Alejandro Gaviria: Las metáforas y la victimización superflua

FOTO: Claudia Rubio. EL TIEMPO

Por Alexander Quiñones-Moncaleano

Alejandro Gaviria es un político colombiano que muchos consideran como un intelectual tozudo y preparado. Así ha querido mostrarse él y así han querido mostrárnoslo. Él mismo se da esos aires de gran filósofo y hombre crítico. Cada vez que sale en cámara se ve a un hombre en actitud de pose. Nos lo venden como si fuera una especie de Adorno o Walter Benjamin acorralado entre su lado burocrático y su lado intelectual. Pero éste es un sujeto que encarna al neoliberalismo y al Establecimiento.

No hay nada natural en él: un trino le sale barroco, cargado. Además, cada vez que recibe una crítica asume la postura del incomprendido. Nada le parece acertado y son los otros los equivocados, los deshonestos, los truhanes. Es decir todo en él es perfecto.  Ese principio de realidad, que a la mayoría nos pone los pies en la tierra, parece no existir para él; por eso se eleva entre sus contemporáneos. Hijo mimado de su padre y del propio establecimiento.

Conocemos su trayectoria. Su enfermedad le dio además ese halo de vencedor que ha sabido capitalizar  muy bien. Fue ministro de salud del gobierno de Juan Manuel Santos y en ese cargo se enfrentó a las farmacéuticas. Salió con una narrativa: David se enfrenta a Goliat. En ese caballito cabalga cómodo y profundo.

Alejandro Gaviria, el incomprendido

Lo último de Alejandro Gaviria tiene que ver con mercenarios y réplicas. Con mercantilismo y paramilitarismo. En un trino suyo del 2011 se leía: “Me perdonarán el mercantilismo pero me parece mejor exportar mercenarios que importarlos”. Pues bien, a partir de los sucedido con los mercenarios colombianos en Haití saltó la liebre, en este caso el trino. Lo trinado en 2011 fue desempolvado. Cosa que no le gustó para nada. Salió a defenderse. Y como siempre todo estaba afuera.
Lo siguen sacando de contexto. Lo siguen tergiversando. Unos seres deshonestos lo atacan. Pero es importante tener en cuenta que no es la primera vez que se sirve de la palabra ‘mercenario’: en el 2019 la había utilizado para referirse a sus críticos. Los llamó “Mercenarios del Odio”. A esos mercenarios los califica de sociopátas.

Gaviria contestó de mala gana a las críticas de su trino de 2011. Y vuelve a lo mismo: Él es un incomprendido; un intempestivo. Un hombre a quien sus compatriotas no entienden y por ello lo sacan de contexto. La profesora Isis Giraldo hace una aseveración clara y fina: “Es insultante que una persona que aspira a la presidencia de un país bañado en sangre -en gran medida por causa del paramilitarismo- y que efectivamente exporta ‘mercenarios’ se sirva de esa metáfora para quejarse de las críticas que recibe por Twitter…Y si hubiera sido sarcástico no habría escrito “Me perdonarán el mercantilismo” sino que habría soltado “el chiste” sin preámbulo. Claramente no es el gran intelectual que cree que es, pero idea de pragmática sí tiene.”

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