El Shabbat |



Por Alexander Quiñones-Moncaleano


Hoy el país recuerda el horror  que sufrieron hace dos décadas los habitantes del corregimiento de , incrustado en , en el Caribe colombiano. La masacre más dolorosa que se vivió en esta región de Colombia.

Un múltiple crimen perpetuado por 450 paramilitares, entre el 16 y el 21 de febrero del año 2000, que dejó 60 campesinos, trabajadores y personas inocentes, asesinados brutalmente, y provocó el desplazamiento de toda la población.

El colectivo audiovisual de jóvenes Coco Salado nació hace siete años para hacer memoria sobre lo que era su pueblo antes de la masacre de febrero de 2000. / Fotografías: Iván Muñoz

 

El Salado y los Montes de María

El Salado es un corregimiento del municipio de El Carmen de Bolívar, dentro de los
Montes de María, ubicado hacia el sureste a una distancia de 18 km del casco urbano.
Fue fundado en 1812, y es conocido como la capital tabacalera de la Costa Caribe,
pues se convirtió en el corregimiento más grande y más próspero de dicho municipio,
porque cultivaba y procesaba el tabaco hasta desarrollar una incipiente cultura fabril
coadyuvada con la apertura de bodegas de las compañías Espinoza Hermanos y
Tayrona; y porque la fertilidad de sus tierras, favorecida por sus acuíferos, permitió
que se convirtiera en una despensa agrícola donde también se producía ahuyama,
ajonjolí, maíz, yuca y ñame.

La región de los Montes de María es una prolongación de la Serranía de San
Jerónimo de la Cordillera Occidental, en la parte central de los departamentos de
Bolívar y Sucre, en la región Caribe. Está conformada por quince municipios: San
Jacinto, San Juan Nepomuceno, María La Baja, Córdoba, Zambrano, El Guamo y El
Carmen de Bolívar, en el primer departamento citado, y San Onofre, Ovejas, Chalán,
Colosó, Morroa, Toluviejo, Los Palmitos y San Antonio de los Palmitos, en el
segundo; y cuenta con una extensión de 6.317 km2 y una población de 420.103
habitantes.

La masacre

         La planeación de la masacre y la organización de los victimarios.

La masacre de El Salado fue planeada en la finca El Avión, jurisdicción del
municipio de Sabanas de San Ángel en el departamento de Magdalena, por los jefes
paramilitares del Bloque Norte Salvatore Mancuso y Rodrigo Tovar Pupo, alias
“Jorge 40”, así como por John Henao, alias “H2”, delegado de Carlos Castaño,
quienes también lo coordinaron.

El hecho fue perpetrado por 450 paramilitares20 divididos en tres grupos, el primero
de los cuales incursionó por el municipio de San Pedro hacia los corregimientos. Las fuentes de información de MH para identificar la planeación de la masacre y la organización de los victimarios son las declaraciones de los paramilitares capturados por la masacre de El Salado que hacen parte del Expediente Penal No 721 de 2.000. También se contó con los testimonios rendidos por miembros de las estructuras paramilitares que hicieron presencia en la masacre de El Salado y que están o bien postulados o esperando la postulación para la Ley de Justicia y Paz (“Cinco Siete”, “Juancho Dique”, “El Tigre”, Luis Teherán y Dilio José Romero). Los testimonios fueron acopiadospor investigadores de MH en la cárcel Modelo de Barranquilla. Se consideraron a  su vez las versiones libres rendidas ante la Unidad de Justicia y Paz por “El Tigre”, “Juancho Dique” y “Pantera”.

Canutal, Canutalito y zonas rurales del corregimiento Flor de Monte que comunican
con el casco urbano del corregimiento El Salado, comandado por John Jairo Esquivel,
alias “El Tigre”, comandante paramilitar del departamento del Cesar que operaba
bajo el mando de alias “Jorge 40”.

