Cultura

Concursos de escritura y otras estrategias sin continuidad

Redacción elshabbat.com

La Enlec 2017 tuvo en cuenta no sólo a las cabeceras municipales sino también a territorios rurales, analizó la en dispositivos electrónicos y se refirió a la práctica de la escritura y las relaciones que se gestan a partir de la visita a bibliotecas

A little boy is sitting in his dad’s lap while his father reads him a book. They are both enjoying spending quality time together on father’s day.

En 2018 se publicaron en Colombia los resultados de la Primera encuesta nacional de lectura que se llevó a cabo en el año 2017[1]. En años anteriores se habían hecho ya apuestas para medir los hábitos lectores en nuestro país; el Centro regional para el fomento del libro y la lectura, CERLALC, realiza también estudios que comparan el porcentaje de personas que se consideran lectores y la cantidad de libros que se leen en promedio para los países de América Latina. Pero la Enlec 2017 tuvo en cuenta no sólo a las cabeceras municipales sino también a territorios rurales, analizó la lectura en dispositivos electrónicos y se refirió a la práctica de la escritura y las relaciones que se gestan a partir de la visita a bibliotecas. Vale la pena conocer este ejercicio de medición y tomar parte activa en nuestro compromiso de crear una sociedad lectora, si es que consideramos que es importante asumirlo.

 

El objetivo de esta medición fue “Contar con indicadores comunes que describan el comportamiento lector en Colombia y permitan el diseño, la formulación y la evaluación de políticas y planes de lectura y escritura.” Resulta claro que un factor deseable para emprender cualquier proyecto es conocer el punto de partida; y es así justamente como entiendo esta encuesta. Por ello, no me sentí muy a gusto cuando se entregaron los resultados y se hizo énfasis, de manera muy optimista, en que habíamos aumentado la cantidad de libros por año que leíamos los colombianos. Creo que estos esfuerzos de medición, que son apuestas por conocernos, tienen que ir más allá de convertirse en un show para celebrar con bombos y platillos algo que no es precisamente tan halagador: 5,8 libros por año. Cabe anotar que se ha tenido en cuenta el promedio de libros leídos por las personas de 5 años y más. Esto significa que un niño o niña lectores, pueden claramente subir los índices de lectura, lo que sería muy provechoso para nosotros, pero no implica necesariamente una ciudadanía más y, sobre todo, mejor lectora, cuando alcanza la juventud y la adultez. Por otra parte, aún nos encontramos lejos de países en los que la lectura hace parte de la cultura de manera mucho más arraigada. En 2014, El País de España publicaba que cada finlandés lee una media de 47 libros al año, mientras que en España eran 10 los libros leídos; de esto hace ya más de 4 años, así que suponemos que puede haber aumentado. Habría que preguntar: ¿qué tanta importancia debemos dar a la cantidad de libros que lee, en promedio, una persona? ¿qué ganaría nuestra sociedad si aumenta la cantidad de libros que leen en promedio un colombiano o una colombiana o si se determina en las diversas pruebas que los colombianos estamos leyendo “mejor” ahora que antes?

 

Diana Rey, directora de Fundalectura, hace un análisis destacado de la encuesta: “Lo más revelador de la encuesta no es si subimos el índice de 2,3 libros leídos al año, o si efectivamente los niños colombianos alcanzaron la megameta de 3,2 libros leídos –cifra que se dio a conocer ya en la encuesta de consumo cultural del 2016–. No quiero restarles importancia a estos datos, pero la verdad es que lo alentador, lo novedoso, lo realmente impactante es que por primera vez tenemos un instrumento que toma en cuenta lo que sucede en el sector rural, que evalúa la lectura en otros dispositivos, que señala lo que pasa en las bibliotecas más allá de la asistencia a ellas y además evalúa la escritura como una práctica central. Creo firmemente que la construcción de tejido social pasa por las palabras, y creo que esta encuesta nos da herramientas para seguir apostando por la lectura como instrumento para fortalecer la ciudadanía crítica y como un derecho para todos.”
(https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/revelan-resultados-de-la-encuesta-nacional-de-lectura-de-colombia-2017-202086)

 

Por eso, volvamos a la idea de que la Enlec sea un punto de partida para fomentar de mediación de lectura. Por ejemplo, un objetivo podría ser cambiar la distribución porcentual de personas que afirman que les gusta leer, que en la actualidad es en promedio del 35%.

Tal vez  podríamos lograrlo si les damos la oportunidad a nuestros niños y niñas de encontrarse con la lectura desde otras esferas distintas a la escolar. O quizás si hacemos la apuesta a fomentar la lectura en familia o de hacer de las bibliotecas espacios amables y deseables. Cualquiera que sea la estrategia que escojamos, será muy importante que garanticemos su permanencia en el tiempo.

 

En 2017 se implementó en Santander el proyecto – concurso Yo leo, yo cuento, en el que se invitaba a todos los niños y niñas del departamento a escribir cuentos. Según los reportes de prensa, participaron más de 50 mil estudiantes de colegios oficiales de Santander. Hubo niños, niñas y jóvenes premiados, así como sus instituciones educativas. Varios participantes se pronunciaron agradeciendo y destacando la estrategia dicho año. A partir de la iniciativa se publicó un libro que fue presentado en Ulibro 2018. Pero aún estamos esperando que en el departamento de Santander haya continuidad de esta estrategia de la Gobernación. Al parecer en 2018 no se invitó nuevamente a los niños, niñas y jóvenes del departamento a participar en este concurso de escritura, y al parecer no se hizo el año pasado la recolección de insumos para una segunda versión del libro Yo leo, yo cuento, o para otro libro diferente que dé cuenta de un interés auténtico y duradero de las autoridades departamentales en esto de la lectura y la escritura, que son procesos que requieren estrategias continuadas y no cambios según los deseos furtivos de la administración de turno.

Ojalá la Encuesta de lectura sí se convierta en un instrumento de medición que pueda dar cuenta de varias años. Pero ojalá, sobre todo, que en Santander y en todos los departamentos, que en las ciudades grandes y en los municipios pequeños, haya cada vez más y mejores oportunidades para que la población se encuentre con las oportunidades que pueden representar la construcción de relaciones con la lectura y la escritura.

[1] Puede consultarse el Boletín técnico en: https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/enlec/bt-enlec-2017.pdf

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