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La manipulación perversa de Facebook: Zuckerberg Encadenado

La manipulación perversa de :

Por Alexander Quiñones Moncaleano

Foto: nytimes.com

Desde hace un tiempo hemos venido escuchando que influyó en la elección de y, más recientemente, que ha estado detrás de la “independencia de Cataluña” para influir en la estabilidad de la Unión Europea. Se afirma que todo esto se ha llevado a cabo a través de Facebook y Twitter, las redes sociales más importantes en este momento.

Según algunos investigadores el punto de inicio de este avasallante manejo
de opinión por parte de Facebook se produjo en el 2010. Facebook te ponía
un mensaje en tu muro que te mostraba cuáles de tus amistades ya habían votado para las elecciones legislativas estadounideses; la no despreciable
cifra de 60 millones de votantes vio el señuelo de la red social. Analizando datos de sus usuarios con el registro de votantes, Facebook calculó que fueron a votar 340 mil personas que posiblemente se hubiesen quedado en casa si no hubieran visto en su muro que sus amigos ya habían ido a las urnas.

El propio Facebook hizo pública la historia a través de sus científicos en
un artículo publicado en la revista Nature, especializada en ciencia. Para Facebook esto fue un experimento político que les reportó la extraordinaria
cifra de 9000 millones de dólares.

En el momento en que se le preguntó a Marc Zuckerberg si Facebook había sido
determinante en la elección de Donald Trump, dijo que pensar esto sería una
total locura y muy improbable. Pero al mismo tiempo se jactaba de que su red social es una herramienta de éxito político total, adjudicándose para sí la victoria de los legisladores estadounidenses o la mayoría absoluta de los conservadores
británicos de 2015.

Quieran aceptarlo o no, las redes sociales como Facebbok, Twitter, YouTube o Google, son esenciales a la hora del éxito de una campaña política. Tanto así que el equipo de Trump aceptó sin sonrojarse que llegaron a la Casa
Blanca a lomo de las redes sociales. Y tenían en el cuartel republicano a
miembros de Facebook, Twitter, y Google asesorándolos para que la atención en sus redes también llegara en forma de mensajes casi personalizados. Pagando de 70 a 80 millones de dólares
puedes recibir esta atención preferencial.

No obstante, falta mucha información por obtener y Zuckerberg no está dispuesto a soltarla así nada más. Hace poco le tocó admitir que sí se había recibido dinero por medio de cuentas falsas desde Rusia que promovían la llegada de Trump a la presidencia y que estos 100 mil dólares permitieron llegar a 10 millones de electores. Pero aceptaron esto solo por la presión de la
opinión pública y el Congreso de los . Hay muchas voces de crítica que aseguran que esta cifra que dio Zuckerberg está lejos de ser la real. Voces como la del académico de la Universidad de Columbia, Jonathan Albright. Para este profesor lo más preocupante es la respuesta de Facebook: cerrar toda la información o mejor cerrar el acceso para que se pueda investigar qué puede pasar y qué está pasando. El
especialista alzó la voz pero quedó detenido por el muro de silencio que
está propiciando Facebook al respecto. Cerraron la puerta y tiraron la
llave para que ningún otro investigador pudiera llegar a hacer cálculos
como los pudo hacer él antes de que Facebook se replegara sobre sí misma para que no pueda salir más información. Las cifras de Albright son otras: según él podrían ser el doble de las dadas por Facebbok.

Hay muchos académicos estudiando este fenómeno y tratando de entender cómo funciona el potente algoritmo de Facebook para poder tener reglas claras
al respecto. Facebook no va a dar fácilmente su información pues sabe que detrás está el negocio, es pura economía de la información: “Es
imprescindible que haya un proceso de supervisión de estos algoritmos para
mitigar su impacto. Y necesitamos más investigación para conocer su
influencia”, reclama Gemma Galdon, especialista en el impacto social de la
tecnología y directora de Eticas. Galdon señala que han coincidido muchos
fenómenos en el tiempo, como el efecto burbuja de las redes (al aislarte de
opiniones distintas), el malestar social generalizado, la escala brutal en
la que actúan estas plataformas, la opacidad de los algoritmos y la
desaparición de la confianza en los medios, que al juntarse han generado
“un desastre bastante importante”. Esteban Moro, que
actualmente trabaja en el Media Lab del MIT, coincide en que “muchas de estas
cosas que están pasando en la sociedad tienen que ver con lo que sucede en
estas redes” y apunta un dato: “Es el único sitio en el que se informa el
40% de los estadounidenses, que pasan allí tres horas al día”.

Estamos lejos de llegar a una solución: “No sabemos hasta qué punto
está diseñado para reforzar ese tipo de comportamientos”, señala Moro en
referencia a la difusión de desinformación políticamente interesada.
“Sus algoritmos están optimizados para favorecer la difusión de publicidad.
Corregirlo para evitar la propagación de desinformación va en contra del
negocio”, explica Moro.

Esperemos que las autoridades encargadas y las instituciones académicas encuentren una manera de ponerle control a estas redes sociales que tienen un poder que ni siquieramos alcanzamos a dimensionar y que se ha insertado en tantas esferas de la sociedad que se podría pensar en una seria amenaza social y
política.

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