‘Asesinar Hipopótamos’: ¿por qué es tan controversial para algunos, tan claro para otros?

Two common hippopotamus in the water. The common hippopotamus (Hippopotamus amphibius), or hippo. Africa/ Foto: Getty Images

Por Catalina Ocampo Carvajal @catiprimate

Desde que comencé mi carrera en el mundo de la biología y, más específicamente, en el mundo de la conservación, he querido replantear la relación que tenemos los científicos con el público y el papel que jugamos en la divulgación y entendimiento de la ciencia. Accedí a escribir esta columna con el fin de intentar una aproximación a un tema tan controversial como el manejo de los hipopótamos introducidos en nuestro país, desde un lenguaje amigable y fácil de comprender para todos. Para ello iré desde lo que considero que son los problemas generales, hasta lo más específico que es el dilema con los hipopótamos

Los seres humanos, influenciados por cuestiones como cultura, entorno y religión, hemos creado un imaginario colectivo en el que se considera que al ser “la especie suprema” tenemos derecho a la explotación irracional sobre todo lo existente en el planeta, incluidos los animales. Es esta concepción autoritaria, sumada con nuestra construcción errada de conceptos como el amor (según el cual creemos que amar es poseer, dominar), la que nos ha llevado a darle un uso y manejo a la fauna de maneras inimaginables e inaceptables.

Citaré tan solo unos ejemplos: experimentación médica y científica, uso de derivados de animales como garras, plumas, pieles para cuestiones netamente estéticas y ornamentales, animales silvestres que se convierten en fuentes de entretenimiento en circos, acuarios, zoológicos y, lo que podría parecer totalmente inofensivo, uso de los animales como mascotas.

Así, abstraemos lo que la fauna silvestre significa como un todo, tratando de individualizarla a casos aislados, y desconocemos todos los procesos biológicos en los que están involucradas cada una de las especies existentes, su importancia ecosistémica (recordamos que los animales son dispersores, polinizadores, controladores de plagas, depredadores, etcétera) y, sobre todo sus necesidades más básicas como entes biológicos (necesidad de locomoción, socialización, reproducción y de existencia en libertad).

Hay casos de abuso en todo el planeta: el tráfico de fauna es el cuarto negocio ilegal más lucrativo del mundo. Entre ellos aparece el de este señor colombiano, que, en su intento de demostrar su estatus social y, sobre todo, su poder, empezó a traficar con animales. Tengamos claro que, el tráfico lo ejerce no sólo quien caza, captura o vende una especie; traficantes son también quienes generan la demanda y compran estos animales.

En estos procesos surgen también problemáticas derivadas de la manipulación y translocación de fauna silvestre a lugares donde no existen ciertos animales naturalmente. Las condiciones de clima, disponibilidad de alimento, falta de depredadores hacen que el nuevo entorno sea el lugar ideal para estos animales introducidos, que, sin controles biológicos, aumentan substancialmente su expectativa de vida y su tasa reproductiva.

Ahora bien, ¿por qué estamos en este punto sin retorno con los hipopótamos del Magdalena? Principalmente por falta de un manejo que se debió dar hace muchos años, teniendo en cuenta que estos animales están en nuestro país hace más de treinta años.

De ahí que sea muy importante preguntar: ¿Por qué ese manejo no se dio cuando eran solo cuatro los animales inicialmente introducidos? Básicamente por falta de recursos y por lo mismo que está pasando en este momento, es un tema controversial, que nadie quiere tocar para no levantar ampolla en ningún sector, mientras que nuestros ecosistemas nativos son los que están sufriendo las graves consecuencias de esta falta de decisión.

¿Por qué entonces para los científicos es tan “fácil” ver la eutanasia como la alternativa viable, cuando la mayoría del público se opone con argumentos éticos y de maltrato animal? Muchos tienden a juzgar el artículo científico y a los autores de éste, tildándolos de crueles y facilistas e incluso deseándoles la muerte.

La ciencia es una disciplina rigurosa, objetiva, racional, basada en la evidencia comprobable y reproducible, que no se puede tomar a la ligera y que tiene que pasar por muchas etapas para si quiera poder llegar a algún tipo de conclusión. De ahí que puedo afirmar que la decisión de sacrificar un animal es lo menos facilista para nosotros los que trabajamos en pro de la conservación y de la biodiversidad.

 Para llegar a este tipo de conclusiones se requiere el estudio de las otras alternativas disponibles, teniendo en cuenta todas las variables, como el contexto actual, las proyecciones de reproducción de este animal y su éxito en nuevos territorios a medida que pasa el tiempo y las implicaciones de esto a nivel ecosistémico y también humano.