Este grupo fue apoyado por paramilitares de otras agrupaciones de San Onofre y El
Guamo que operaban en los Montes de María como parte del Frente Rito Antonio
Ochoa desde el año 1997, comandados respectivamente por Rodrigo Mercado
Peluffo, alias “Cadena”, y por alias “El Gallo”. Se han reconocido como guías alias
“Abelino” y “El Negro Mosquera”, desertores de las Farc; y Domingo Ezequiel
Salcedo, habitante del corregimiento de Canutalito, el cual fue capturado e
incorporado para señalar a las víctimas a cambio de su vida, y continuó militando
con aquellos hasta el momento de su captura por parte de la fuerza pública en agosto
del año 2.000.

También se identificó como parte del primer grupo al señor Aroldo Meza de la Rosa,
miembro de la familia Meza, integrante de una estructura paramilitar local que
previamente había librado una guerra contra las Farc en los corregimientos de
Canutal y Canutalito en el municipio de Ovejas. De acuerdo con los testimonios de
los paramilitares capturados, y la hipótesis de la Fiscalía General de la Nación, la
persona a quien Carlos Castaño presentó como Manuel Ortiz, comandante del Frente
35 de las Farc, y a quien los paramilitares conocían como “El Viejo Manuel”, podría
ser, en realidad, Aroldo Meza de La Rosa.

El segundo grupo, bajo el mando de Edgar Córdoba Trujillo, alias “Cinco Siete”,
comandante paramilitar del Magdalena que operaba bajo las órdenes de alias “Jorge
40”, incursionó por el municipio de Zambrano a través de la vía que comunica con el
corregimiento El Salado, guiados por dos de los sobrevivientes de una estructura
paramilitar local denominada Los Méndez, que había librado previamente una guerra
de exterminio con el Frente 37 de las Farc. Luis Teherán y Dilio José Romero fueron
cooptados por las estructuras paramilitares de “Jorge 40” y Salvatore Mancuso para guiar primero a uno de los grupos, y después convertirse en miembros de la
estructura paramilitar que iba a quedar instalada en la zona.

El tercer grupo incursionó por la vía que comunica a El Salado con el casco urbano
de El Carmen de Bolívar. Estaba comandado por Luis Francisco Robles, alias
“Amaury”, ex -suboficial de las Fuerzas Especiales del Ejército, quien había sido
reclutado por Carlos Castaño luego de que se fugara de una guarnición militar en
febrero de 1998 cuando estaba siendo juzgado por asesinato. Venía desde Córdoba,
donde se había reclutado a quienes serían los miembros de la nueva estructura
paramilitar que operaría en los Montes de María después de la masacre: Todos del
municipio de Tierralta, de dicho departamento, debían cumplir con el requisito de ser
reservistas del Ejército. Este grupo incorporó como guías a desertores de los frentes
35 y 37 de las Farc, entre los cuales fueron reconocidos alias “El Gordo”, “Nacho
Gómez”, “Jinis Arias”, “Flaco Navarro” y “Yancarlo”, este último capturado y
luego incorporado para señalar a las víctimas a cambio de su vida.

Pero la incursión por tres de las cuatro vías que comunican a El Salado con el resto
de los Montes de María, se complementó con el cierre del cerco por la que conduce a
La Sierra, desde la base de operaciones instalada en la finca El 18, ubicada entre el
corregimiento Canutalito en Ovejas y Guaymaral en Córdoba, a la cual se puede
arribar sin cruzar por El Salado. Fue ocupada por una parte del grupo paramilitar
comandado por el “El Tigre”, y allí permaneció “Cadena”.

El comandante de la incursión paramilitar fue John Henao, alias “H2”, cuñado de
Carlos Castaño, quien además debía recoger y evacuar el ganado existente en el
territorio bajo la presunción de que había sido robado por la guerrilla.

Los grupos de “Cadena” y “El Gallo” eran las estructuras paramilitares preexistentes
en la región de los Montes de María, y posibilitaron la incursión en el territorio de los
otros: El de “El Tigre” salió desde San Onofre para encontrarse con los demás en El Guamo, donde empezaron su itinerario por la carretera Troncal de Occidente;
ubicaron al de “Amaury” en la vía El Carmen de Bolívar – El Salado, y prosiguieron
por San Pedro hacia Ovejas.

