Opinión

Colombia: una happycracia

Por Sandra Oróstegui

Imagen tomada de Google

Colombia es una happycratie. Eso entendí la semana pasada cuando se cruzaron en mis navegaciones por internet dos hechos que terminé conectando en esta macabra conclusión. Debo confesar que sólo he leído las reseñas del libro Happycracia, cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas, realizadas por Le Monde, The New York times, y la editorial que publicó el libro en francés. Pero, grosso modo, se puede intuir de qué va la cosa – como dicen los españoles.

Y es que no acababa de salir del estupor que me causaron esas ideas en las que se señala a la felicidad como una industria que nos obliga a estar sonrientes para producir más y mejor y, sobre todo, a hacerlo por nosotros mismos, en un individualismo desmedido y optimista, cuando me sentí empujada a ver el video de Isabella Wills.

La confirmación de las ideas que acababa de leer me sorprendió más que las ideas mismas.

Hay que producir, webon” “Aquí sí hay gente que está produciendo” “Es que no me gusta que crean que todo se lo tienen que dar”

Si lo que dice Wills es compartido por muchos, eso me explicó, de súbito, que Colombia viva ensimismada y convencida de que los males no existen, de que las colectividades son un peligro, de que lo importante es lo que se produzca individualmente y de que ante los problemas lo mejor es pa’lante, porque pa’lante es pa’llá.

Concluí, que la obligación de estar felices hace que los colombianos se enteren más del apagón en Venezuela que el del Chocó. De la situación de los niños de Siria, que la de los Wayúu. De los tres mil desaparecidos en Argentina, de la criminalización de la protesta en Venezuela, de la corrupción en Brasil, del consumo de drogas en Europa, de los suicidios en Japón… y mientras tanto en Colombia: “Hoy juega mi selección y desde ya me brinca el corazón”

Colombia es un paraíso totalitario y desesperanzador. Vibrante y jactancioso cual no hay otro en esta latinoamérica. Colombia es una comedia triste, un payaso lacrimoso, el reino de los youtubers…

Colombia es una deprimente happycracia.

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