Caminando en círculos: felicidad o indiferencia        

redrijero.com

Por Jorge Pabón
@Sonrientiviris

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La manera como deviene el mundo; así no está bien. Por eso no hay lugar para experimentar felicidad o indiferencia. Aunque el mundo esté formado por un cúmulo de cosas bellas y embriagadoras, son muchas las cosas desalentadoras: pobreza, hambre, enfermedades, desempleo, corrupción, injusticia, guerras, y locos gobernantes que las ejecutan y las glorifican.

Nada de esto es ajeno a la Colombia que del mundo hace parte, que hizo parte y que sigue haciendo parte mientras que el mundo sea mundo. Pero atravesamos por una coyuntura que por momentos se oscurece más, aunque persista el absurdo optimismo asistido por la ilusión que reza “Que nunca fue más negra la noche que un instante antes del amanecer”. Es como si todo lo malo del mundo junto hubiera tomado como destino esta tierra de páramos, nevados, selvas, ríos, valles y gentes buenas.

En el país del sagrado corazón, aquí, en Colombia, el 67 por ciento de la población es pobre. Corre la sangre a raudales –con despiadadas motosierras incluidas; y hasta el pasado 17 de junio decidimos seguir teniendo el único gobernante de Sudamérica que apoyó la invasión a Irak y nuestra soberanía sólo existe en el papel. Y pronto habrá desaparecido de ahí, porque los necios e indignos, aunque posean las armas los invaden de temor las palabras y la presión del pueblo en las calles en reclamo de esa soberanía.

Hasta estos tiempos, esta pseudo soberanía tiene dos amos: las transnacionales y el emperador estadounidense, quienes a la vez a ojos cerrados confían en un administrador de hacienda incondicional y ciego para el resto del mundo.

Un giro de 180 grados ha tenido Colombia recientemente, en teoría política y derecho penal, y en un abrir y cerrar de ojos se ha roto la espina dorsal de la Constitución. Los delitos políticos de rebelión, sedición y asonada se han trocado por el terrorismo, mientras a los autores de masacres, genocidios y desapariciones forzadas se le denominan “combatientes” y se les da el tratamiento de delincuentes políticos.

Es algo así como el mundo al revés. Aquí, la impudicia y el cinismo alcanzan para que quien simboliza la caverna del poder, funde un movimiento con el sugestivo nombre de “Patria nueva”; y en el contexto político figure como “Centro democrático” destinado a respaldar la arbitrariedad.

¿Sucede en algún otro país del mundo semejante “ingenio”?
La invitación es a evocar la historia.

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