José Vicente Gamboa, alias “Pantera”, ha denunciado en sus versiones libres ante la
Unidad de Justicia y Paz, que un grupo de 25 infantes de marina formó parte de la
operación paramilitar en el corregimiento El Salado. Esta línea de investigación
deberá ser desarrollada y profundizada por la Fiscalía General de la Nación y la
Procuraduría General de la Nación.

El profesor Javit Torres estudió filosofía en Cartagena y volvió a El Salado, donde nació, para devolverles la esperanza a sus estudiantes. Iván Muñoz

 

Una reconstrucción de los hechos

16 de febrero de 2000

En la vía que conduce de El Salado al casco urbano de El Carmen de Bolívar, el
grupo paramilitar comandado por alias “Amaury” estableció un retén en el sitio
conocido como la Loma de las Vacas, donde detuvo un carro que venía de El Salado,
bajó a sus pasajeros y los interrogó; posteriormente sus hombres les revisaron las
manos y los hombros en busca de marcas en el cuerpo como indicios de haber
cargado equipos de campaña o utilizado armas. En el desarrollo de la revisión,
“Nicolás”, segundo de “Amaury”, acusó a Edith Cárdenas Ponce de ser guerrillera, la
apartó hacia el borde de la vía y allí la apuñaló. Luego asesinaron a Carlos Eduardo
Díaz Ortega, otro de los pasajeros, el cual era conocido como Manuel Díaz. María
Cabrera, promotora de salud de El Salado y quien años después sería asesinada por la
guerrilla de las Farc, y su esposo, fueron liberados por los paramilitares, y partieron
para El Carmen de Bolívar donde informaron a sus familiares de lo sucedido. Esto
desencadenó la huida de los habitantes de El Salado hacia los montes circundantes.

Después el grupo de Amaury se encontró con un carro que venía saliendo de una
trocha, en el cual iban dos personas a las que preguntaron si eran guerrilleros; éstos
respondieron afirmativamente, porque los confundieron con la guerrilla, y cuando los
habían rodeado, intentaron huir y fueron asesinados. Este hecho fue confirmado por
“Martín Caballero”, comandante de las Farc, en comunicación interceptada por la
fuerza pública.

Minutos más tarde, en el mismo lugar, los paramilitares vieron que otro carro se
acercaba, pero esta vez los guerrilleros que venían percibieron su presencia, se
detuvieron y lograron huir. El carro transportaba 20 cilindros de gas, los cuales junto
con el vehículo fueron incinerados por los paramilitares, que continuaron su avance
por la vía incursionando en las viviendas aledañas, en una de las cuales mataron a
Edilberto Sierra Mena.

Simultáneamente en el área rural del corregimiento Canutal del municipio de Ovejas,
el grupo paramilitar comandado por “El Tigre” se dividió en dos subgrupos; el uno se
dirigió hacia el corregimiento Canutalito y la vereda Pativaca, y el otro hacia el
corregimiento Flor del Monte, veredas El Cielito y Bajo Grande. El primero llegó a la
madrugada a la finca El Porvenir, en el corregimiento Canutal, donde habitaba Jorge
Eliécer Mercado Vergara, revisaron su casa, lo sacaron a la fuerza, lo amarraron y se
lo llevaron con ellos; también en la finca El Cairo detuvieron y se llevaron a Libardo
Antonio Cortes Rodríguez, quien luego apareció degollado. En la misma acción, el
señor Alberto Garrido, que cubría con su carro la ruta que une los corregimientos
Guaymaral (Córdoba) – Canutal (Ovejas), fue interceptado y asesinado cuando
pasaba por el lugar.

