas, y a la creación de nuevas formas de “empleabilidad” que desplazaban la responsabilidad de mantener el trabajo sobre el trabajador. Todo ello se produjo en el marco de lo que Guy Standign denomina “sociedades de mercado”. Los “valores” del capitalismo, tales como la competencia, la individualidad, el egoísmo entre otros, se convirtieron en valores sociales, por lo que los colectivos, [en especial los sindicatos] perdieron mucha de su fuerza. La negociación se hace ahora de forma individual entre el trabajador y su jefe. La diversificación de las relaciones de trabajo ha llevado incluso, como lo muestra Gaetan Flocco, a que los empleados nunca vean directamente a quien los contrata realmente, al verdadero dueño o dueños de la empresa para la que trabajan. Todo esto expone la ruptura y recomposición de las relaciones sociales en los espacios de trabajo.

Las reformas neoliberales llevaron a la generalización de los contratos temporales, que existían antes, pero que se convirtieron en una forma dominante de vinculación laboral. Los neoliberales insistían en que las cargas sociales eran demasiado pesadas para las empresas y que al desplazarlas al trabajador, éstas podrían crear más empleos. Con esta promesa se eliminaron el pago de salud, el pago de pensión y de otros como primas o vacaciones para las personas contratadas por Orden de Prestación de Servicios. Como lo han demostrado varios estudios, estos cambios NO mejoraron las cifras de desempleo al menos en Colombia, en donde fueron aplicadas desde comienzos de los años 90’s. Ahora los trabajadores se exponen a una discontinuidad permanente en sus carreras, a gran inestabilidad laboral, a salarios más bajos debido al pago de lo que antes eran derechos, y a una misma situación de desempleo que no mejoró de forma ostensible. Standing especifica de hecho varias dimensiones de la precariedad laboral en su libro “The Precariat”, del año 2011

  1. Flexibilidad salarial, que refiere a la posibilidad de ajustar el precio de la mano de obra según los cambios de la demanda de trabajo.
  2. La flexibilidad de número, la que se refiere al empleo a la capacidad de contratar o despedir trabajadores sin mayores costos para las empresas.
  3. La flexibilidad funcional, que se refiere a la discrecionalidad de la dirección de las empresas para organizar el trabajo, cambiar la estructura de la empresa y las funciones de los trabajadores.
  4. La inseguridad causada a nivel macro en el mercado del trabajo debido a la carencia o debilidad de políticas de pleno empleo, que afectan las oportunidades de obtención de un salario suficiente.
  5. La inseguridad causada por la fragilidad de los sindicatos y/o las restricciones al derecho de huelga que disminuyen la capacidad de representación y negociación colectiva de los trabajadores en el mercado del trabajo.
  6. La inseguridad producida por la ausencia o debilidad de la protección contra accidentes de trabajo y enfermedad, o por las insuficiencias de las regulaciones de la seguridad, higiene y condiciones de salud en el lugar de trabajo.
  7. La inseguridad provocada por la falta o insuficiencias de regulaciones, protecciones, y garantías estatales referidas a los derechos socioeconómicos de las personas. La ausencia de sueldo mínimo o seguro de desempleo, la mala provisión de servicios sociales básicos como salud y educación, y la insuficiencia de políticas redistributivas.

A todo lo anterior se suman las migraciones de capital en busca de trabajadores a bajo costo. Ello ha conducido no solo a cierres de empresas en los países desarrollados sino al deterioro de las condiciones de trabajo no solo de sus propios trabajadores sino de aquellos que se encuentran en países con economías frágiles. Esta situación queda muy bien reflejada en el documental “Capitalism: a love story” del cineasta Michael Moore, quien muestra las consecuencias devastadoras del cierre de empresas como General Motors en la ciudad de Detroit. Al trasladar la fabricación y ensamble de sus piezas a otros países con trabajadores más baratos, hundieron a la ciudad en la ruina económica.

Por otra parte, los avances de la tecnología si bien han significado aportes importantes en lo que se refiere a la productividad, también han tenido un impacto en el trabajo, desplazando y desapareciendo puestos de trabajo, invisibilizando la barrera trabajo/hogar ocasionando además un importante impacto ambiental. Adicionalmente, la “filosofía” del New Management ha introducido en el mundo del trabajo dinámicas de fuerte competitividad entre empleados, el aceptar y valorar largas horas de trabajo, llevar trabajo a casa y caer en burn-out como “desafíos” o “retos” a vencer. De esta forma, el maltrato se ha normalizado como una condición para mantenerse y tener éxito en el trabajo. Finalmente, el proceso conocido como “uberización” del trabajo, en el que personas particulares [generalmente desempleadas] ofrecen sus servicios a empresas que operan sobre plataformas de internet, lo hacen a cambio de ingresos insuficientes, transformándolos en colaboradores de las empresas, con lo cual estas evaden toda responsabilidad social. Este panorama sume a miles de personas [independientemente de su nivel de formación] en condiciones riesgosas en las que no hay seguridad para sus labores ni pago de prestaciones sociales. Además, esas plataformas no generan empleos directos y formales, con el objetivo de reducir “el gasto”. En muchos casos, además, no pagan impuestos, lo cual tiene efectos sobre los modelos de protección social de los países desarrollados. Y en países como Colombia, con altas tasas de trabajo informal, puede contribuir a agravar la situación.

En suma, el trabajo precarizado es aquel que se produce como resultado de la flexibilización laboral y de la desregulación por parte del Estado; es decir, un trabajo que no ofrece estabilidad, con un salario que se fija de modo aleatorio y muchas veces muy por debajo del mínimo, que no ofrece seguridad en el cumplimiento de las funciones, que generalmente no paga impuestos, puede producir afectaciones físicas y psicológicas derivadas de la presión constante, condiciones inseguras, excesiva competitividad y aislamiento y además no facilita la cotización para la pensión.

De esta forma, vemos como la profundización en las medidas neoliberales de desregulación y flexibilización pueden tener efectos muy negativos en las condiciones de vida de los trabajadores, dado que han implicado un retroceso en la base de derechos que los trabajadores habían ganado en décadas de lucha. El caso es aún más delicado cuando nos enfocamos en Colombia, dado que siendo un país que ha carecido siempre de una estructura sólida de bienestar como la han tenido muchos países desarrollados. Para nosotros, la precariedad laboral, bajo la denominación de “trabajo informal” ha sido una constante ligada al desarrollo desigual. Sin embargo, la “legalización” prometida por la ministra con su propuesta de “trabajo por horas” no garantiza en absoluto que se recuperen, se mantengan o se garanticen los derechos que permitan a los trabajadores colombianos contar con condiciones que conduzcan a la dignificación de su calidad de vida.



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