En este momento, con nuestro caso particular, llegó la hora en la que hay que tomar decisiones debido al riesgo inminente sobre las poblaciones naturales de animales y plantas, el riesgo de ataque a las poblaciones humanas y el riesgo en la seguridad alimentaria de las personas que viven de la pesca. Expondré las alternativas y explicaré por qué por sí solas resultan insuficientes:  

Traslado:

A zoológicos: teniendo en cuenta que la población actual se estima que es entre 80-100 animales, es poco probable que haya lugar para todos.

Reintroducirlos en África no es una opción por tres motivos principales: son animales con alta endogamia ya que se han reproducido miembros de la misma familia; esto disminuye su variabilidad genética lo que tiene serias consecuencias desde el punto de la adaptabilidad y supervivencia de los individuos en un territorio desconocido para ellos como África.

Al ser animales nacidos en Colombia, tienen patógenos y microbiota propia de este entorno; esto los convierte en un potencial peligro para las poblaciones nativas de África; además, las liberaciones, en caso de ser posibles tienen unos protocolos muy estrictos para evitar afectar a las poblaciones naturales receptoras. Y, por último, pero no menos importante, los traslados y el mantenimiento de estos animales son sumamente costosos, teniendo en cuenta que son animales que pesan toneladas y que consumen muchos recursos al día.

Castración:

Hay muchos limitantes para llevar a cabo un plan centrado en castrar los animales; voy a mencionar solo los principales que se derivan de la manipulación de animales de tal envergadura. Hay un gran riesgo para los profesionales ya que son animales bastante territoriales y peligrosos. Además, se requiere una gran disponibilidad de recursos y, al menos hasta el momento, no han sido dispuestos, ni por el gobierno ni por ninguna entidad que pueda asumir esta gran tarea.

Por último, en el mediano plazo la castración no es una solución, dado que estos animales tienen una expectativa de vida de 50 años aproximadamente: así se pudieran castrar todos los existentes hasta el momento (lo que es técnicamente imposible), seguiríamos teniendo más de ochenta animales agotando recursos, cambiando la composición del agua, poniendo en riesgo a la fauna y flora nativa por, al menos, cincuenta años más.

No podemos olvidar que estamos hablando de animales de difícil manejo y que cada individuo consume, aproximadamente, 70 kilogramos de material orgánico diariamente.

Crear una reserva natural para mantenerlos en un determinado lugar controlados:

Nuevamente, la falta de recursos para la captura, esterilización, traslado, mantenimiento y seguimiento de estos animales es una gran limitante. Además, en este escenario ocurrirían los mismos problemas biológicos en esa área determinada: como estos animales no son nativos, llevarán a un desequilibrio ecosistémico en la reserva lo que derivará en extinciones locales de ciertas especies a largo plazo.

Bioética:

La eutanasia como mecanismo para controlar ciertas especies invasoras se ha implementado alrededor del mundo desde hace mucho tiempo, incluso, en Colombia: la pesca de peces león como estrategia de control es llevada a cabo por las comunidades locales, que entienden el riesgo que suponen estos peces para los ecosistemas marinos nativos.

El problema aquí no es de ética, es un problema de la afinidad que sentimos por ciertos animales más que por otros. Los hipopótamos al ser especies empáticas generan muchas pasiones, muy al contrario de un simple pez.

Conclusiones

1) En cuestiones de manejo de fauna, siempre tiene que primar el bien común sobre el particular, debemos garantizar la supervivencia del mayor número de especies por encima de unos individuos. En nuestro caso, los hipopótamos están fuera de equilibrio y están llevando a otros animales a una posible extinción local, lo que va a repercutir en el ensamblaje del ecosistema y en las poblaciones locales humanas.

2) Debe ser una prioridad gubernamental y social la inversión en la ciencia, que brindaría herramientas clave para solucionar problemas como éste.

3) También debe ser prioridad abrir espacios de socialización para diversos temas científicos, que permitan a la sociedad ampliar sus cosmovisiones, entender y valorar el trabajo tan importante que hacen los científicos por la sociedad y el planeta.

4) Es hora de replantearnos nuestra relación con los animales y naturaleza en general, esto evitaría conflictos tan serios como el que estamos discutiendo.

Me gustaría cerrar este escrito con un par de planteamientos sobre los cuales deberíamos reflexionar: ¿Realmente estamos preocupados por conservar la vida (como un todo), o solo pretendemos conservar la vida de un número limitado de hipopótamos en detrimento de la vida de muchísimas especies nativas (aves, peces, insectos, manatíes, caimanes, entre otros) y del ecosistema en general? ¿Por qué nuestra indignación es selectiva y sólo nos importan los hipopótamos, pero no los animales que habitaban ahí antes que ellos?


Tags: #Hipopotamos, #PabloEscobar, #Magdalena,


#SomosPeriferiaUrbana


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