Más adelante instalaron un retén en la vía Canutal-Flor del Monte, y allí detuvieron a
Emiro Castillo Castilla, quien se transportaba en una moto; lo hicieron bajar de ésta,
lo amarraron de las manos y lo degollaron. La moto fue quemada. También
incursionaron en la vereda Palmarito del corregimiento de Canutal, donde mataron
del mismo modo a Miguel Antonio Avilez Díaz.

Después prosiguieron hacia Canutalito, instalando un nuevo retén donde detuvieron a
Domingo Ezequiel Salcedo, que se transportaba en un burro. Luego de ser
interrogado y antes de continuar, un guía lo reconoció como colaborador de las Farc.

Los paramilitares lo obligaron a cooperar con ellos a cambio de su vida. Continuaron
su recorrido llevando consigo a Jorge Eliécer Mercado Vergara. Cuando arribaron al
casco urbano reunieron a la población en la plaza principal y llevaron hasta allí a
Benjamín José González Anaya, Daniel Francisco Díaz, también conocido en el lugar
como Marcos Díaz, Jorge Asia, Juan González y Luis Alfonso Peña Salcedo, quienes
habían sido detenidos minutos antes; y les anunciaron que habían venido a hacer una
limpieza de la guerrilla que opera en la región.

Antes de irse, la gente intercedió para que dejaran en libertad a las personas que
tenían amarradas en la plaza principal, y los paramilitares dejaron ir a Jorge Asia y
Juan González, y se llevaron consigo a Marcos Díaz, Jorge Eliécer Mercado,
Benjamín José González Anaya y Luis Alfonso Peña Salcedo, quienes habían sido
denunciados por Domingo Ezequiel Salcedo.26 Todos aparecieron degollados en la
zona rural.

Después de salir de Canutalito, se dirigieron hacia la vereda Pativaca, y en la casa de
la familia Núñez detuvieron al señor Rafael Antonio Núñez y a sus tres hijos, Lever
Julio, David Rafael y Jhony Alberto Núñez Sánchez, que fueron señalados por el
desertor de la guerrilla de las Farc, alias “Abelino”, así como por Domingo Ezequiel
Salcedo. Uno de los sobrevivientes de la familia Núñez reconoció al primero. Las
víctimas aparecieron degolladas.

Al mismo tiempo, los paramilitares recogieron el ganado que había en la vereda
Pativaca, aduciendo que había sido robado por la guerrilla. Desde entonces comenzó
a circular la versión de que este era de “La Gata”, como se apoda a la empresaria del
chance Enilse López Romero; y que la misión de los paramilitares era recuperarlo.
Simultáneamente, el segundo grupo instaló un retén en la vía Flor del Monte – Bajo
Grande, donde detuvieron a Dayro de Jesús González Olivera, quien se transportaba
en un tractor del cual fue bajado y luego degollado. El tractor fue incinerado.
Después incursionaron en las veredas El Cielito y Bajo Grande donde asesinaron a
Amaury de Jesús Martínez y su padre Miguel Antonio Martínez Rodríguez, así como a Miguel Antonio Martínez Narváez, Moisés Gutiérrez Causado y Félix Pérez
Salcedo, todos degollados. También se reportó la incineración de la casa del señor
Séptimo Olivera en la vereda El Cielito.

La incursión hacia Córdoba desde Ovejas con una parte del grupo de “El Tigre” que
se concentró en la finca El 18 y bloqueó la vía a La Sierra, así como la incursión del
grupo de “Cinco Siete” por la vía a Zambrano, ocasionó nuevas víctimas en la ruta
del terror paramilitar: Gilfredo Brochero Bermúdez, Isaac Contreras y Luis Romero.
Los dos últimos fueron asesinados en la finca El Carreto en la vereda La Sierra.
Durante el primer día de la ruta de la muerte paramilitar hubo 24 víctimas, 23
hombres y una mujer: 18 en el municipio de Ovejas, tres en El Carmen de Bolívar y
tres en Córdoba, la mayoría asesinados con arma corto-punzante, degollados o
apuñalados.

