Carolina Sanín y su berrinche que prohibe llamar ‘Gabo’ a Gabo

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El Shabbat 



Por Alexander Quiñones-Moncaleano


  es tendencia en redes sociales cada cierto tiempo. Ella es una intelectual colombiana, hija de una rancia familia de poder del país. Recientemente fue noticia porque fue despedida de la Universidad de los Andes a causa de sus criticas a la universidad. Es famosa en Facebook porque le gusta armar camorra contra quien sea y como sea. Hace no mucho tiempo aterrizó en la red social del pajarito en la que rápidamente llegó a miles de seguidores y ahora tiene su audiencia que la adora y la odia. Ese es el referente de intelectualidad del país: la niña mimada a la que le gustan el berrinche y la pataleta para hacerse notar, de manera que se hace famosa no por sus novelas o sus ensayos, que de vez en cuando tienen alguna revelación. Sanín es vegana y desde ese pedestal moral mira a los otros mortales que comparten el planeta con ella; es feminista y desde esa orilla insulta a todos los hombres que no son de su agrado. Además es una supuesta iconoclasta al estilo de Vallejo, pero de menor excelencia literaria.

Su última ocurrencia fue enviar un mensaje claro: no podemos llamar a ; no podemos decirle así a nuestro escritor, de nuestras entrañas, pero ella sí. Porque si le decimos así no somos más que unos confianzudos de mierda, somos la chusma con la cual no quiere entablar relación pero sin la cual no puede ser. Y lo dice ella, que quiere desde una inteligencia de la que carece, estar a la altura de Gabriel García Márquez.

Esos son los referentes intelectuales de nuestra patria poca, nosotros mismos nos encargamos de crear esos bodrios que no alcanzan ni para entablar un debate con argumentos sino con insultos. En sana lógica, Caro no es más que el producto social de nuestro propio mierdero. Para mí es tan parecida a María Fernanda Cabal o Donald , esos que prefieren el show barato para ganarse un cuarto de hora de gloria, y para que el foco de la atención no sea lo que en realidad nunca producen. Su mediocridad la esconden en el insulto y la estulticia, porque no tienen para más. Su superficialidad no da para un acontecimiento, no da para un deseo. Pero a esto nos enganchamos los colombianos. Nos gustan los shows insulsos y sin sustancia.

Esa es Carito, Caro, Carolina. Eso la identifica, una superioridad moral impostada. No da para un buen show, todo en ella lejos está de llegar a la confrontación de un discurso estructurado y con un hilo coherente y lógico.

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