Política

Estaca de Papel: La historia Política de Colombia       

A clock with an emerald colored map of sits on display at a shop in Muzo, Colombia, on Saturday, Aug. 5, 2017. Colombia is the world’s largest producer of emeralds. The Town of Muzo is known as the world capital of emeralds because its mines contain the highest quality emerald gems. Photographer: Nicolo Filippo Rosso/Bloomberg

Por EdwinJF
@EdwinJF

La de Colombia se ha caracterizado por estigmatizar la oposición de aquellos que nos han gobernado siempre: a la oposición en el país se le ha catalogado como un cáncer necesario a extirpar. Parece ser que el destino de quienes pensamos diferente en este bello país es la muerte.

Se supone que en Colombia la democracia es participativa pero con cierto límite de verdad, el miedo nos invade, convirtiendo una emoción en el principal caudillo del silencio de nuestros pensamientos. El desarrollo ontológico de la clase se supone que es transmitir la voluntad del pueblo, pues para eso son elegidos los gobernantes, pero infortunadamente se hacen elegir no para el ejercicio público sino para perpetuarse en el poder y estar cómodamente en su sitio de cuero fino en el Congreso.

Es inevitable hablar de Jorge Eliécer Gaitán. Después de su muerte muchos han dicho “Gaitán tenía razón”, y fue él quien luchó contra la oligarquía conservadora y decía que la “economía debería estar al servicio del hombre”. Por eso decidieron callarlo un 9 de abril de 1948 y se perdió la esperanza de Colombia. Protestas como el bogotazo tienen sus raíces en el “yo no soy un hombre, soy un pueblo”, pero son alboroto temporal porque rápidamente nos convertimos en una leyenda, leyenda que mencionamos y no practicamos, haciendo honor a aquel adagio “predica pero no aplica”. Es que ser un servidor del pueblo tiene como consecuencia obtener una cuna de cajón, donde se guarda reposo y esta vez por siempre.

Gaitán es el primer ejemplo de muchos. Hablemos ahora de Jaime Pardo Leal, hijo de campesinos, que si de algo saben es de trabajar de sol a luna, si es el caso, para conseguir y satisfacer sus necesidades. Luego se graduó de Derecho en la Universidad Nacional y defendió a la clase obrera, esa que veía en sus padres, quienes se esforzaban para darle una oportunidad de progreso. Tal vez su error fue no cuestionar a aquellos que se alzaron en armas en forma de protesta contra el Estado Colombiano o a los que siempre han gobernado, Jaime no le temía a la muerte, sabía que la podría encontrar a la vuelta de la esquina. Una de sus frases célebres fue “… en consecuencia le hemos dicho al gobierno nacional que nos defina si tenemos el derecho a vivir o no en nuestro
país”. Estoy seguro que no hablaba de abandonar el país.

Pardo Leal hizo parte la Unión Patriótica, partido que nació por la implementación de los Acuerdos de La Uribe con las FARC, y fue candidato presidencial por ese partido en unas elecciones en las que obtuvo una escasa votación y Virgilio Barco ganó la presidencia (1986). SIn embargo, debido al crecimiento exponencial de la UP, decidieron acabar con su vida, a Jaime le dijeron que no tenía derecho a vivir en Colombia.

Luego del asesinato de Pardo Leal, la oposición colombiana depositó su esperanza de transformación en Bernardo Jaramillo Ossa, quien fue el candidato presidencial de la UP para las elecciones de 1990. Apasionado por la justicia, fue quien hizo más fuerza para una reforma en el agro colombiano, apoyó a las minorías étnicas e indígenas y estuvo siempre abierto al diálogo. Que curioso que cuando se tenga un buen discurso y se toque las tierras de “los de siempre” nos cueste “hasta la vida misma”, como muy bien decía él. Jaramillo Ossa ya sabía que le esperaba la muerte, querían acabar con la esperanza de un pueblo desfavorecido. La Unión Patriótica seguía en esa lucha a pesar de que ya habían acabado con la vida de dos de sus presidenciables.

También sucedieron masacres como la de Segovia, que acabaron con otros líderes del partido como Manuel Cepeda, José Antequera, Héctor Abad, etc., en lo que se denominó como “el baile rojo”. No les fue suficiente con exterminar a sus líderes sino que con ese aire de paz o el acuerdo logrado con grupos subversivos, impulsaron a las FARC de nuevo a empuñar las armas. ¿Será que les interesa a “los de siempre” la guerra?

Hechos indignantes como éstos no han dejado de suceder, se ha acabado con la vida de líderes como Álvaro Gómez Hurtado de quien se habla en estos días, Luis Carlos Galán, Alfredo Correia de Andreís, y Jaime Garzón, de quien debemos mantener presentes muchas de sus frases pero hay una en especial que no se puede dejar de mencionar: “¡Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvárselos, nadie!”. Por eso los jóvenes debemos responsabilizarnos del rumbo del país, debemos convocar una gran Coalición Colombia Joven y Renovada y desde ya ir construyendo “El Gran cambio”, y por qué no, honrar un partido con uno de estos nombres que han sido silenciados, pero que ha quedado en la cabeza de quienes no los hemos olvidado.

Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla, dicen muchos, por eso en Colombia siempre han gobernado los mismos. Pero en estas elecciones presidenciales debemos elegir un cambio innegable y escoger a un presidente que no sea de la maquinaria, porque a ellos solo les interesarán los de siempre, legislarán para los de siempre. Debemos repensar la democracia en Colombia para que aquellos que están para servirnos, es decir, nuestros gobernantes, tengan la capacidad de gobernar para todos y no para los mismos. Repetir la historia sería clavar una DE al país: el voto debe ser bien usado y convertirse en el arma más poderosa hacia la construcción de una paz con verdadera justicia social sin distingo de clases, porque aquí estamos todos y cabemos todos.

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