A diferencia de las primeras versiones sobre los hechos dadas por las Fuerzas
Militares, los grupos de “El Tigre” y “Cinco Siete” no tuvieron combates con la
guerrilla, mientras que el de “Amaury” reportó dos hostigamientos en la vía a El
Carmen de Bolívar.

En cuanto a la Infantería de Marina, cuyo Batallón Nº 5 (“Bafim Nº 5”) tenía la
competencia territorial y militar del área general de El Salado, no interfirió el avance
paramilitar porque el dispositivo de presencia de aquel cuerpo en el territorio había
cambiado meses antes: Dicho batallón había recibido órdenes del Comando de la
Primera Brigada de Infantería de Marina sobre desarrollar operaciones en los
municipios de Córdoba y Zambrano, lo cual implicó una cesión de su competencia
militar sobre el territorio al Batallón de Contraguerrilla de Infantería de Marina Nº
31, que a su vez cambió su dispositivo militar el 15 de febrero de 2000, es decir, la
víspera del inicio de la masacre.

Ese mismo día el ganadero y político Miguel Nule Amín reportó al comando del
Bafim Nº 5 el robo de 400 cabezas de ganado de las fincas Santa Helena y La Nubia
entre los municipios de San Onofre y Toluviejo por parte del Frente 35 de las Farc.
Se informó que el ganado estaba en el corregimiento Macayepo. Al mismo tiempo,
el gobernador de Sucre, Eric Morris, se contactó con el Comandante de la Primera
Brigada de Infantería de Marina para informarle del robo de ganado y la presencia
guerrillera, insistiéndole en el despliegue de una acción inmediata. El Comando de
dicha Brigada ordenó el movimiento de dos compañías del Bacim Nº 31 hacia el
sector Los Números y dos más hacia Macayepo, mientras replegó otras cuatro, lo que
implicó que el territorio de la masacre quedó sin protección militar. Por último, el 16
de febrero el Comando de la mencionada Brigada reportó informaciones sobre la
inminencia de un ataque de las Farc a los cascos urbanos de Córdoba y Zambrano.27
La única operación realizada por la fuerza pública antes de que se iniciara la masacre
fue una acción de la Fuerza Aérea en la que se obligó a aterrizar a un helicóptero en
jurisdicción del municipio de Córdoba el 16 de febrero. Los tripulantes quemaron el
helicóptero en tierra y huyeron. Al parecer uno de ellos era “Jorge 40”.

Memoria Histórica (MH) considera necesario interpelar a la Infantería de Marina y la
Policía acerca de su reacción ante el robo de ganado del 15 de febrero, desde el punto
de vista del principio de proporcionalidad, entre otros aspectos, si se tiene en cuenta
que dicha reacción implicó replantear un dispositivo militar sobre un territorio que
quedó desprotegido, en un contexto crítico de alteración del orden público por el
escalamiento del conflicto armado en la región de los Montes de María. La pregunta
sobre la Policía Nacional se deriva de que haya sido la Infantería de Marina y no ésta
la que reaccionó ante la ocurrencia de un hecho delictivo de índole policivo, que si
bien se relaciona con el orden público por ser atribuido a la guerrilla, no justifica su
inacción; y además resulta extraño que ni ella ni la Infantería de Marina presentaron
ante la Procuraduría General de la Nación algún reporte operativo acerca de la
recuperación o no del ganado robado.

El hecho es relevante porque el territorio de la masacre había registrado
acontecimientos de violencia previos, que por su gravedad ameritaban la
consolidación del dispositivo de protección militar: El 19 de enero de 2000 en el sitio
Portón de Esteban en la vía que comunica El Carmen de Bolívar con El Salado, un
grupo paramilitar instaló un retén a las seis de la mañana y detuvo varios carros;
revisaron a quince personas, y retuvieron a cinco que luego aparecieron degolladas y torturadas. En la acción se llevaron un carro y quemaron otro. Las víctimas de la
masacre fueron Amilkar José Berrío Quintero, Emil Anillo Silgado, Miguel Ángel
Montes, Carlos Eduardo Martelo Pimienta y Gilberto Alvis Ponce. A esto se añade
que el 23 de diciembre de 1999 un helicóptero lanzó volantes sobre el casco urbano
de El Salado con amenazas a sus habitantes advirtiéndoles que comieran, bebieran y
celebraran las fiestas de fin de año, pues éstas serían las últimas. Tampoco se
consideró la comunicación oficial que dirigió al Comando de la Primera Brigada de
Infantería de Marina el coordinador seccional del CTI de la Fiscalía General de la
Nación en Sucre el 15 de febrero de 2000, en la cual anunciaba que había
información indiciaria sobre el riesgo de ocurrencia de hechos de violencia en aquel
corregimiento.

