Comuna 13/Foto: Getty Images


El Shabbat 



Por Alexander Quiñones∼Moncaleano


Esta semana que va corriendo es noticia nacional la Comuna 13 de Medellín. Una comuna que está enquistada en el imaginario colectivo colombiano por una razón infame: la violencia que la ha atravesado desde su fundación hasta nuestros días. «El poblamiento de la Comuna 13, un conjunto de 22 barrios anclados en las montañas del centro occidente de Medellín, es el resultado combinado de procesos migratorios conocidos en otras regiones del país, pero también de la relegación social y económica, y muy especialmente del desplazamiento forzoso que ha provocado la guerra en las últimas décadas».

Al occidente de Medellín, a pocos kilometros en coche del Centro Administrativo La Alpujarra, donde están la Gobernación y el Ayuntamiento, se encuentra la Comuna 13, un sector deprimido compuesto por 22 barrios legales o informales, una de las 16 comunas de Medellín. Este laberinto surgido poco a poo a travez de los años, en las laderas y faldas de las montañas de la ciudad viven hacinados poco mas de 200 mil personas. Sus habitantes, han demostrado una organización social fuerte y que ha logrado hacer un gran tejido cultural, artistico, y local. Por eso, la cohabitación con las milicias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y sobre todo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el más presente en la zona, no da lugar a demasiadas fricciones.

En este lugar se formó al parecer desde las decádas de los 70 y 80 un grupo armado que es independiente de las Farc y el ELN, pero que cree como ellos que al Estado hay que hacerle frente de manera militar y violenta. Pera además han ido creando cumunidad y tejido social por medio de obras y acciones culturales. Se mantenían totalmente autónomas. Al principio esas milicias no inquietaron demasiado a las autoridades. Supliendo las carencias del Estado garantizaban la seguridad luchando contra las bandas de delincuentes, mejorando las viviendas, construyendo caminos, etc.

Pero esta comuna se inmortalizó en el imaginario colectivo del país gracias a un personaje que ha sido un líder condenados por muchos y amados por otros, este gran colombaiano no es más que el famoso Álvaro Urube Vélez, quien el 16 de octubre de 2002 lanzó sobre la comuna la Operación Orión. Que dejó tanto dolor y muerte que incluso hoy, 15 años después todavía le duele al país. “la operación «Orión» lanzó sobre el barrio, el 16 de octubre, cinco batallones de la IV Brigada, el Grupo de Fuerzas Especiales Urbanas (FUDRA), el batallón contraguerrillero del ejército, efectivos de la policía metropolitana y de la policía de Antioquia, con el apoyo del Departamento Administrativo de Seguridad (la policía política, DAS). Más de 3.000 hombres lanzados en una operación de guerra total contra… la población.”

Hoy seguimos esperando que el Estado colombino responda por los desaparecidos y muertos que hubo en la comuna 13 en esa fatídica fecha. El laboratorio de paz,según muchos analistas sociales lo quue querían era hacerse con un estratégico corrredor para la comercialización de armas y drogas. Por ese corredor han pasado numerosos mafiosos y megadeliencuentes, Pablo Escobar, Don Berna, Pesebre entre otros tantos, que necesitariamos más de 200 páginas para nombrarlos a todos. Don Berna al ser extraditado en 2008 a los Estados Unidos, en medio de su larga confesión a las autoridades gringas afirmó que los cadáveres de 300 víctimas, repartidos en un centenar de fosas comunes, se hallaban en «La Escombrera». También precisó que la operación «Orión» fue planificada y coordinada conjuntamente por los paramilitares y los miembros de la IV Brigada que mandaba entonces el general Mario Montoya –nombrado después comandante en jefe del ejército colombiano por Uribe-. El general Montoya dimitió en noviembre de 2008, cuando estalló el escándalo de los «falsos positivos» de civiles asesinados por los militares y presentados como guerrilleros muertos en combate.

Hoy, como ayer se vive una guerra que es invisibilizada por los medios predominantes y por el mismo Estado. Más de 600 personas murieron asesinadas el año pasado (2018) en Medellín. Mientras la Alcaldía de Federico Gutiérrez prometía “atender uno a uno” a los criminales, diferentes grupos luchan desde el activismo para desnaturalizar las muertes violentas en la capital de Antioquia. Hoy la alcaldía de Daniel anuncia más controles mientras en este momento los colegios cierran sus puertas porque hay serios indicios de enfrentamientos entre los ‘combos’ de la comuna 12 y 13.

Un joven activista, rapero, skater, Miguel Ángel Arango tenía 17 años, era estudiante de la Institución Educativa Carlos Vieco y pertenecía a un colectivo artístico y cultural de la zona. Fue asesinado y aún las autoridades no tienen una hipótesis que seguir, lo cierto es que el joven se lo llevó la guerra que recorre la comuna desde hace más de cuatro décadas.

Con el homicidio del menor ya son seis casos de muertes violentas en la comuna 13 en las últimas 48 horas. Según el informe de homicidios en lo que va del año, nueve personas han sido víctimas de este tipo de crímenes en esta comuna del occidente de  la ciudad. Masacre, tras masacre.

En la ciudad hay iniciativas que trabajan para que paren los homicidios y las desapariciones, que desde la cultura, el arte, la música buscan la manera que los jóvenes se integren a la sociedad sin que terminen en los combos traficando, asesinando y siendo asesinados. En Medellín existen, organizaciones civiles que históricamente resisten desde la cultura y desde los procesos comunitarios de base. Los colectivos todavía hoy se oponen sistemáticamente a las dinámicas de violencia a nivel barrial y hacen resistencia popular para que cese la violencia.

Las administraciones están bajo el escrutinio público y desde las redes sociales y los plantones en diferentes puntos de la ciudad piden no solo que las cifras bajen sino que dejen de existir. El anterior alcalde, Federico Gutiérrez, fue criticado por su manera showsera de enfrentar la violencia y los asesinatos, todo a punta de redes y telediarios. Pero el problema de fondo sigue seguía creciendo y sigue creciendo hoy.

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