Economía

Algunos economistas minimizan, niegan o les molesta que se hable del problema de la desigualdad    

por
Sergio Chaparro
@SergioChaparro8

Algunos minimizan, niegan o les molesta que se hable del problema de la , pues dicen que lo que importa es la o el inclusivo. Desde esa perspectiva cuestionan a Gustavo  Petro y a quienes plantean como objetivo reducir la desigualdad.

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No estoy de acuerdo con estos economistas. Aquí algunos datos que muestran que la desigualdad económica en Colombia es mayor que en otros países de la región (y que el Estado hace muy poco por reducirla). Y algunas razones sobre por qué esto debería importarnos.

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Comienzo por decir que hay evidencia abundante sobre los costos de la desigualdad. No lo dicen solo economistas que a ellos no les gustan, lo dice también el FMI y la OCDE que además muestran que Colombia es de los países más desiguales y que el Estado hace poco por remediarlo.

Colombia, junto con Guatemala y Brasil, tienen una clase baja saturada y empobrecida, una clase media debilitada y una clase alta bastante privilegiada en comparación con la región. El problema no es la opulencia de estos últimos, sino las injusticias que estas brechas refuerzan.

Colombia es uno de los países en la región con la mayor concentración de ingreso en el 1% más rico de su población. Una de las más altas en el mundo.

A este Top 1% se le cobran muy pocos impuestos. Solo alrededor del 20% de su ingreso total es objeto de impuestos. Es más, entre más ricos son el porcentaje de sus ingresos que es objeto de impuestos es menor.

Colombia necesita más y no menos recaudo tributario a través de impuestos progresivos –es decir que graven a quienes tienen mayor capacidad de pago-. Pese a ello IvanDuque y AlvaroUribeVel dicen irresponsablemente que lo que se necesitan son “menos impuestos”.

(un paréntesis para decir que la fórmula de campaña de Uribe hoy de “más salarios y menos impuestos” es lo contrario de lo que hizo como presidente y muy probablemente a lo que Duque hará. Los trabajadores perdieron mucho y ganaron muy poco en su gobierno).

La desigualdad en la distribución de la tierra es todavía mayor: el 1,15% de los propietarios concentran el 52,2% de la tierra (medido en Unidades Agrícolas Familiares, es decir, teniendo en cuenta el potencial productivo de la tierra).

Esta estructura de la propiedad rural, además de ser producto de muchas injusticias, genera múltiples problemas: expansión irracional de la frontera agrícola, deforestación, conflictos socio ambientales. Es ineficiente (usos contrarios a vocación) y es un obstáculo al desarrollo.

La desigualdad en el terreno de las capacidades y las oportunidades refuerza la desigualdad económica y viceversa. Por ejemplo, las diferencias en logro y calidad educativa generan pérdidas significativas de ingresos para los hogares más pobres y para la en general.

En sociedades altamente desiguales, los ingresos de los padres tienden a determinar los de los hijos, debilitando el poder de factores como la educación o el trabajo esforzado para ascender socialmente.

De hecho, como lo mostró la Misión de Equidad y Movilidad Social, en Colombia la probabilidad de que los hijos de familias pobres alcancen ingresos altos son menores al 7%. La movilidad social es inferior a otros países de la región como Chile o México.

La Misión también mostró que las circunstancias, y no solo el esfuerzo o la suerte, tienen un peso considerable en el ingreso de los individuos. De modo que no es que la desigualdad sea injusta porque es alta, sino que además de ser alta hay evidencia de que es injusta.

La desigualdad de oportunidades y económica tiene dimensiones de género y étnico-raciales. Persisten brechas de género y los departamentos con mayor población indígena y afrocolombianos tiene peores indicadores sociales, por ejemplo: mayores tasas de pobreza.

A propósito, para los que creen que solo la pobreza es el problema y no la desigualdad, cabe recordar que sin mejoras distributivas la reducción de la pobreza en Colombia, como en otros países de América Latina, habría sido menor.

Pero además la desigualdad está asociada con mayor polarización política lo cual, capitalizado por populismos pro-ricos o políticos demagogos, puede llevar a retrocesos en políticas para combatir pobreza, por ejemplo: Trump y los intentos de marchitar Obamacare.

El tema distributivo es un asunto clave también para la paz. Apostaron por inclusión política, sin modificar desigualdades materiales y en distribución de bienes, pone en riesgo inclusión de poblaciones discriminadas.

Preocuparse por la desigualdad y asignarle un rol al Estado para corregirla a través, por ejemplo, de impuestos y gasto público -como lo hace Piketty-, no implica desconocer el rol de los mercados para reducirla –como lo hace Angus Deaton-.

La izquierda tradicional ha tendido a sobredimensionar el rol del Estado y subestimar el del mercado (la tecnocracia económica ha hecho lo contrario, cuando no ignorar el problema). Pero, a mi modo de ver, @petrogustavo se distancia de estas perspectivas. Veamos por qué.

La propuesta de la ColombiaHumana reconoce la importancia de la iniciativa privada. Tan es así que lo plantea es fortalecerla mediante un mayor acceso a factores productivos: crédito, saber energías limpias y redes. Esto significaría más, no menos competencia.

La propuesta, por ende, NO se concentra solo en la distribución sino también en la INCLUSIÓN productiva y en los mercados -incorporando temas como la sostenibilidad ambiental, las aspiraciones de la gente en el territorio e importancia de conocimiento, tecnología y cooperación.

En relación con problema agrario, plantea balance razonable entre regulación estatal y soluciones del mercado. Desde fortalecimiento de catastro y uso de impuestos como instrumento de regulación, hasta reforma agraria vía mercado de tierras –opción avalada ya constitucionalmente.

En el tema pensional también hay buen balance entre Estado y mercado. Sistema de pilares apunta a asegurar sostenibilidad de sistema público para garantizar una protección mínima a la vejez para todos, pero conservando un rol y un espacio para los fondos privados de pensiones.

Por eso resulta una burda caricatura decir que se trata de una propuesta estatizante que todo quiere resolverlo con subsidios o que es enemiga del mercado. Para dar el debate legítimo sobre el cómo se deber partir de no distorsionar al contradictor.

FIN

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