 

17 de febrero de 2000

El grupo del paramilitar “Amaury” reinició su recorrido hacia El Salado, y fue
atacado con cilindros de gas por parte de los guerrilleros del Frente 37 de las Farc. El
combate duró una hora. Después continuó avanzando, detuvo a dos hombres que
venían transportándose en burro, los cuales fueron interrogados y reconocidos por un
guía como guerrilleros. Uno de ellos intentó atacar a los paramilitares y fue
asesinado; el otro, “Yiancarlo”, fue capturado. El grupo decidió acampar en un cerro,
donde en horas de la noche fue atacado nuevamente por guerrilleros del Frente 37 de
las Farc. Los paramilitares intentaron replegarse, pero la persecución de la guerrilla
continuó.

Una parte de los habitantes de El Salado que se había ido a los montes decidió
regresar el 17 de febrero, por varias razones: no resistían las condiciones extremas de
supervivencia en los montes; tenían niños pequeños que necesitaban agua y alimento;
percibían que el riesgo había cesado; o tenían la convicción de no haber hecho algo
que justificara la huída. Los que regresaron han denunciado el sobrevuelo del avión
fantasma en el pueblo en las horas de esa noche, lo cual ha sido validado por
paramilitares capturados después de la masacre, quienes señalaron que tuvieron que
acostarse encima del fusil para no ser detectados por el mismo; así como por los
sobrevivientes de El Salado que permanecieron en los montes hasta después de la
masacre.

Simultáneamente, el grupo del jefe paramilitar “El Tigre” continuó su ruta hacia El
Salado sin que se registraran combates con la guerrilla; y el grupo de “Cinco Siete”
se dirigió hacia el campamento central del Frente 37 de las Farc en la finca Las
Yeguas, localizada entre el corregimiento El Salado y la vereda La Sierra. “Cinco
Siete” es el primer comandante paramilitar que reconoce que el campamento central
del Frente 37 de las Farc no estaba en el pueblo de El Salado sino en la citada finca.28
A su llegada a ella encontró el campamento vacío.

Mientras la masacre se desarrollaba dentro del territorio, la Infantería de Marina
reportaba informaciones de inteligencia sobre una inminente incursión de las Farc
hacia los cascos urbanos de El Carmen de Bolívar y Ovejas, razón por la cual se
ordenó a los Bafim Nºs 5, 31 y 33 que adelantaran acciones de protección de los
mismos; es decir, la presencia de los militares se reforzó por fuera del territorio de la
masacre. Las primeras informaciones dadas por los militares se refirieron a combates
entre la guerrilla y los grupos paramilitares en dicho territorio, hecho que arguyen
como dificultad para haber desplegado el dispositivo militar de protección.

 

18 de febrero de 2000

El grupo de “Amaury” continuó siendo atacado y perseguido por la guerrilla, razón
por la cual pidió apoyo de los grupos de “El Tigre” y “Cinco Siete” que venían desde
Ovejas y Zambrano. La concentración de fuerzas paramilitares, junto con la presencia
de un helicóptero artillado, les permitió superar la capacidad bélica de la guerrilla, a
la cual obligaron a replegarse. Estas hostilidades dentro y fuera del casco urbano de
El Salado generaron pánico entre sus habitantes, que vacilaban entre correr por las
calles o esconderse en sus casas. Luego del repliegue de la guerrilla, el pueblo quedó
en manos de las fuerzas paramilitares.

