Salud

Anti-higiénicos: la limpieza y la higiene extrema      

Por Diana Marcela Mejía Granados

BBC

Para aquellos empedernidos con la y la higiene (de sus cuerpos), es hora de darle un F5 al estilo de vida que llevan hasta el momento y replantear algunas conductas obsesivas. Empiece por olvidar aquella propaganda del gel antibacterial con olor frutos del bosque para frotarse en las manos cada hora o el eslogan del jabón para todo uso que le garantiza infinitamente “una buena de piel”.

La razón es que más de la mitad de las que cubren y componen el cuerpo humano corresponden a microorganismos no patógenos, o sea, seres microscópicos que contribuyen al equilibrio de nuestra fisiología. Sí. Nuestro metabolismo, nuestra respuesta inmunológica y hasta nuestro estado emocional son influenciados por ellos. En los últimos 10 años, científicos del mundo han puesto gran atención en estudiar la interacción entre el hombre y los microbios y auxiliados con tecnologías de secuenciación genómica de tercera generación han podido concluir que la información genética procedente de estos diminutos seres (microbioma humano) corresponde entorno de 2 a 20 millones de genes, lo que supera abismalmente a la información presente en el genoma humano (entre 20 – 30 mil genes).

Es decir, nuestro segundo genoma, codificado por un popurrí de bacterias, hongos, arqueas y virus es una verdadera mina de oro inexplorada y cargada de respuestas que aún no han sido siquiera imaginadas ni cuestionadas. La ciencia ha revelado que entre mayor diversidad de microorganismos tengamos, menor chance de padecer alergias y enfermedades de tipo autoinmune e inflamatorio, como por ejemplo artritis reumatoidea, lupus, asma, eczemas cutáneos, colitis ulcerativa entre otras.

Los investigadores son contundentes al afirmar que todo comienza desde el periodo neonatal, justo en el momento en que somos paridos. La creciente ola de cesáreas innecesarias y la débil promoción a la lactancia materna han privado a muchos bebés tanto del microbiota vaginal cuanto a la microbiota de la leche humana y más crítico aún, de los anticuerpos almacenados en ese precioso líquido, que en conjunto desempeñan una labor crucial en la estructuración del sistema inmunológico en los primeros años de la infancia.  

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Por otra parte, el cuidado exagerado que algunos padres ansiosos tienen con sus pequeños los lleva a mantenerlos siempre tan lustrosos y limpios, haciendo que estas criaturas nunca sepan lo que significa comer tierra, gatear en el suelo, besar animales en el hocico y recibir un lengüetazo de retorno o andar descalzos. Y a medida que vamos creciendo, esas tendencias un tanto escrupulosas nos llevan a preferir quedarnos dentro de casa pasándole diariamente alcohol o hipoclorito a todas las superficies, así estén aparentemente limpias, o disfrutando de ambientes confinados como la oficina, donde el único intercambio de aire que ocurre es el del vaivén del aire acondicionado porque deja un ambiente más confortable.

Yo debo confesar que en algún punto de mi existencia fui gobernada por tamaña higiene, pero sabiendo hoy como funciona nuestro sistema y dándole todo el mérito al universo invisible de los microorganismos, soy una defensora acérrima de la teoría que promulga que tanta higiene y tanto estilo de vida occidental está tornándonos una especie vulnerable con chances restringidas de seguir evolucionando.

Atrévase a dar más paseos al aire libre y pisar la grama con los pies descalzos, súbase a un árbol y coma de su fruto maduro y bueno, si se siente más tranquilo dele una ligera limpiada con la camisa; tenga un animal de estimación y comparta con él; amamante a su hijo y si está dentro de sus condiciones opte por un parto natural; bájele al alcohol glicerinado y evite a toda costa el uso de antibióticos; haga ejercicio, tome yogur y coma fibra regularmente. Asilemos de nuevo a tantos exiliados que por décadas fueron expulsados del territorio que siempre les perteneció. Al final de cuentas no es tan terrible ser un poco “sucios”, o si? 

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