En el desarrollo de la incursión paramilitar, el helicóptero artillado que los apoyaba
impactó una casa ubicada en la calle principal del pueblo, la cual conserva las huellas
de los impactos de bala en el techo. Allí cayó la primera víctima del poblado: Libardo
Trejos Garrido.

Cuando las hostilidades cesaron, los grupos de “Amaury” y “El Tigre” entraron al
pueblo, mientras el de “Cinco Siete” cerraba el cerco desde los cerros; entonces
empezaron a recorrerlo pateando las puertas de las viviendas y obligando a los
pobladores a salir y dirigirse hacia el parque principal, acompañando su accionar con
insultos y gritos en los que acusaban a los habitantes de ser guerrilleros.
Ubicada en la calle principal, cerca de la casa ametrallada por el helicóptero, se
encuentra la del señor Alfonso Medina, donde se habían escondido Marco José Caro
Torres y Roberto Madrid luego del pánico generalizado ocasionado por las
hostilidades; cuando los paramilitares entraron a la casa y los obligaron a salir, el
miedo los paralizó y les impidió levantarse, y fueron acribillados en estado de
indefensión.
Mientras esto sucedía, en otra parte del pueblo un hijo de crianza de Dora Torres
Rivero, quien venía corriendo por la persecución de los paramilitares, le gritaba a su
mamá que le abriera la puerta de su casa. Cuando lo hizo, los paramilitares abrieron
fuego y ella recibió los disparos. Moribunda ingresó a su casa y se acostó, seguida de
los paramilitares quienes entraron para rematarla. Las personas que se habían
escondido en la casa fueron sacadas a la fuerza y conducidas hacia el parque
principal. Allí también balearon a Eloy Montes Olivera.
Entretanto otros intentaban huir por los montes, pero se encontraron con el cerco
paramilitar y allí fueron asesinados a bala Rogelio Ramos, Víctor Arias Julio, de 67
años y José Irene Urueta, de 55, y con objeto contundente Wilfrido Barrios.
Los paramilitares continuaron incursionando en las viviendas para obligar a los
habitantes a concentrarse en la cancha de microfútbol dentro del parque principal. Un
grupo lo hizo en una casa localizada abajo de la plaza principal: patearon la puerta,
pero cuando entraron, Alejandro Alvis Madrid se lanzó rula en mano sobre un
paramilitar, alias “El Mono”, lo hirió en un brazo, y fue baleado.29
El espectáculo de horror. Una vez reunida la población en el parque principal, los
paramilitares separaron a las mujeres, los hombres y los niños. Las primeras fueron concentradas en las escaleras de la entrada de la Iglesia, los hombres ubicados en un
costado de la cancha de micro-fútbol frente a ellas, y las mujeres con niños fueron
encerradas en la casa de Margoth Fernández Ochoa, ubicada frente a la citada cancha.
Algunos grupos de hombres y mujeres fueron ubicados en diferentes puntos dentro de
este parque; y entre el grupo de las mujeres seleccionaron a algunas que fueron
obligadas a cocinarles durante los dos días en que permanecieron en el pueblo.
Después de eso, el grupo de “Amaury”, apoyado por “El Tigre”, comenzó la orgía de
sangre.
La primera víctima seleccionada fue un hombre, Eduardo Novoa Alvis, que fue
llevado a la cancha.
En la cancha nos dijeron “los hombres aun lado y las mujeres a un lado” y nos tiraron
boca abajo ahí, de ahí enseguida apartaron a un muchacho, le dijeron “usted se queda
aquí con nosotros porque usted se nos escapó de Zambrano, pero de ésta no se nos va
a escapar” le decían ellos. A él fue el primero que mataron en la cancha. Le pusieron
una bolsa en la cabeza y le mocharon una oreja primero, y después esto se lo pelaron
con espino, lo acostaron y le ponían la bolsa en la cabeza, él gritaba que no lo mataran,
que no lo mataran, le pegaban por la barriga, patadas, puños, por la cara, toda la cara
se la partieron primero, y nos decían “miren para que aprendan, para que vean lo que
les va a pasar a ustedes, así que empiecen a hablar”, decían ellos. Entonces nosotros le
decíamos “qué vamos a hablar si nosotros no sabemos nada”. Ya después que lo
tiraron en la cancha si lo mataron, le dispararon […] A él le cortaron sólo una oreja, él
lloraba y gritaba, fue el primero que mataron ahí […]. Él se demoró en morir, esa
agonía de la muerte es horrible, ver como se queja una persona30
Después de la primera ejecución, los paramilitares, quienes habían sacado los
instrumentos musicales de la comunidad que estaban en la Casa de la Cultura,
comenzaron a tocar una tambora. También hay versiones de que manipularon gaitas y
acordeones, dando inicio a “la fiesta de sangre”: Mientras saqueaban las tiendas iban
encendiendo los equipos de sonido que encontraban, lo que creó un ambiente
“festivo” en el que se combinaba la música de los equipos de sonido con los toques
de la tambora.
Aquí habían mandado unas tamboras, acordeón, aquí había un grupo de gaita, habían
mandado los instrumentos para que los pelados fueran comenzando a practicar, todo
eso se apoderaron ellos. Ésta cancha, ahí era cuanto muerto mataban, tocaban, tocaban
tambora, tocaban acordeón y todo, si cargaban grabadoras, porque en las casas habían
buenas grabadoras y hasta cogían las grabadoras, y todo eso ponían la música […]

Cuando eso mataban, ellos tocaban, eso era una fiesta para ellos. Eso para ellos era
una fiesta 31
Sacaron unos tambores de la Casa del Pueblo, cantaban después de matar… se les veía
el placer de matar

Luego de la primera ejecución, los paramilitares se acercaron a los hombres y los
interrogaron sobre la presencia de la guerrilla en el pueblo. De acuerdo con los
testimonios de las víctimas, indagaron “si vienen, si les cocinan, si tienen mujeres”.
Les hicieron quitar los zapatos y las camisas, buscando marcas en el cuerpo que
sirvieran como indicios de que eran combatientes, en tanto ocasionadas por la carga
de equipos de campaña, así como ausencia de vello en las canillas por el uso
permanente de botas. Aún cuestionando la fiabilidad del indicio, ninguna víctima
pudo ser identificada de ese modo. Además les pidieron sus documentos de identidad,
los cuales se llevaron por un rato y luego devolvieron: Nadie fue seleccionado de este
modo, lo cual indica que si había una lista de personas, ninguna se encontraba en ese
momento en el pueblo. Así, ni la lista ni las marcas en el cuerpo fueron claves para la
elección de las víctimas, excepto en el caso de Edith Cárdenas. Entonces el énfasis se
puso en el señalamiento de los “caratapadas”33 y en el “sorteo”, diciendo que su
objeto era obligar a los hombres a colaborar: Fueron forzados a numerarse y quien
tenía el número previamente designado era sacado a la fuerza y asesinado. Las
víctimas fueron Pedro Torres, Desiderio Francisco Lambraño y Ermides Cohen
Redondo, el primero baleado, y el segundo torturado con cuerdas que le amarraron en
el cuello y el tórax, que luego fueron jaladas desde extremos opuestos por dos
paramilitares hasta llevarlo al límite del estrangulamiento: moribundo, fue acribillado
a bala y luego le clavaron la bayoneta del fusil en el cuello. El tercero recibió ocho
puñaladas entre el cuello y el tórax.

Todo el relato de esta infame masacre donde murieron 60 personas a manos de 450 paramilitares fuertemente armados con la connivencia de las fuerzas armadas del Estado y que causaron un éxodo masivo del corregimiento lo puedes encontrar en LA MASACRE DE EL SALADO: ESA GUERRA NO ERA NUESTRA Miembros del Grupo de Memoria Histórica  

el Corregimiento de El Salado, incrustado en los Montes de María
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